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762 m
575 m
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2,1
4,2
8,38 km

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cerca de Herrán, Castilla y León (España)

Desfiladero del río Purón, desde Herrán (Burgos) hasta el despoblado de Ribera (Álava) y vuelta por el mismo lugar.


Comenzamos la ruta en la localidad de Herrán, perteneciente a la provincia de Burgos, dejando nuestro vehículo en el aparcamiento habilitado a la entrada de la localidad. Existe la posibilidad de dejarlo en el otro extremo del pueblo, en el arcén de una carretera, ahorrando 500 metros (1 kilómetro entre ida y vuelta), pero merece la pena recorrer el pueblo caminando, ya que se trata de una localidad de carácter medieval, muy bonita e interesante.

Tras pasar el pueblo continuamos recto, pasando junto a un antiguo lavadero, un traída de aguas y un viejo molino. Entramos ya en pista de grava y la seguimos sin perdida hasta encontrarnos con una vaya de madera, a un kilómetro aproximadamente. Cruzamos la vaya y seguimos la senda marcada, que ya se va estrechando. Tenemos el río más cerca de nosotros.

Continuamos caminando hasta un cruce perfectamente señalizado por un poste con letreros que nos indican las diferentes opciones. Hemos de seguir en dirección a "Ribera". Si nos fijamos, a nuestra izquierda veremos una pequeña cascada, llamada "El chorro" y nos encontraremos envuelto par las paredes rocosas de las montañas.

En pocos metros nos introducimos en una zona de arbolado y en el desfiladero propiamente dicho. Nos acercamos más al río y caminamos por el corte que este ha hecho en la roca con el paso de los años. Continuamos caminando por esta zona de gran vegetación, tan solo veremos un cruce de caminos en el cual hemos de tomar el de la derecha, caminamos hasta toparnos con una nueva vaya de madera que da paso a un prado abierto. Junto a la vaya un cartel nos insta a caminar por la senda marcada y es de recibo hacerle caso. Entramos en el prado y es fácil encontrar ganado pastando, un ganado que esta totalmente acostumbrado al paso de personas y no crea ningún inconveniente. A mitad del prado ya avistamos la iglesia del pueblo abandonado de Ribera y cuando llegamos al final del propio prado veremos el resto de ruinas.
Merece la pena subir hasta la iglesia y adentrarse en ella (no hay ningún problema a pesar de estar abandonada, incluso una jaula metálica protege a ambos, a la iglesia y a sus visitantes). En su interior destacan unas pinturas murales góticas.

A los pies del despoblado de Ribera hay un merendero donde reponer fuerzas si lo deseamos. Nosotros después de comer algo regresamos por el mismo lugar por el que vinimos, realizando pocas más de 8 kilómetros entre ida y vuelta.

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