Tiempo en movimiento  3 horas 38 minutos

Tiempo  5 horas 46 minutos

Coordenadas 2988

Fecha de subida 2 de diciembre de 2018

Fecha de realización diciembre 2018

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1.039 m
628 m
0
4,5
9,1
18,19 km

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cerca de Pancorbo, Castilla y León (España)

Pancorbo, situado en el entorno de los Montes Obarenes, en los que nace el río Oroncillo, que lo atraviesa, es un lugar de gran belleza paisajística. La población, de la que se tienen noticias desde al menos el año 957 (en un documento encontrado en San Millán de la Cogolla) estaba defendida hace siglos por el castillo altomedieval de Santa Marta, actualmente en ruinas.

La historia militar más reciente está ligada a la Fortaleza de Santa Engracia, levantada en 1794 en lo alto del monte, y ocupada por los franceses durante la Guerra de la Independencia, hasta que fueron derrotados y expulsados por las tropas españolas en 1813, aunque en 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis tomaron de nuevo el lugar y procedieron a su demolición.

Pancorbo es un nudo muy importante de comunicaciones desde la antigüedad. Por aquí pasaba en época romana la Vía Aquitana, y por sus cercanías pasaba también la calzada romana Ab Asturica Burdigalam. Por aquí pasa también el ferrocarril Madrid-Irún y el desfiladero es uno de los escasos pasos naturales entre el Norte y la Meseta, razón por la cual el lugar fue conocido como La Puerta de Castilla.

Sus desfiladeros son muy bellos, pero el objetivo de la ruta de hoy es subir al Fuerte Santa Engracia, conocido también como las Cuevas de los Moros y donde en época prehistórica hubo un castro defensivo, des del pueblo por el Cerro del Castillo, disfrutando de unas maravillosas vistas, seguiremos la ruta hasta la Ermita de San Mames.

La ruta comienza en la calle principal, subiendo hacia el antiguo Castillo de Santa María (hoy en ruina avanzada), donde paso a un estrecho y muy empinado sendero, por el que asciendo con rapidez, a veces con ayuda de las manos para trepar por las rocas, pero sin sensación de riesgo, para colocarme en la línea de una alineación rocosa que forma una cresta irregular bellísima, al tiempo que las vistas son cada vez más impresionantes. En un escaso km se suben los casi 400 metros de ascensión, y a continuación se accede a un sendero más tranquilo y ancho, y mucho menos empinado. Ahora toca seguir por la derecha para llegar a la entrada del fuerte, y desviarme a la derecha para recorrer toda su extensión, pasando por varios miradores con impresionantes vistas, y teniendo oportunidad de entrar en cuevas y restos de barracones usados durante su actividad como asentamiento militar. Des de la Fuente de Santa Engracia nos dirigimos, San Roque y Cuevas de Pancorbo 1009m, pasamos por el Castillete. Desde el Parquin cogemos la portillera de la derecha para subir por una empinada senda de cabras, que subiremos en zigzag entre rocas y rodales de carrascos hasta llegar Vallehermoso, que nos cruzamos con una docena de caballos rosinos, seguimos el portillo hasta cruzar una alambrada, cogemos el camino de la izquierda y 200 m a la derecha para subir a Nava Encimera 1019 m, seguimos hasta el Portillo de Fuente Espina siguiendo el camino de la derecha bordeando la colina, observamos a nuestra derecha el pueblo de los Obarenes hasta encontrar un cruce de camino que nosotros dejamos y nos tiramos por un fuerte descenso por debajo de la línea de Alta Tensión, para alcanzar el camino de Los Paúle que seguiremos a nuestra derecha hasta una portillera cerrada pero habilitado un paso de madera, seguimos el camino de la derecha hasta la altura del PR que nos llevara a la Ermita de San Mames, seguidamente bajamos por la vaguada a coger el camino Majada Vieja de Carrasalineros hasta el depósito de aguas descendemos por la pista de hormigón hasta Pancorbo un paseo por sus calle y fin de trayecto.
El castillo de Santa Marta, también llamado castillo de Pancorbo o La Sala, es un castillo construido en el siglo IX en una cresta rocosa sobre el municipio de Pancorbo, provincia de Burgos. En la actualidad apenas quedan unas cuantas ruinas visibles de su estructura original, destacando un puente entre las peñas.
Pancorbo debe su nombre al desfiladero, que ofrece unas condiciones inmejorables para la defensa y el emplazamiento de fortalezas. En un primer lugar se encuentra el castillo de Santa Marta, conocido como La Sala, y en el nivel más elevado la fortaleza de Santa Engracia. En La Sala de Santa Marta hubo, incluso antes de época romana, alguna construcción. Tras la invasión árabe de la península fue uno de los primeros lugares en fortificarse. Su dominio significaba tener la llave del desfiladero, pero fue muy poco el tiempo que los musulmanes permanecieron en estas tierras. El castillo fue reconstruido en el siglo IX por los cristianos, manteniendo valor estratégico hasta bien entrado el siglo XIX. Castellanos y navarros se lo disputaron. En la Baja Edad Media perteneció al concejo de la ciudad de Burgos, a cuyo señorío perteneció la villa desde 1380. El conde de Salinas, don Diego Gómez de Sarmiento, se hizo con Miranda y Pancorbo, manteniendo ésta última fortaleza bajo su mando durante las primeras décadas del siglo XVI. Un autor francés hizo una descripción del castillo: Tiene una peña que domina el lugar, tan eminente que parece inaccesible y sobre ella ha fundado un castillo inexpugnable, que tendrá veinte pasos de ancho y ciento cincuenta de largo y para subir a él están los escalones hechos en la misma roca, que es necesario subir trepando a él. En otra peña inmediata que está cerrada tiene artillería; más abajo tenía cerca y contracerca y después otra muy grande que hacía media luna. El castillo se mantuvo en pie hasta comienzos del siglo XIX, cuando fue quemado por los enemigos de Isabel II durante la I Guerra Carlista.
La fortaleza de Santa Engracia era un fuerte de campaña destinado a la defensa del importante paso del desfiladero de Pancorbo
Recorrer un campo de batalla no es difícil en la zona norte de la provincia, pues ha sido escenario de luchas armadas desde el principio de la historia. No obstante, resulta complicado concentrar en un solo punto enfrentamientos bélicos, bien documentados y relativamente próximos en el tiempo, que permitan hacerse una idea de la dureza de aquellos combates. Por ello, la fortaleza de Santa Engracia, en Pancorbo, es un lugar único que permite visitar uno de los lugares en los que, en un lapso de un cuarto de siglo, se libraron tres guerras europeas consecutivas. La historia de la fortaleza comenzó con la Guerra de la Convención, que determino su construcción en 1794 jugando un papel importante pese a encontrarse aún en fase de construcción tras la invasión francesa que llegó a tomar la villa de Miranda de Ebro. Pese a la paz alcanzada en este conflicto, la construcción siguió adelante -debido a su importancia estratégica- hasta su conclusión en el año 1797. El trabajo fue extremadamente duro y requirió la participación de 1.455 obreros, 100 mulas y 20 carros bajo la dirección del ingeniero jefe Fermín de Rueda. Una vez terminado, el complejo defensivo contaba con capacidad para 3.575 personas, espacios para hospitales, almacén de ropa, cocina, despensa, polvorines y aljibes para el agua necesaria para la guarnición. La tropa estaba formada -al estilo del siglo XVIII- por voluntarios y por quintas escogiendo un hombre de cada cinco en cada pueblo. Pero también había levas entre vagabundos, todos ellos bajo el mando de un cuerpo de oficiales. Según se desarrollaban las luchas, en una época convulsa, los soldados que ocuparon la fortaleza cambiaron y la guarnición española fue expulsada por las tropas napoleónicas que la asaltaron en marzo de 1808. La presencia gala se mantuvo firme durante cinco años, ya que fue una posición clave para cubrir la retirada del ejército francés tras las derrotas de la Guerra de la Independencia. Por tanto, no fue hasta el 30 de junio de 1813 cuando fue tomada al asalto por las tropas de Wellington tras un intenso bombardeo con cañones, obuses y morteros que dañó la construcción y dejó apenas 700 supervivientes de la guarnición francesa. La paz reinó sobre el campo de batalla pancorbino durante cierto periodo de tiempo, ya que el rey Fernando VII decidió no repararla tras su regreso al trono de España. La situación cambió con la llegada del Trienio Liberal, que lo convirtió en un baluarte militar contra el absolutismo que resistió una nueva invasión francesa, los 100.000 Hijos de San Luis, cuyas tropas la tomaron nuevamente al asalto en 1823. Los altos costes en vidas y material bélico que suponía la toma de este rocoso enclave llevó a la decisión de que los zapadores la volaran para impedir su uso militar futuro. Resulta curioso que la fecha de destrucción de uno de los reductos liberales más sólidos por fuerzas extranjeras en Castilla fuera el 23 de abril de 1823. Los trabajos de recuperación ejecutados en la fortaleza permiten recorrerla hoy en día prácticamente en su totalidad, como el Frente de San Carlos con la Batería de San Fermín, Revellin y la Terraza de Santa Orosia. De igual forma, por las pasarelas se accede al cuerpo principal de Santa Engracia que da salida a los fuertes externos de San Luis y Cruz salvándose los profundos fosos diseñados para frenar el avance de los asaltantes, que conforman el sistema defensivo. Un sencillo vistazo a los muros que se mantienen intactos en las laderas permiten observar los daños de los proyectiles artilleros en los distintos ataques sufridos. En el recorrido, se localizan paneles informativos en los que se detalla el aspecto original de la fortaleza y las armas utilizadas en los combates. El número de muertos en los 25 años de funcionamiento militar operativo de Santa Engracia resulta muy difícil de concretar. Sin embargo, tras el recorrido, queda claro que no había escapatoria en los ataques y que en los bombardeos artilleros tan solo las cuevas ofrecían algo de protección.
La Ermita de San Mamés se encuentra situada unos 4km al Norte de Pancorbo, próxima a los denominados Corrales de los Paúles. Por su parte septentrional el montículo presenta cuevas naturales unas, artificiales otras, utilizadas como moradas por los primitivos eremitas desde el siglo V. Fue en sus inicios un importante centro de vida monacal que arranca de los mozárabes, entroncado con el Monasterio de Santa María de Valpuesta, pero posteriormente se trasladó este cenobio primitivo al monasterio de Santa María de Obarenes. Se mantuvo como ermita hasta el siglo XVIII, hasta que sufrió un desolador incendio en 1767. Los restos consisten en el ábside de la iglesia, estilizado semicírculo en cuya zona central destaca una ventana saetera trilobulada, del cual arrancan parte de los muros de los que fue el presbiterio y la pequeña nave que configuraban este templo; posiblemente los pies del mismo estuvieran formados por dos amplios eremitorios, uno de los cuales constan de dos tumbas en su interior. En el roquedo donde estos se encuentran tallados, en su reducida e irregular plataforma superior, se instala la necrópolis, formada por al menos quince tumbas excavadas en la toba, la mayoría con forma de bañera y, al menos una, antropomorfa.

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