Coordenadas 1448

Fecha de subida 28 de abril de 2016

Fecha de realización abril 2016

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1.193 m
887 m
0
6,9
14
27,79 km

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cerca de Hortigüela, Castilla y León (España)

Este año 2016 el invierno entró en febrero y todavía no quiere dar paso a la primavera. Esta última semana, por ejemplo, ha llovido como el día que enterraron a Picio (que el ataúd era de plomo y flotaba) y por eso están las fuentes, los arroyos y los rios embravecidos. Comenzamos a las 9 con 6 grados y al terminar cerca de las 3 de la tarde quizá no hubiera más que 10 grados... ¡estupendo para caminar!

Se trata de visitar los sabinales de Hortigüela, los monumentos de Covarrubias y las carboneras de Retuerta, amén de San Pedro de Arlanza. Casi nada para un domingo de abril.

¡Ah! y también se trata de que mi compañero se entrene, porque el fin de semana que viene se hace los "101 Peregrinos", y eso son palabras mayores. Hay que llevar el cuerpo y el ánimo preparados o no se llega a la meta de Ponferrada.

En fin, con estas nada cotidianas preocupaciones nos subimos al monte para ver pasar los 11 km de sabinales que separan Hotigüela y Covarrubias. A la izquierda las sabinas (bueno, también hay otras variedades de Juniperus), que a la derecha se mezclan con otros árboles y arbustos propios de estos terrenos tan fríos. Las sabinas parecen frágiles, pero son capaces de resisitir las sequías y las canículas de por estos pagos. Lástima que queden tan pocas en la meseta: son de lo poco autóctono que podemos ver. El paisaje hacía el sur, impresionante por la vega del Arlanza y por las colinas que se alzan sobre la margen izquierda del río.

En Covarrubias no hay que ir a ver nada especial, lo que quiere decir que hay que verlo todo, rincón por rincón. El pueblo, con sus casas de pilares y estructuras de madera, es un museo de arquitectura y estilo. El primer piso de las viviendas tiene paredes de piedra y los demás, para que sean más fáciles de soportar, de adobe. Así hemos vividos muchos siglos: abajo los animales y arriba las personas. No se si era higiénico, pero ahorraba una parte del gas de la calefacción. En todo caso entramos en la Colegiata, y un monagillo con cara de lunes nos dijo que no nos podía abrir para ver las pinturas hasta la visita de las 13 h, así que nos echamos un café en el bar más próximo y nos fuímos a ver el paseo del río ( sonaba como si fuera un aprendiz de Iguazú).

Quien quiera saber más del bonito pueblo de Covarrubias, que visite la página del municipio, con informaciòn sobre horarios para que no le den con la puerta en las narices como a nosotros: http://www.covarrubias.es/turismo-y-ocio

Cruzamos el puente sobre el Arlanza y tomamos el camino paralelo al río, que pasa primero por las cuevas del vino (antiguas bodegas), a la izquierda. Tras un pequeño trecho se abandona la ribera y comienza un ascenso, pero el paisaje se vuelve suave, menos pedregoso y más cultivable: hay viñas, almendros y hasta frutales que tienen las flores ateridas de frío este domingo. Unos 5 km hasta Retuerta. En el camino, desde el que se puede ver el río con perspectiva, nos pasan unos jinetes que deben de hacer la misma excursión que nosotros pero en plan de caballero señorito.

En Retuerta nos dijeron que como ha llovido mucho no habrá muchas carboneras. Pero pudimos visitar un par de ellas. El carbón de encina se obtiene de leña de montes municipales: el alcalde cobra un poco por la corta de la leña y los paisanos redondean sus ingresos cuando la transforman en carbón vegetal que nutre los fogones y barbacoas de los restarurantes de Castilla, Navarra, La Rioja y el País Vasco. Es bonito ver que un oficio antiguo todavía da de sí. Que por muchos años sea.

Las rimeras de leña son impresionantes. Quince o veinte toneladas de troncos que rinden en la cuarta parte de carbón vegetal. Hay que vigilarlas durante dos o tres semanas porque la combustión interna es muy lenta, y luego hay que llenar sacos para que se lo lleven los clientes.

Bueno, vamos abreviando que llega la hora de comer (no os había dicho que habíamos venido, en realidad, a comer en Barbadillo del Mercado, con la excusa de visitar estos pueblos). Nos costó dejar a los paisanos de Retuerta que, como buenos burgaleses, hablaban por los codos cuando se les da cuartel y preguntan tano o más de lo se les pregunta a ellos. Entre Retuerta y Hortigüela se va por la carretera, para visitar el Monasterio de San Pedro de Arlanza, al que el río besa los pies y este año casi hasta le baña los pinrreles. El Monasterio sí estaba abierto, y pudimos ver sus claustros, sus edificios y su iglesia (bueno, lo que queda del templo porque está en las purititas paredes). Por si alguien quiere conocer sobre los orígenes de Castilla, ahora que estamos en los finales de tan digno empeño fernangonzalino, dejo a continuación el enlace a la ficha de Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Monasterio_de_San_Pedro_de_Arlanza

El aficionado a las marchas sabe que caminar por la carretera es casi lo peor que a uno le puede pasar, pero en este caso recorrer el inmenso desfiladero tallado por el Arlanza tuvo su recompensa en la contemplación de las docenas de buitres que anidaban en las paredes del margen izquierdo del rio, el opuesto a la carretera. Contemplarlos en la distancia y en sus atalayas o volando me dejaban más tranquilo: no es que sean peligrosos, pero esa misma mañana temprano, antes de llegar a Hortigüela, me encontré con tres o cuatro cruzando torpemente la carretera, y tuve que frenar bruscamente para no atropellarlos. Me parecieron enormes arrastrando las alas por el asfalto, sin poder despegar porque quizá se habían atiborrado desayunándose algún bicho muerto, o quizá porque eran demasiado grandes y viejos como para impulsarse y volar en tan poco espacio.

Unos cientos de metros antes de terminar nos encontramos a una pareja buscando setas, y les preguntamos qué llevaban. Eran bonetes, que se cuecen un par de veces, se tira el agua y luego sirven para hacer el apaño. Hay una foto por si alguno los reconoce. Nuestros gentiles informantes habían llenado una bolsa que tendría más de un kilo de setas, rebuscando a la vera del río.

Como os he creado la necesidad de saber cómo terminó la mañana, ya os informo que, entre otras delicatessen, mi compañero se metió entre pecho y espalda, para la comida, una media fuente de alubias pintas y yo, para no ser menos, me zampé un plato de manitas de cordero con callos. Casi una treintena de km dan para comerse una vaca entera, y si no probad a hacer lo mismo.

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Aquí mi compa con el Narci, todo un poema de paisano de Retuerta

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