Tiempo  10 horas 20 minutos

Coordenadas 2156

Fecha de subida 1 de noviembre de 2015

Fecha de realización octubre 2015

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1.568 m
635 m
0
7,4
15
29,45 km

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cerca de Casa de las Tablas, Andalucía (España)

Después de investigar los mapas e Internet (gracias, entre otras fuentes, a http://ubedatrekking.blogspot.com.es/2013/09/ruta-44-los-bonales-las-grajas-los.html), decidimos abrir ruta con este alpargatazo inmisericorde el último día de octubre. La ruta es dura por la distancia y los desniveles que se salvan para subir desde la pista del Aguasmulas hasta la de Majal Alto y para descender de la Tiná de las Hoyas a La Fresnedilla, sobre todo. La dificultad para orientarse en algunos tramos tampoco es desdeñable. No obstante, la belleza de los parajes y de los cortijos y las aldeas que se visitan en la ruta hacen que el esfuerzo merezca la pena, sin ninguna duda.

Partimos desde el cruce de la pista del Tranco con la del Aguasmulas, donde dejamos el vehículo. Los primeros kilómetros son sencillos (se puede cargar agua en la fuente de la casa forestal de Los Bonales), hasta que alcanzamos el cruce con el Arroyo del Hombre. Giramos a la izquierda por una pista bien marcada que termina y deja paso a una vereda que asciende notablemente hasta el Cortijo del Tío Ratón. Este lugar es increíble, pues imaginar cómo sería la vida de sus habitantes en las casas-cueva es un ejercicio difícil para personas de nuestro siglo.

Continuamos la subida por la vereda de la izquierda, hacia un pino marcado con una banda blanca (OJO, en el track agarramos la vereda de la derecha por error y tuvimos que atrochar por una semivereda nada recomendable) y, tras un repecho que nos hará sudar bien, enganchamos una vereda más ancha y cómoda que nos lleva en pocos minutos al Cortijo de las Grajas, completamente en ruinas. Las vistas del Banderillas son magníficas en este emplazamiento.

Continuamos por la vereda bien marcada que hay frente a las ruinas del cortijo, con una subida notable que nos va llevando a una cerrada entre altas paredes verticales. Cuando la vereda empieza a estar menos clara, vemos enfrente las impresionantes Cuevas de Las Grajas. En lugar de intentar bajar a las bravas, es más recomendable remontar por encima del espolón rocoso para poder hacer un descenso más cómodo hacia el río (dejando las mochilas arriba, es una tontería llevarlas). Cruzar el río y subir a las cuevas (no marcado en el track, dejamos el GPS arriba) es una aventurilla, puesto que los desprendimientos han hecho el lugar bastante inaccesible. El esfuerzo, empero, merece la pena, puesto que esta reliquia etnológica es alucinante.

Volvemos a por las mochilas y emprendemos un subidón tremendo por una serie de curvas de herradura parcialmente perdidas por falta de uso, alternando los pasos cómodos con las veredas casi verticales de los herbívoros. Cuando el resuello empieza a faltar, la vereda se allana y, superado el obstáculo de la cerrada donde se sitúan las cuevas, tiende a llanear e incluso bajar hasta alcanzar el cauce del río, sin llegar a cruzarlo. Los simpáticos jabalíes que hozan el suelo y los pinos de repoblación hacen que seguir la vereda sea por momentos difícil, pero el sentido de la marcha está bien claro. Finalmente, alcanzamos las terrazas de los Huertos Nuevos.

Ignorando el camino fácil de atravesar las terrazas, tomamos el barranco de nuestra izquierda y lo remontamos (hay que cruzarlo un par de veces) por una vereda a tramos confusa. Al llegar a un punto en que el arroyo se divide, encontramos una vereda bien marcada que asciende claramente por la margen derecha del arroyo izquierdo. Remontamos la vereda y alcanzamos una zona de pinos jóvenes que invaden lo que otrora fueron terrazas cultivadas. Acabamos de subir y cruzamos los pinillos paralelos que hay en una gran zona llana, dirigiéndonos a un chopo que sobresale entre los pinos. Un poco más adelante, nos topamos con la pista que baja desde Majal Alto hacia Canalejas y Centenares.

Seguimos la pista hasta Canalejas, donde podemos reponer agua en la fuente del lavadero. Al llegar al cementerio, bajamos hasta la puerta y vemos una vereda bien marcada que se adentra en los pinos tras cruzar el arroyo que hay bajo el cementerio. Seguimos la vereda para evitar el gran rodeo que da la pista forestal y la interceptamos de nuevo (tras una dura subida) justo a la altura del mirador de Centenares. Sólo esta vista de la única aldea del recorrido que conserva casas habitables hace que la excursión merezca la pena.

Descendemos hasta Centenares por donde más nos plazca y disfrutamos del paseo por sus casas, casi todas en ruinas. Podemos recargar agua en la fuente que los dueños de la casa con un patio vallado (por favor, cerrar siempre las puertas si las usamos) ponen a disposición de los senderistas. Nuestro camino sigue en dirección sur, aunque bien merece la pena rodear la aldea y acercarse a sus eras, especialmente la que hay al sureste, con vistas al valle del Barranco del Lobo y la aldea de El Miravete.

Tomamos la vereda que asciende por el pinar en dirección sur, marcada con hitos. Subimos hasta interceptar de nuevo la pista forestal que va a morir al Prao de la Peguera y la seguimos unos cientos de metros, hasta encontrar un hito que marca la entrada de una vereda a mano izquierda que llanea hacia un arroyuelo. Tomamos la vereda y entramos de nuevo en un pinar. La vereda asciende suavemente hasta salir de los pinos y ofrecernos una vista impresionante del Prao de la Peguera y las sierras que le sirven de telón de fondo. Continuamos ascendiendo por una zona pedregosa de gran belleza hasta el Collado de los Frailes, el punto más alto de la ruta.

Unos cientos de metros más abajo, vemos balizas del GR-7 y el GR-247. Tomamos el ramal derecho y descendemos hasta la Hoya de la Albardía, otro paraje serrano inolvidable, especialmente en otoño. Tras curiosear los cortijos abandonados, seguimos por la vega hasta alcanzar en suave ascensión la Tiná de las Hoyas. La vista del valle del Aguasmulas que se abre a nuestros pies es impresionante y, pensando en lo que vamos a bajar, escalofriante. Las moles del Banderillas, a la izqueirda, y el Castellon de los Toros, a la derecha, enmarcan el vertiginoso valle qeu el Aguasmulas ha tallado a lo largo de los siglos.

Bajamos sin cesar por una vereda bien marcada y balizada con tramos exigentes para las rodillas hasta alcanzar los cortijos de La Fresnedilla y encontrar la pista forestal que asciende hasta ellos. Desde este punto, nos separan del punto de inicio de la ruta nueve cómodos pero interminables kilómetros.
Aunque el terreno no parezca tan malo para ir desde este punto a las cuevas, damos fe de que es mejor vencer la tentación y ascender por la vereda hasta encontrar un camino de bajada mejor.
Inicio del jorro que nos permitirá adentarnos en el Arroyo del Hombre y subir al Cortijo del Tío Ratón y Las Grajas. Dado que es la primera pista que encontramos a la izquierda, es inconfundible.
Ignoramos el camino que baja hacia la derecha y continuamos ascendiendo.
Bajada menos mala al río que debemos atravesar si queremos visitar las cuevas. Aunque es pendiente, el terreno es algo más cómodo. Ojo con la subida y la bajada a las cuevas, el terreno es inestable, las botas se han mojado en el río y una caída puede ser muy problemática en un lugar tan apartado.
Los frailes de piedra contemplan el ancho valle que baja hacia la Hoya de la Albardía, con el Banderillas de fondo.

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta