Tiempo  7 horas 17 minutos

Coordenadas 1327

Fecha de subida 18 de julio de 2017

Fecha de realización julio 2017

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1.364 m
768 m
0
3,3
6,5
13,08 km

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cerca de Isaba, Navarra (España)



Marcha realizada el viernes 14 de julio de 2017
Hoy hemos querido ver el estado de los bosques del Valle del Roncal, y para ello hemos empezado la caminata en el pueblo de Isaba para llegar hasta el de Uztarroz. Salimos por la parte sur de Isaba, y tras caminar unos metros por la carretera Na-137 se deja por la derecha, para rápidamente cruzar el río Esca.

Un poste informativo señaliza las diferentes opciones, que por la derecha y siguiendo el GR se encamina hacia la ermita de Idoia, para acabar conectando con la misma senda que nosotros seguiremos, tras comprobar la inexistencia de un mirador, que aunque anunciado también en euskera como al begiratokia, sin embargo al final resultó inexistente. Y todo ello, tras recorrer más de un kilómetro de ida por el camino de la Solana, hasta que al llegar al arroyo sin agua del mismo nombre y a un centenario roble, dicho camino desaparece sin dejar rastro. A destacar que buena parte de este sendero se encuentra en un estado de semiabandono, por ser un tanto indulgente con el mismo, pues la vegetación que lo inunda, formada por zarzas, aliagas, boj, etc., y los árboles caídos sobre el mismo, casi lo convierten en una pista americana. Y encima, ni al final había mirador, ni pudimos enlazar con el de subida hasta el collado, como así reflejaba el Topopirineos, ya que dicho camino desaparecía sin decir adiós. De ahí que tuvimos que desandar lo andado, para en el cruce inicial que citábamos, subir de frente por el camino que marcado en rojo y azul, se supone que se dirigía hacia el pueblo de Uztarroz. Y digo se supone, puesto que ni el folleto de senderos que compramos, ni el propio Topopirineos, dibujaban el trazado real del mismo, y mucho menos los kilómetros, que según dicha guía de senderos era de unos seis kilómetros y medio, ni los postes informativos del propio camino, que casi al principio anunciaban siete kilómetros y medio; cuando al final los kilómetros reflejados en el gps, se encontraban más cerca de los once que de los anunciados en el folleto de senderos, que por un euro vendían en el centro de interpretación de Isaba, o de los que reflejaba el poste a la salida del mismo pueblo. Retomado el camino, las primeras pendientes parecen estar más despejadas que el que seguimos hasta “el mirador”, lo que no suponía que fuera a estar totalmente despejado, ya que hasta el cruce con el GR que venía desde la ermita de Idoia, aún nos habremos encontrado tramos bastante tapados por la vegetación. A partir de dicho cruce, señalizado con postes y letreros, el camino de marcas rojas y azules coincide con el de rojas y blancas que nos indica que hasta el collado de Saitsaderra iremos por el GR 11, que tras poco más de medio kilómetro, tendremos que volver a dejarlo, para haciendo una cerrada zeta a la derecha, continuar camino a Uztarroz. En dicho collado, nos hemos encontrado un par de grupos que venían de frente por dicho GR, y que según nos han dicho venían desde Ochagavía (Selva de Irati) para pernoctar en el albergue de Isaba. Nosotros hemos cambiado de ladera y de arbolado, ya que los robles y hayas que traíamos hasta aquí, han pasado a convertirse fundamentalmente en pinos y en suelo cubierto por muchas partes por helechos. Y cuando digo por muchas partes, hay que tomarlo al pie de la letra, ya que en las amplias zetas que irá describiendo este tramo de camino de bajada hasta Uztarroz, los helechos en demasiadas zonas tapará por completo un camino, que por momentos se desdibuja, para volverse a perfilar más adelante. El caso es que, tras los más de tres kilómetros y medio desde el pueblo hasta el citado collado, aún nos quedan cerca de siete kilómetros para llegar hasta Uztarroz, en los que haremos un primer tramo recto de bajada, para a continuación enlazar diez zetas, que como se decía, empiezan siendo muy amplias, para irse suavizando conforme te acercas a la población. A destacar, que cuando el camino se empieza a despejar y volver más recto, un par de tramos hay que pasarlos con algo más de cuidado, pues los deslizamientos de tierra y desprendimientos han borrado prácticamente del todo un camino, que según un paisano de Uztarroz, se produjo hace siete años, sin que nadie parezca quererse entender del asunto. Al final, hemos tenido la extraña sensación de que ni los que editan las guías de senderos de la zona se patean el terreno, ni tampoco comprueban el estado de dichos caminos los que tengan las competencias para dejar un buen sabor de boca a los que no somos de la zona, pero que habiendo pateado otros valles del Pirineo, hemos visto un mayor celo y cuidado por su entorno natural.

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