Tiempo en movimiento  2 horas 42 minutos

Tiempo  3 horas 53 minutos

Coordenadas 1103

Fecha de subida 17 de junio de 2019

Fecha de realización junio 2019

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930 m
656 m
0
2,1
4,3
8,58 km

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cerca de Escolta, Andalucía (España)

Aprovechando nuestra estancia en el Balneario de Lanjarón y con el fin de conocer sus alrededores, decido hacer esta ruta en solitario.
Inicio la marcha desde el mismo hotel y me dirijo hacia la plaza del Ayuntamiento, punto en el que están los carteles indicadores de la ruta. Por el camino voy ubicando y fotografiando las fuentes, que aquí se llaman pilares, todos de agua potable y con poemas relacionados con el agua, en su mayoría de Federico García Lorca, poeta que "tomaba las agua" con asiduidad en esta Localidad.
Desde la plaza del Ayuntamiento parte la calle Hondillo, que atraviesa el antiguo barrio del mismo nombre, preciosa calle adornadas de numerosas macetas, donde se pueden apreciar varios tinaos. Estas típicas construcciones servian antiguamente para que el ganado de labor tuviese acceso a sus cuadras, una vez desaparecidos estos animales, en la actualidad se les han dado otros usos, habiendo algunos realmente originales.
Una vez que dejamos el pueblo, caminamos por sendas que comunican bancales y construcciones abandonadas, lo que en su día eran huertas tradicionales, con abundantes castaños, higueras y sus aguas cristalinas que corren en todas direcciones.
Una vez en la Acequia Aceituno, se camina sobre ella un tramo y a su lado en otros, casi siempre protegido del sol por la abundante vegetación, y en buenos tramos con las excepcionales vistas que nos ofrece el barranco del rio Lanjarón.
Una vez visitada y fotografiada la alberca del Aceituno, desde donde se inicia la acequia del mismo nombre, se inicia la subida más fuerte, que tras un tramo de camino de hormigón, se llega hasta el área recreativa de la Huerta de las Monjas, bonito lugar con inmensos castaños, donde me refresco en su fuente de agua cristalina.
A continuación se llega a la Acequia Cecarta, el sendero transita ahora aguas abajo, primero por su izquierda y posteriormente a su derecha hasta que desemboca en una vereda empedrada para herraduras. A partir de aquí la pendiente en descenso aumenta y se multiplican los accesos a cortijos, bancales y parcelas de recreo. Aunque es imposible perderse porque la situación de Lanjarón es clara, si es bastante fácil coger la vereda, sendero o camino equivocado, que te obliga a corregir el sentido de la marcha sin más consecuencia, a mí me ocurrió en dos ocasiones, aunque como queda dicho sin problemas.
En resumen, bonita y refrescante ruta que te permite hacer ejercicio, a la vez que te invita a reflexionar, por lo menos en mi caso lo hizo, sobre como era de dura la vida de los habitantes de la zona en tiempos pasados. Con casas tradicionales y humildes, construidas con material de la zona, que aunque no les proporcionaba grandes comodidades, si les servía de protección y disponían de todo lo estrictamente necesario para subsistir, como era el agua, la huerta. arboles de frutos no perecederos, como el castaño y el almendro, disponiendo además de algún que otro animal doméstico, que les proporcionaba ayuda en el trabajo, leche y carne. En fin, un buen sitio para vivir sin carencias, aunque muy lejos de las comodidades y exigencias de estos tiempos.
Es necesario aclarar que en el último tramo de la ruta, el GPS no fue demasiado bien, por lo que hay algunos trazos rectos, esta circunstancia no me produjo ningún problema, porque Lanjarón estaba a la vista, ademas que la ruta esta bien señalizada en su totalidad.

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