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13,38 km

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cerca de Las Dehesas, Madrid (España)

Día maravilloso con un sol espléndido y un calor moderado que invitaba a hacer una ruta como la propuesta.
Comenzamos aparcando más lejos de lo que esperábamos debido a que llegar a las 12 de la mañana de un sábado a las Dehesas, y encontrar sitio en alguno de los aparcamientos que hay por allí son términos completamente contrapuestos. No estuvo demasiado mal de todas formas, porque aunque nos obligó a caminar al menos de 2 a 3 kms. extra entre la ida y la vuelta, el paisaje es encantador.
Llegamos bordeando la carretera por caminos paralelos al comienzo de la calzada romana y por ella al Puente del Descalzo. Precioso. Se trata de seguir la ruta de puntos blancos pintados en los árboles, por lo que no tiene ninguna pérdida hasta el Puerto de la Fuenfría, que es donde acaba esa señalización.
Llegamos a una pradera que es cruce de caminos, y en ese punto comienza realmente el ascenso al puerto por la calzada que, como habremos leído en alguno de los carteles que hay por el camino, en tiempos de Felipe V fue reformada y desviada. Realmente lo que estamos pisando es la llamada Calzada Borbónica, no la romana, pero es igualmente sorprendente y atractiva.
Ahí comenzamos a ascender sin parar por un terreno muy escabroso compuesto de piedras de todas clases y posturas. Menos mal que al lado casi siempre corre un pequeño caminillo más o menos claro que nos aliviará de vez en cuando los pies. Las vistas sobre el valle de la Fuenfría y todas las crestas que lo rodean son magníficas. El calor aprieta y hay que parar de vez en cuando para refrescarse. La cuesta llega a atragantarse un poco.
Cruzamos el Puente de Enmedio y ya sólo nos queda una curva hacia la izquierda y la última ascensión.
Llegamos por fin al Puerto de la Fuenfría, lleno como siempre de senderistas y ciclistas que disfrutan de un buen descanso. Comemos para reponer fuerzas.
Comenzamos la bajada por el Camino de la República, pista maravillosamente ancha y cómoda donde las haya, y que nos permite disfrutar de las vistas sobre el valle que llegan hasta Las Machotas a varios kms. de distancia, sin temer tropezar a cada paso. Cuidado con las bicicletas, que pasan a todo trapo por los lados encarando la bajada espectacular.
Llegamos al Mirador del Lanchazo o de La Reina, espectacular balcón sobre todo el valle, y seguimos bajando hasta que, una vez pasada la garganta del Arroyo de la Navazuela, y la siguiente curva hacia nuestra izquierda, vemos un desvío a nuestra derecha que se adentra bajando por el bosque. Es el atajo que debemos coger si no queremos bajar por la Carretera hasta el Mirador de Los Poetas, lo que nos llevaría un buen tiempo extra de caminata.
El atajo es, en general una trocha repleta de raíces de árboles que baja en picado hasta la parte baja de la Carretera de La República, y que pasa por sitios espectaculares en los que merece la pena detenerse.
Llegamos por fin a la Carretera de nuevo, y en vez de seguir atajando hacia adelante siguiendo el camino transversal, giramos por la ancha pista a nuestra derecha para bajar hasta el cruce con el Arroyo de Navazuela de nuevo. Veremos un cartel donde nos anuncian que a pocos metros podremos contemplar La Ducha del Alemán. Merece la pena ir a verla aunque tengamos que subir durante unos cuantos metros y estemos algo cansados.
Se trata de una serie de pequeñas cascadas metidas dentro de un barranco delicioso y que nos refrescarán toda la sequedad que hemos ido acumulando a lo largo del camino. Nosotros metimos los pies en la corriente fresca del arroyo para reponernos. Un entorno muy bonito.
Bajamos de nuevo a la pista y llegamos de nuevo por ella a la explanada donde se cruzan varias rutas. En ese momento, en vez de volver por la ruta de puntos blancos, que es por donde vinimos, tomamos a nuestra izquierda la senda de puntos amarillos que nos hace descender bruscamente hasta el Arroyo de Fuenfría, y cruzarlo por un puentecillo hecho con dos tablones.
Vamos bordeando el arroyo que se encajona en una especie de barranco muy exuberante hasta pasar por una serie de cascadas que son una auténtica delicia. No hay nadie a la redonda, por lo que el disfrute es absoluto.
El sendero sale a un puente y a una pista que tomamos hacia la derecha para llegar hasta el Puente del Descalzo de nuevo. A partir de ahí sólo hay que volver por nuestros pasos hacia el coche.
Una ruta maravillosa que hicimos con mi hija, que se portó, como suele ser ya habitual, fenomenalmente bien. Está empezando a disfrutar de la montaña. Al final de la calzada subió los últimos 500 metros a un ritmo contínuo y sin bajar el paso… Me encantó.
Sólo por la aspereza de la subida al puerto para alguien que no esté demasiado entrenado, califico esta ruta como moderada.
¡Que la disfrutéis!

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta