Coordenadas 1214

Fecha de subida 28 de marzo de 2016

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1.505 m
553 m
0
6,0
12
24,07 km

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cerca de Robledillo de Gata, Extremadura (España)

Jueves Santo de un día de marzo en el que se esfuman los bancos de niebla matinal de las estribaciones de la sierra. Según nos acercamos por los robledales de Martiago, el sol nos recibe asomando a la izquierda por los picos de la Canchera. Cuando dejamos el coche en la frontera con Extremadura (Puerto Viejo, 1115 m) barruntamos una mañana caminera, fresquita, con restos de carámbano en las umbrías de los barrancos de la pista que nos lleva al Collado del Puerto Viejo (1177 m). Pensábamos que íbamos a pasar más frío, pero a medida que subíamos por la ladera soleada de la Bolla Chica nos aligerábamos de la ropa de abrigo, a pesar de ir ganando altitud en cada curva de nivel.
Dejamos atrás los destrozos de las máquinas de “medio ambiente” en el nacimiento del Río Malavao (Mayas u Olleros salmantino) y en un santiamén estamos en el Collado de Las Erías (1298 m), a los pies de la mole de la Bolla. Encrucijada de caminos de herradura asolados por las las orugas mecánicas de la Consejería de Agricultura y (terrible ironía) Medio Ambiente. Gobierne quien gobierne en Mérida, los ingenieros son los que mandan. Por ahí pasaba el camino de Robledillo a Las Erías y llegaba el recién desaparecido camino de carboneros que viene de Martiago. Ahora solo hay pistas que hieren las laderas y cumbres de la sierra en aras del progreso. Y cortafuegos en abundancia para que no se queje nadie. Terreno abonado para motos, quads y 4x4. El asunto se llama “turismo activo”.

Enfilamos el empinado kilómetro de cortafuegos con ganas y con más paciencia unos que otros. Cada cual a su ritmo, sin ánimo de batir récords inútiles porque las rampas son matadoras. Cada descansillo, quien lo hace, viene bien, no solo para animarse con lo que se va dejando atrás, sino para contemplar las sierras y llanuras que van quedando por debajo de la vista a medida que se gana altura. Es muy dura la subida. Aviso para los que no lo saben y piensan subir alguna vez. Pero se sube.

La Bolla, con sus 1518 m, es la cota más alta de la Sierra de Gata y la segunda de Las Hurdes. La cumbre es una planicie redondeada por la erosión, de la que surgen formaciones de pizarras puntiagudas cubiertas por líquenes verdosos. En ella crecen unos pobres pastos de montaña, algún tronco retorcido de pino y unos espinosos cambrones (Echinospartum ibericum) entre las pizarras puntiagudas. Repusimos fuerzas resguardados por las ruinas de la caseta aunque extrañamente no soplaba el viento con tanta fuerza como en otras ocasiones. Nunca nos habiamos encontrado con un 4x4 allí arriba. El conductor explicaba a un pequeño grupo el paisaje y los dejó caminar un rato por aquellos lugares. Se subieron al coche y pasaron por delante de nosotros para bajar por el cortafuegos que tanto trabajo me había costado subir. En la puerta del vehículo ponía: Turismo activo. Rutas en 4x4, quads, rutas guiadas, senderismo. En fin...
El panorama que se extiende a nuestros pies es admirable: Hacia el Norte la llanura de Agadones, con El Sahugo, Martiago, La Encina, Agallas.. y a lo lejos, entre la bruma, Ciudad Rodrigo. Al oeste surgen el pico Jálama, el Pozo de los Moros, la Jañona y el Rebollar: Robleda, Peñaparda, El Payo. Más allá, Fuenteguinaldo e incluso se puede ver la Sierra de la Estrella en Portugal. Hacia el Este profunda cuenca del Esperabán protegida por la sierra de la Canchera y al fondo, recortándose en el perfil de la sierra, la Peña de Francia, las nieves de la Covatilla y las cumbres de Gredos. Por el sur, en el valle del Río Arrago, van apareciendo Robledillo, Descargamaría, Cadalso, el promontorio de Santibáñez el Alto y el castillo de la Almenara de Gata.

Empezamos el descenso por el camino que sale a la izquierda del vértice geodésico hacia el Cotorro de la Golondrina. Merece la pena detenerse en la ladera de pizarras de punta cubiertas por líquenes verdosos. De los 1518 metros de la Bolla descendemos muy pronto a los 1285 de la Collada de la Zambrana y de ahí seguimos el cortafuegos hasta una cumbre en la que buscamos el sendero que nos llevará por una pendiente muy brusca hasta el pueblo de Castillo. Unos montones de piedras nos indican el camino que está desbrozado de maleza para facilitar el senderismo. Por esos parajes no se aventuran ya los hurdanos, ni falta que les hace. Algunas cagarrutas de cabras montesas y poco más. Caminamos por un pasillo muy bien marcado por monte bajo de brezos y jaras, pero el piso es una sucesión de pizarras afiladas como cuchillas, especialmente en las cresterías que vamos salvando. Hay que extremar las precauciones para evitar sorpresas desagradables.

Nos encontramos en unos parajes abruptos y escabrosos, con una espesa vegetación de bosque mediterráneo muy espeso y salvaje, formado sobre todo por encinas con los troncos cubiertos por musgo verde, debido a la humedad del clima de montaña. El sendero desciende por la divisoria de la cuenca imponente del Arroyo de la Zambrana al norte, que recoge las aguas de los barrancos de la Bolla, y la cuenca del arroyo del Guijarro Blanco en la solana.
Tras un descenso duro de más de 500 metros el camino se abre a un cortafuegos que sigue bajando empinado y, por lo tanto, hay que seguir echando el freno y andar con cuidado. Las rodillas se resienten. Tomamos una pista a la izquierda y, después de dos o tres curvas y cambios de dirección que se hacen eternos, entramos en el pueblo de Castillo. Un núcleo formado por casas nuevas, cada una de su estilo, que nada tienen que ver con las antiguas construcciones hurdanas.
Hay que parar obligatoriamente en el único bar de las alquerías del valle. Unos buenos bocadillos que llevamos y unas cervezas fresquitas nos reponen las fuerzas gastadas en los kilómetros de subida a la Bolla y de bajada penosa hasta el pueblo.

Repuestas las fuerzas, continuamos hacia Las Erías por el antiguo camino que sube bordeando el Río Esperabán. Es una ruta cómoda y atractiva. Vamos rodeando los meandros del cauce, entre pequeños huertos y olivares en bancales, algunos abandonados. Atravesamos un regato por unos pontones de piedra y un poco más adelante cruzamos el agreste Arroyo de la Zambrana por un puente de madera reciente. Al subir un pequeño repecho nos encontramos los petroglifos del Tesito de los Cuchillos. Es un pequeño recinto protegido por una pared de piedra con unas rocas en las que están tallados unos cuchillos de época romana.
Llegamos al puente de la carretera y junto a la piscina natural se conserva un antiguo lagar de aceite restaurado.

En el pueblo de Las Erías se puede dar por terminada la ruta, siempre que tengamos un coche esperando, porque volver hacia el punto de partida nos va a costar un duro esfuerzo después de la que llevamos encima. Son más de cinco kilómetros de rampas muy duras hasta el Collado de Las Erías, desde donde se baja al Puerto de Martiago por la ladera de la Bolla Chica, coincidiendo con el primer tramo de la ruta.

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Comienzo y final de la ruta en la frontera entre Salamanca y Cáceres
En este lugar está la divisoria de aguas de los ríos Malavao al sur y Burguillos al norte. Llegamos desde la carretera de Martiago a Robledillo y empezamos a subir por la ladera de la Bolla Chica hacia el Collado de Las Erías.
Collado del antiguo camino que unía Robledillo de Gata con el pueblo hurdano de Las Erías. Ahí llegaba también otro camino de carboneros procedente de los pueblos salmantinos. Ambos caminos han sido arrasados hace bien poco por las máquinas para construir pistas forestales.
La cima de la Bolla es una superficie aplanada por la erosión, en la que afloran algunas pizarras hercinianas. Quedan restos de unas cesetas que debieron ser refugio de cabreros. Las panorámicas que se divisan desde aqui son espectaculares, desde la Sierra de la Estrellla (Portugal) por el oeste hasta las cumbres de Gredos por el este. En medio los pueblos del rebollar salamantino y las alquierías hurdanas del valle del Esperabán. Al norte Ciudad Rodrigo y al sur el valle del Arrago y la llanura cacereña.
En este lugar se abandona el cortafuegos-camino y coger el sendero desbrozado que sala a la izquierda. Hay que buscar unos montoncitos de piedras que nos guiarán hasta el final.
Vistas del arroyo y puente de la Zambrana desde el montículo de los petroglifos.

1 comentario

  • antoniocasmo 31-mar-2016

    Chema, has hecho una extraordinaria descripción geográfica y paisajística de una ruta exigente pero con un enorme atractivo, que ahora al repasarla ya empiezo la cuenta atrás para volver a encontrarnos en esos parajes.

Si quieres, puedes o esta ruta