Coordenadas 128

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cerca de Las Lumbreras, Murcia (España)

  • Foto de CEIP Juan XXIII
Somos un pequeño centro situado en el barrio de las Lumbreras, en la pedanía de Monteagudo, Murcia. Somos un centro público bilingüe que comprende las etapas educativas de Infantil y Primaria. Actualmente tenemos 111 alumnos y un equipo docente formado por 15 profesores. Nuestro centro se caracteriza por su metodología cooperativa y su participación en los últimos años en diferentes proyectos de innovación educativa como: Programa Bilingüe, Proyecto Emprendedores en la Escuela, Portfolio Europeo de las Lenguas, Proyecto Comenius y Proyecto eTwinning.
  • Foto de Centro de visitantes de Monteagudo
  • Foto de Centro de visitantes de Monteagudo
El Centro de Visitantes de San Cayetano, inaugurado el 12 de Junio de 2013, permite conocer las civilizaciones argárica, íbera, romana y árabe que se instalaron en Monteagudo. En San Cayetano los visitantes podrán conocer los asentamientos de poblaron Monteagudo desde el periodo Calcolítico (Edad de Cobre, hace 4.400 años), la época Argárica (Edad del Bronce Medio, 1700-1200 A.C.), de la que se ha encontrado un ajuar funerario y tres cabañas –una de ellas se podrá contemplar en el Centro de Visitantes-. Además, también está presente la cultura Íbera (S. IV-I A.C.) con los restos encontrados y restos y una calzada Romana de principios del S.I. La última sala, está dedicada a la epoca musulmana y en especial a la de mayor explendor durante el reinado del Rey Lobo. El rey Ibn Mardanish, más conocido como El Rey Lobo, eligió esta zona para establecerse, gobernando desde 1147 hasta 1172, y construyendo una una línea estratégica defensiva y militar formada por el Castillo de Monteagudo, el Castillejo y el Castillo de Larache. En las inmediaciones de dichos baluartes construyó albercas para el regadío, son los restos arqueológicos más relevantes del Islam medieval de Murcia, que también se conocerán en San Cayetano. Cascales ha destacado que los restos más antiguos de Murcia como poblado están en Monteagudo. La Junta Municipal de Monteagudo ha organizado visitas guiadas para conocer el conjunto histórico monumental de Monteagudo. La visita recorrerá algo más de 3 Km y se conocerán los castillos y fortalezas y los sistemas de riego, albercas, etc, que se construyeron en la época del Rey Lobo.
  • Foto de Mirador Cristo de Monteagudo
  • Foto de El Castillejo
  • Foto de El Castillejo
  • Foto de El Castillejo
El conocido popularmente como castillejo de Monteagudo es una antiguo recinto palacial andalusí que se encuentra situado a unos 5 kilómetros al noreste de la ciudad de Murcia (Región de Murcia, España), en la pedanía de Monteagudo. Las actuales ruinas de este palacio fortificado corresponden al antiguo Qasr Ibn Sad, residencia que el rey taifa murciano Ibn Mardanis ordenó construir a las afueras de la ciudad de Murcia en el siglo XII. El edificio se construyó en una pequeña colina próxima a la montaña donde se encuentra el castillo de Monteagudo, con el que formó un conjunto residencial junto a la también próxima fortificación de Larache, entre los cuales se dispusieron además una serie de albercas.1​ Este palacio fue iniciativa del rey taifa de Murcia, Ibn Mardanís, en cuyo reinado (1147-1172), mientras luchaba contra el Imperio Almohade, consiguió articular un estado en la zona oriental de al-Ándalus (o Xarq al-Ándalus), teniendo su capital en Murcia.2​ Durante su rico periodo como monarca independiente, el llamado Rey Lobo por los cristianos, llevó a cabo ambiciosos proyectos arquitectónicos como demostración de poder, construyendo fortalezas, palacios y residencias a la medida de su prestigio, entre las que se encuentra el palacio de al-Dar al-Sugra en el arrabal murciano de la Arrixaca. Una de esas construcciones es la que mandó realizar a las afueras de la ciudad, en plena huerta, sobre una colina próxima al Castillo de Monteagudo (al cual también dio su actual forma dicho monarca), que entonces se llamó Qasr Ibn Sa'd (posteriormente denominado Castillejo). Entre ambas construcciones vecinas se configuró un recinto exclusivo que aunaba las necesidades palatinas y defensivas con bellos jardines, grandes estanques y una extensa superficie cultivada: un gran conjunto arquitectónico que constituyó el soporte espacial de una numerosa corte, reproduciendo los exquisitos ambientes de las cortes islámicas.3​ Sin embargo, el desmoronamiento progresivo del estado mardanisí llevó a este palacio a perder su función y a sufrir daños. Los primeros llegaron con el sitio al que las tropas almohades sometieron la ciudad de Murcia en 1165, saqueando la huerta circundante y por consiguiente el palacio de Mardanís. Con el derrumbe final del reino del Rey Lobo en 1172, los almohades devastaron de nuevo los alrededores de la capital destruyendo finalmente el Qasr Ibn Sa'd.2​ Casi un siglo después, las ruinas fueron visitadas por el poeta Hazim al-Qartayanni, el cual dijo de sus estancias:4​ Tras la reconquista cristiana (desarrollada en Murcia entre 1243 y 1266), el Castillejo, el Castillo de Monteagudo y la también próxima fortaleza de Larache constituyeron la concesión más importante de los repartimientos efectuados en la huerta de Murcia durante la segunda mitad del siglo XIII. Todos ellos fueron entregados por Alfonso X el Sabio como donadío a su esposa doña Violante de Aragón, y así pasaría también a doña María de Molina. Alfonso X utilizó el cercano castillo de Monteagudo como residencia en sus visitas a Murcia, lo que indica que las condiciones del Castillejo eran peores para alojar a la Corte real. El estado de abandono se fue potenciando con el paso de los siglos al contar con menor capacidad defensiva que el contiguo Castillo de Monteagudo, que disponía de un mejor emplazamiento y sistema de murallas. Eso llevó a que Monteagudo contara con guarnición hasta el siglo XVI mientras que el Castillejo era víctima del paso del tiempo. Las excavaciones allí realizadas por Andrés Sobejano en 1924 pusieron al descubierto la planta del edificio y diversos elementos arquitectónicos así como un conjunto riquísimo de yeserías estilísticamente homogéneo. Lamentablemente, su descubridor nunca publicó la memoria de excavación. En 1931 sería declarado Monumento Nacional. Torres Balbás lo identificaría en 1932 como el palacio de recreo de Ibn Mardanîš citado por las fuentes árabes. Ésa es la cronología que desde entonces casi todos los expertos han aceptado, excepto Gómez-Moreno que la adelantó unos pocos años, considerándolo obra almorávide. Estos trabajos certificaron la importancia del complejo, lo que no evitó que se realizaran posteriores destrozos por parte de los dueños del recinto (ya que es propiedad privada) como la creación de una balsa de riego en su interior. En la actualidad los restos del Castillejo se encuentran en un estado de total abandono. El palacio del Castillejo consta de dos recintos diferentes. El principal o exterior, estrictamente defensivo, se inscribe en una planta cuadrangular cuyos muros se defienden con cinco torres en sus lados mayores y tres en sus menores. Estos torreones están escasamente separados entre sí, como corresponde a la tipología arquitectónica de las fortificaciones construidas en su contexto histórico y geográfico. Su característica más singular es la disposición de los cubos de las esquinas en ángulo entrante en lugar de existir el común torreón de esquina. Su interior encierra el palacio propiamente dicho, que se distribuyó en torno a un gran patio central. Sin embargo, patio, habitaciones, salas y otras dependencias se encuentran hoy desaparecidas tras haberse abierto a comienzos del siglo XX una gran balsa de riego en su interior. No obstante, las excavaciones efectuadas por Sobejano y las publicaciones realizadas por Torres Balbás antes de que esto sucediese, han permitido conocer una disposición palacial con un patio de crucero que conecta el edificio con la tradición cortesana omeya andalusí. Toda la construcción fue realizada con muros de tapial de argamasa de excelente calidad, que va perdiendo grosor conforme ganan en altura.5​ Los restos decorativos del Castillejo que hoy se conservan en la Sección Islámica del Museo Arqueológico de Murcia, expuesto en el Museo de Santa Clara, son una serie de delicadas dovelas epigráficas. También se exponen restos del palacio (basa y capitel) en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.6​
  • Foto de Castillo de Larache
  • Foto de Castillo de Larache
  • Foto de Castillo de Larache
  • Foto de Castillo de Larache
  • Foto de Castillo de Larache
  • Foto de Castillo de Larache
Este castillo se encuentra en plena zona norte de la Huerta de Murcia, entre las localidades de Cabezo de Torres y Monteagudo, a un kilómetro de distancia aproximadamente de la capital murciana. La fortaleza se sitúa sobre un pequeño cerro, de unos 100 m de diámetro, que le da una posición elevada sobre un territorio circundante eminentemente llano, por lo que ejerce un dominio visual en una gran extensión de campos hortícolas. El acceso se puede efectuar desde la población de Cabezo de Torres, por la carretera que se dirige a El Campillo, que nos conducirá al antiguo despoblado de Larache. Todos los estudios coinciden en que estamos ante un palacio fortificado de origen islámico, vinculado a grandes explotaciones agropecuarias existentes en la huerta murciana, por lo que Larache podría estar relacionado con el castillo y el Castillejo de Monteagudo y otras edificaciones desaparecidas existentes en Cabezo de Torres y el Cabezo de Abajo. Se podrían fechar en torno a la segunda mitad del siglo XII, y estarían ligadas al esplendor de la taifa de Murcia por aquellas fechas. El castillo de Larache, que ha sido objeto de una restauraciónen recientes fechas, está catalogado como Bien de Interés Cultural por la Disposición Adicional Segunda de la Ley 16/1985, de 25 de junio del Patrimonio Histórico Español. Según el estudio realizado por Manzano Martínez sobre varias fortificaciones de la Región de Murcia, Larache tiene una planta cuadrangular compuesta por dos recintos amurallados concéntricos que reproducen uno dentro de otro esta figura geométrica con un espacio de unos dos metros. El recinto interior es un cuadrado irregular cuyo lado oscila entre los 38 y los 40 metros. El acceso, hoy desaparecido, se realizaba a través de una puerta abierta en el lienzo meridional. Sus muros se construyeron con tapial de argamasa levantados con módulos de unos 80 cms de altura, conservándose alzados medios de 6 y 7 metros hacia el exterior y unos dos metros al interior. Destaca el autor citado la ausencia total de torres que flanqueen los muros, lo que contrasta con el resto de fortificaciones de su contexto geográfico e histórico. El recinto exterior o antemuralla abraza al anterior edificio, y también fue construido con tapial de argamasa. Presenta un muro de unos dos metros de grosor que tiene, en su base inferior, una especie de foso que lo separa poco más de otros dos metros del recinto interior. Al parecer los alzados que conserva corresponden al nivel de cimentación y se elevan entre 2 y 5 m dependiendo de la irregularidad del terreno. Hasta recientes fechas fue dedicada a corral de ganado, por lo que su interior fue desmantelado. No obstante, en la actualidad se han acometido diferentes actuaciones destinadas a la rehabilitación del edificio, que ha mejorado considerablemente el grado de conservación de esta singular fortificación de la Huerta de Murcia. Tradicionalmente la existencia de este tipo de palacios fortificados en Murcia ha sido relacionada por los investigadores con grandes explotaciones agropecuarias existentes en la Huerta. Su construcción respondía al recreo de los emires murcianos y otras tareas de carácter áulico y privado. Así estos edificios, cuyo exponente más relevante es el Castillejo de Monteagudo, tienen sus orígenes en torno a la segunda mitad del siglo XII, cuando el emir de Murcia Ibn Mardanís resistía, con ayuda castellana, los envites de los ejércitos almohades que finalmente conquistarían el sureste peninsular y acabarían con la importante taifa mardanisí de Murcia. No obstante, Manzano Martínez planteó una interesante hipótesis, estableciendo una cronología para la construcción de esta fortificación muy tardía, que se podría situar a finales del siglo XII e incluso a comienzos del XIII, tras el abandono del Castillejo de Monteagudo como residencia palatina de los emires murcianos. Y así Larache sería la morada de los gobernadores almohades o de los emires hudíes. Un carácter residencial que no acabaría con la incorporación del reino de Murcia a la Corona de Castilla en 1243, continuando con la función de mansión señorial , según Díaz Cassou, hasta los años finales del siglo XIX.
  • Foto de Parque Municipal Los Polvorines
  • Foto de Parque Municipal Los Polvorines
  • Foto de Parque Municipal Los Polvorines
El Parque Municipal de Los Polvorines es un espacio natural dedicado al esparcimiento y recreo de los monteagudeños, desde que en 1996 la Junta de Vecinos y el Ayuntamiento de Murcia consiguiesen su cesión. Este espacio natural surge como un bello oasis en medio de la huerta monteagudeña, cuajado de pinos y paleras de higos chumbos y con la infraestructura necesaria para que los vecinos de la pedanía puedan cocinar y celebrar comidas. Se encuentra, aproximadamente, a un kilómetro del casco urbano de Monteagudo. Un paraje natural y de recreo En 1996 la Junta de Vecinos y el Ayuntamiento de Murcia consiguieron la cesión de la finca de Los Polvorines y emprendieron la tarea de desescombro y acondicionamiento del lugar. Cuenta con una superficie de 68.200 metros cuadrados y su nombre se debe a que fue propiedad de una empresa de explosivos. Actualmente es un Parque Municipal, destinado al recreo y disfrute, para lo que cuenta con zona de barbacoas, bancos, mesas y fuentes de agua potable. Se accede a él por el Camino viejo de Monteagudo y, a unos 300 metros a la derecha del Castillejo, se toma el Camino de los Polvorines, un carril de tierra entre huertos de limoneros que conduce a este Parque Municipal. Vegetación El paisaje del Parque Natural de Los Polvorines está dominado por pinares de pino carrasco y enclaves con formaciones de paleras de higos chumbos. Bajo el pinar se encuentran arbustos de lentisco y coscoja y madreselvas, abundantes en las zonas de umbría. En la solana, lo predominante es el matorral, con especies xerófilas como el tomillo y el romero, adaptadas a las condiciones de aridez. Fauna En este paraje abundan las aves. Entre ellas, las más comunes son las tórtolas, abejarucos, abubillas, gorriones, palomas y carboneros. Por otra parte, entre los mamíferos destacan las liebres, conejos y ardillas.
  • Foto de Cerro de la Mina

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