Tiempo  6 horas 36 minutos

Coordenadas 3123

Fecha de subida 14 de julio de 2016

Fecha de realización mayo 2016

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511 m
114 m
0
4,7
9,4
18,85 km

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cerca de Cabezón de la Sal, Cantabria (España)

Solo puedo indicar, que como riojano, y a pesar de haber andado, ciclado y disfrutado, de esta gran tierra cántabra,..(por lo que no podría hacer una gran descripción de la ruta), considero que merece todo mi respeto y todo el honor en esta ocasión, transcribir lo que mi gran compañero de aventuras y fatigas, Juan, así vivió y posteriormente relató de aquel mágico día.
Simplemente añadir que es un gran orgullo, el que Alicia y Juan, compartieran este reto con Fosy, Fran y conmigo, y por supuesto la compañía de IVAN, el gran artífice de esta aventura que recordaré por siempre.
Mil gracias, Iván, Alicia y Juan.

Por mi gran amigo Juan:

" LOS DIEZ MIL DEL SOPLAO DEL COHETE TEAM

Un año menos catorce horas y media después de que mi padre pasara por la línea de meta de la prueba de bici de montaña del 2015, me encontraba en la salida de Cabezón preparado para meterle fuerte y flojo a la prueba adaptada del Soplao 2016. El Soplao es para todos. Todos, de alguna manera u otra, tenemos nuestro hueco en esta mastodóntica prueba.

Me llamo Iván, tengo casi siete años y la vida al nacer me regaló una discapacidad que, a día de hoy, voy ganándola batallas poco a poco. Mis padres decidieron que no sería un discapacitado más, que no iríamos a Cabezón a ver pasar participantes y limitarnos a aplaudir y a animar, no. Teníamos una silla, ganas, ilusión, montes que subir y Cantabria infinita para conocer. Entrenaremos lo que haga falta, y empujaremos hasta donde haya que empujar, pero el 21 de mayo estaremos en la línea de salida, decían.

Y así fue. Entrenamos, no mucho, pero entrenamos. Subimos Cruz de Fuentes hasta que la cordura nos hizo darnos la vuelta. Subimos al Moral por Juzmeana hasta que la nieve nos dijo que hasta aquí habíamos llegado. Subimos la Picota de Liencres, el Monte Corona y unas cuantas decenas más de kilómetros. Me gusta el monte, me gusta mucho, me gusta la naturaleza de mi tierra y sobre todo, me gusta poder llegar hasta allí, a pesar de todo.

Mi papa tiene una grupeta de Btt llamada Orejada Power. Junto a él tambien forman parte de ella Nacho, Fran y Fosy y que hoy, junto a mare, formamos el sexteto cohetero. Hace tiempo, en una quedada de esas que ellos hacen, les comentó la idea de llevarme al Soplao. Claramente fue una especie de señuelo para hacerles morder el anzuelo del espíritu Soplao, y verles salir al ritmo de AC/DC en la prueba de Btt del 2017.

Y resultó. Picaron como pican los peces hambrientos. No dudaron un segundo en entrar al trapo, y ofrecerse a ayudar en lo que hiciese falta para poder completar mi súper reto. Tres auténticos serpas Logroño-durangueses iban a velar por mí y por mis papis.

Vísperas del Soplaina o Soplete, que es como ellos denominan a la prueba en su idioma particular, estábamos a eso de las ocho de la tarde en Cabezón. Ambiente de deporte puro y duro. Olía claramente a bici, a zapatillas de running, a Negreo y a Toral, a miedo rebozado en adrenalina. Olía a Soplao. Recogimos mi dorsal número 12, visitamos los tenderetes de turno, hicimos las fotos de rigor, y lucimos las caras de asombro y expectación que gastan las personas que viven esta experiencia por primera vez. Cervecita de rigor y vuelta para casa.

En este punto y, en vez de acostarse pronto para recargar fuerzas para mañana, mi súper equipo se metió una cena digna de auténticos zampabollos. Cerveza, tortillota de patata, salmorejo, queso, jamón, quesada, sobaos. Se pusieron en modo vitivinícola, y se metieron pol pecho dos botellas de buen caldo riojano. Vinón riojetis power.

Sábado, día de autos, sin duda el día más esperado del año para cerca de diez mil personas. El primer rejón de castigo que te clava el Soplao en el lomo es la hora a la que suenan los despertadores. Son las cinco y media antes de los dolores. Mi casa parece un episodio de The Walking Dead, con caminantes deambulando de arriba abajo con muy mala cara. Aquí el personal, con el vinacho de anoche, se olvidaron de preparar el material del día, y ahora tocaba desayunar a toda prisa y estar a la carrera todo el rato. Organización por favor, que no se vuelva a repetir marines. A pesar del madrugón, salimos tarde.

Aunque todos los participantes estamos citados a la misma hora, las ocho en punto de la mañana, sabemos que nuestra salida se demorará casi hasta las nueve, circunstancia que nos da una hora extra pero, la intención es estar a las ocho para ver la salida de los Btt y así fomentar el gusanillo sopletero de mis serpas. Justo con el estruendo de la traca petardera hacemos entrada en la calle Conde de San Diego, lugar asignado para la salida de la adaptada.

Pólvora, humo, ruido y AC/DC hacen de éste un momento mágico que sólo se puede vivir aquí y ahora. Hay más adrenalina desatada en este momento que en todas las películas de la saga de Rocky juntas. ¡! Vamossssssssss¡¡ Da gusto ver a mi padre, a mi Fran, a mi Fosy y a mi Nacho mirar la anaconda multicolor que es el paso de cerca de cinco mil ciclistas juntos. Como las vacas al tren, se nota que flipan tanto como disfrutan.

Acaban los ciclistas y les toca el turno a los andarines y los runners. Casi nueve mil personas a la vez se enfrentan a su Soplao, comprobando que todo lo que sufrieron entrenando va a merecer la pena, acabe como acabe, ya ha merecido la pena.

Vamos, que nos vamos. Ahora si. Ahora el himno soplaina suena para nosotros. !!Vamooosssssss ¡¡ Ahora es el turno para los que tenemos la vida un poquito más complicada. Venga, la ruta adaptada y la de senderismo inclusivo 2016 está en marcha. Cuando el Thunder Track suena para ti suena mucho más rico, cuando los aplausos son para ti animan mucho más, y cuando son para ti las palabras de ánimo los pelos se ponen mucho más de punta.

Iniciamos la marcha. El público se vuelca. Nos aplauden y jalean de una forma especial, y eso que llevan ya una hora dándolo todo. Nosotros no tenemos bicis caras, ni culotes último modelo, ni zapatillas intercooler topegama. Nosotros tenemos los brazos y las piernas de la gente que nos quiere, y se dejan el alma para que nosotros, a pesar de todo, podamos realizar nuestro Soplao. Yo soy muy afortunado porque llevo un ejército de cinco personas, con sus diez brazos y sus diez piernas, más potencia no se puede aguantar. Somos el equipo Cohetada, y muy tontísimo se ha de poner el Soplao para poder ganarnos.

El paseo inicial por el pueblo es emocionante. Cientos de personas nos hacen pasillo y nos jalean, con un aire de entre pena y admiración. Pero la pena se disipa cuando ven la cara de felicidad e ilusión de los participantes de esta modalidad. Un millón de gracias a la organización del Soplao por hacernos un hueco en su fiesta, por tratarnos de igual a igual, y por poner a nuestro alcance poder disfrutar de esta pedazo de aventura.

Dejamos atrás Cabezón por la carretera Ca-180 que nos lleva hasta Carrejo. Vamos todos en pelotón, haciendo bromas, saludando al público que pueblan las aceras. Disfrutamos, joder, estamos en el Soplao, hay que escudriñar cada momento porque cada momento tiene su jugo. Ya vendrán momentos peores a lo largo del día. Aquí no hay líderes, ni prisas, no se compite por llegar antes o menos tarde. Aquí se avanza y ya se llegará, total, la línea de meta no la van a desarmar sin que lleguemos nosotros.

El público sigue siendo especial y aparece gente de lo más variopinto. Nos encontramos con un chavaluco que agita con toda su alma y sin compasión un cencerro de los grandes. No dejó de hacerlo hasta que pasó el último de los participantes, al más puro estilo Yayón de la escuela del Moral. Hay cantera cencerrera.

Seguimos rumbo al monte y una melodía envuelve todo el ambiente…” A pedales a pedales, con mi bici voy de bares, a pedales a pedales, gano carreras a pares.” A lo lejos se divisa un campeón con un buzo naranja dando pedales en una bicicleta estática, tocando caja y tambor con dos palos puestos en las rodillas, mientras toca la guitarra eléctrica y canta la canción pedalera. Sí, señoras yy señores, con ustedes el Duende Eléctrico. Un auténtico crack fuera de serie que con mucha gracia y gracejo, eleva hasta el infinito el nivel del arte y el buen rollismo de esta edición. Gracias Duende, ojala hubiera más personas como tu.

Ya estamos en Carrejo y, a la altura de Casa Segis, tomamos el desvío a la izquierda dirección al pueblo de Cos, dejando atrás la comodidad del asfalto y, a partir de aquí, empieza lo agreste, lo bucólico. Aquí empezamos a echar nuestro pulso con el Soplao.

Vamos avanzando por la vereda que discurre paralela a la vera del río Saja. Desde su nacimiento en la Sierra del Cordel en la mancomunidad Campoo-Cabuérniga, hasta su desembocadura en la ría de San Martín de la Arena en Suances, no hace más que engrandecer la belleza del paisaje por donde discurre, a través de sus 72 kms. Un día como hoy, sábado de Soplao, no podía faltar a la cita, y bajaba más salvaje y engrandecido que nunca, engalanado para el evento gracias al deshielo de las enormes nevadas de fechas anteriores.

Seguimos avanzando de la mano del río hasta llegar al puente de madera que nos cruzará hasta la otra orilla, donde tomamos el camino que nos situará en el pueblucho de Cos, punto estratégico donde empieza nuestro infierno particular del día, la subida al monte Cos. No se trata de una subida larga como pueden ser el Moral, ni mucho menos como Cruz de Fuentes y sus 20 kms. de ascensión, para nada. No llega a tener 5 kms de longitud pero, el desnivel y pendiente de sus rampas junto a los casi 50 kilos que formamos mi silla y yo, prevén unos momentos de lo más “divertidos”.

Después de reunirnos en el pueblo todos los participantes para afrontar la subida juntos, cada uno pone el ritmo que puede y le es más adecuado, y para arriba. Venga chavales, que para esto hemos venido, esto es el verdadero veneno del Soplao. El ambiente es increíble. Risas, bromas, palabras de ánimo, apoyo de todos a todos. Mi papa dice que el ambiente de la prueba de Btt es alucinante pero, que el de la prueba adaptada es incomparable con ningún otro. Esta ruta es especial.Comenzamos la ascensión. El terreno se complica y la comodidad deja paso al traqueteo producido por piedras y barro. Papa conoce perfectamente lo que se nos viene encima porque ya pasó en bici por aquí para valorar la ruta. Sabe lo que se nos viene encima y resopla, pero no nos vamos a achantar, somos Cohetada Team y eso, es un título. Salimos los primeros pero poco a poco vamos perdiendo posiciones. Esta chavalada del colegio Fernando Arce de Torrelavega no lo hacen nada mal.

Poco a poco, paso a paso, vamos ganando altura. A la par que aumenta el desnivel aumenta el calor y, sobre todo, la humedad. Hace un día de esos que la ropa se pega al cuerpo y te hace estar pegajoso todo el día. Miro hacia atrás a ver cómo va el personal y, ohhhh, Dios mío, mi padre se está derritiendo, parece un polo en agosto. Se le han desbordado todos los poros del cuerpo, y parece un negrazo de esos de la NBA tirando un tiro libre. Me parece un tanto exagerado porque yo voy bastante bien, si hombre, hace algo de caloret, el caloret montañés, pero tampoco es para ponerse así. La subida es dura, bastante dura, y ahora parezco una cuadriga tirada por mis cuatro súper serpas al unísono. Pedazo de equipazo llevo, cojones. Mis chicos se relevan a tirar como el mejor de los equipos en una crono del Tour de Francia.

Verles sudar de esa manera, verles esforzarse a tope sin una mínima queja, me llenaba de orgullo y satisfacción, y tanto era el sentimiento que, en los tramos más píndios y complicados y azuzado por el traqueteo del tren, me quedé dormido plácidamente en los brazos de Morfeo. Alguien tiene que reponer fuerzas para futuros imponderables. El hombre del mazo que suele habitar por el Moral y el Negreo me hizo una visita inesperada a bocajarro. No me importó mucho, porque me quedé más a gusto que en brazos.

El siguiente punto de reunión es el paso canadiense que hay a la mitad de la ascensión, y donde se debe tomar el camino a la derecha en la bifurcación de la ruta. A estas alturas, para variar, llevamos más fotos que kilómetros pero, a medida que ascendemos las vistas que aparecen te piden carrete sin compasión. Llegamos los últimos al punto, acompañados por los voluntarios escoba de la prueba. Dos paisanos muy majos cerraban la caravana, y velaban para que nadie se quedara descolgado solo. Todo esta muy bien organizado y previsto en el Soplao. Se portaron con nosotros estupendamente y tuvieron mucha paciencia, y eso que íbamos lo más rápido que podíamos. También tuvieron el detalle de ayudarnos a empujar en algunos tramos complicados, cosa que se agradece eternamente. Siento mucho no saber vuestros nombres pero, si algún día podéis leer esta crónica, seguro que os reconocéis de inmediato. Muchas gracias, Grande y Muy Grande, hala, ya tenéis nombre.

Tras comer y beber algo, iniciamos el tramo final de ascensión al monte Cos. Me siento como en el campamento 4 del Everest para iniciar el ataque a la cumbre. Creo que mi padre me tiene que dejar de contar aventuras de esas que lee él sobre alpinistas e Himalayas, me afecta. Aquí el terreno cambia de incómodo a muy incómodo. Ahora es más pedregoso y arcilloso, y hay que esmerarse para meter las ruedas del carro por el trazado adecuado para que no se bloquee. A mi este traqueteo pedregoso me relaja y me da risa pero, a mi padre que es quien pilota en este momento, no le hace mucha gracia, de hecho, me parece oír algún improperio por la parte de atrás de mi nave. Hay que decir que para el evento estreno silla nueva y, ni que decir tiene, que no puede tener mejor bautizo rutero sopletero.

Llegamos a la primera zona complicada del día. Una rampona con el suelo muy roto y con roderas enormes, piedras grandes y sueltas aderezadas con grijillo a la reducción de barro fresco. Por ahí no subimos, me digo a mi mismo. La pronunciada pendiente hace prácticamente imposible subir en la silla, no sacaríamos nada bueno de aquí.

Después de una pequeña deliberación de equipo respecto al plan de ataque, acabo encaramado en el hombro de mi padre en modo niño saco. Mi padre me sube a mi acompañado de mamá, otros suben la silla, otros dan ánimo y otros inmortalizan la escena para la posteridad. Una maquinaria perfectamente engrasada digna del diseño del mejor de los peritos industriales. A papá se le hace un poco larga la subida, y decide que yo tengo que poner también algo de mi parte. Así que, a mitad de rampa soy yo el que sube dando unos pasitos, pasitos de los de a mi manera ayudado y sostenido siempre por papá, pero míos. Soy un sopleteboyyyyyyy, vamossssssssss.

Superamos el tramo y vuelvo a mi trono. Nos separa apenas un kilómetro de la cumbre por un terreno muy incómodo y complicado, plagado de roderas y vierte aguas pero, conseguimos hacer cumbre sin mayor complicación gracias al esfuerzo de todos, y la habilidad de mis chavales que buscaron el camino adecuado para meter la silla. Somos un pedazo de equipo joder, casi 6 kms de subida sacados a fuego y poro desbocado de cada uno de mis chavales.

Ya en la cima disfrutamos de la cumbre e inmortalizamos la gesta con la foto conmemorativa de rigor, no podía ser de otra forma, conociendo la ligereza de dedo que mi cuadrilla tiene a la hora de echar fotos. No escatiman carrete. Prácticamente con nosotros llega una patrulla de Protección Civil, y nos informan que la mañana estaba siendo movidita en los montes aledaños. Por lo visto, el Soplao, para algunos, estaba sacando sus garras infernales y los accidentes estaban siendo habituales y que, incluso, alguno había sido evacuado en helicóptero.

Tras la charleta y las fotos, empezamos el pequeño descenso entre la niebla hasta el inminente avituallamiento. La bajada es corta pero complicada. El grijillo suelto impide traccionar bien para que la silla no se escape cuesta abajo, y yo acabe desdentado monte abajo. La bajada es bastante píndia pero, la pericia de la chavalada salva la situación con un Cum Laude sopletero.

Afortunadamente la niebla empieza a elevarse y nos permite disfrutar del espectacular paisaje de la zona. Allá, a lo lejos, Monte Aa, Ruente, el coloso Negreo, el camino hacia Ucieda y su Moral. Impresiona pensar que en esta foto que ahora observamos hay cerca de nueve mil personas pasando, vete tú a saber, que clase de vicisitudes. Desde este punto mi padre empieza a dibujar con el dedo el trazado del recorrido Btt sobre las montañas y los valles. Algunos empiezan a sentir flojera en las piernas, y a plantearse alguna que otra visita en años próximos.

Llegamos al avituallamiento donde se encuentran hace rato el resto de los expedicionarios. Repostamos un poco de líquido y sólido, aunque la verdad ya no quedaba gran cosa. La anécdota curiosa fue cuando Nacho empieza a hacer unos bocadillos de jamón para Fran, Fosy y el mismo. Ellos venían de acompañantes y se traían su propia comida. En ese momento, un chavaluco participante, les confundió con gente de la organización que repartían bocatas y se llevó uno, eso si, con toda la educación y pidiendo permiso con toda la gracia del mundo.

Después de las risas, de descansar un poco y cambiarnos algo de ropa, tenemos que tomar una decisión importante, muy importante. Toca decidir si seguir la ruta larga, o bajar hasta Mazcuerras por el camino del año anterior.

La ruta larga supondría extender la ruta unos 11 kms más a la que creíamos que iba a ser, ya que la ruta que descargamos correspondía a la del año pasado y, la organización no había actualizado su Web con la las novedades ni el track para esta edición. Tarjeta amarilla a quien corresponda. La parte nueva nos traía de regalo el transitar por praos, sendas y la ascensión al mítico monte Toral, un famoso de la zona. El desconocimiento por parte de papá de cómo podría estar el recorrido y el sentido común, después de una deliberación más que corta, hizo que el plan fuese más que claro, a Mazcuerras. Fue una pequeña decepción porque queríamos hacer la ruta como uno más, pero la decisión de seguir adelante sabíamos que sólo podría traernos problemas y haberse convertido en una locura y una odisea. Una tormenta y un buen chaparrón que vino más adelante, nos dijo que habíamos tomado la decisión acertada.

Nos despedimos de los valientes, e iniciamos la marcha junto a otro pequeño grupito que también decidieron ir bajando hacia Cabezón. Avanzamos por la parte alta del barranco de la Detalla que nos llevará de nuevo hasta la cara norte del monte Cos, donde volvemos a contemplar ante nosotros la grandeza del valle de Cabezón de la Sal y sus pueblos aledaños.

Iniciamos un descenso bastante más pronunciado hacia el paso canadiense en el que anteriormente hicimos la primera reunión de la subida, completando así un círculo por la cumbre del monte. Desandamos un tramo que anteriormente subimos, y que es común para la subida y la bajada. A partir de aquí me entra un ataque de sed descomunal y abrevo de la botella de Solares como una vaca en una acequia. Joer, esto del Soplao cansa y da sed, hombre, hay que beber cada poco. La llorera es descomunal cuando deciden que ya no hay más agua para evitar un empapuzamiento crónico. Hacemos una parada donde doy un concierto de pulmón y lágrima en Do mayor, el cual no llega a buen puerto, no hay más agua.

Seguimos descendiendo por donde hace horas nos costó tanto sudor y lumbar subir. En el primer cruce, siguiendo las flechas indicativas de la ruta del Soplao adaptado, giramos a la derecha. Como nota curiosa, y a modo de chascarrillo, diremos que los carteles conmemorativos indicativos de nuestra ruta estaban mal rotulados y ponía que estábamos en el 2015. ¿Otra tarjeta amarilla? Venga va, arbitraje casero e indulto.

A partir de aquí viene la parte más técnica y complicada de la prueba. No es la más dura, pero si la más rota y peligrosa. El camino se convierte en más estrecho, pedregoso y embarrado. Por aquí es por donde el equipo serpa saca lo mejor de él, y convierte las curvas del camino en una auténtica autopista.

Es aquí donde se ven las imágenes más inolvidables del día. Me llevan subido al cielo como se lleva al Cristo de los buenos días en Semana Santa, incluso, se oyen acordes de saeta y trompetín, mientras se simula un auténtico paso de Semana Santa por los senderos del Soplao. Sin duda un momentazo memorable.

Cuando el terreno del descenso lo permite voy sentado en mi silla, si la cosa se complica me llevan entre todos silla arriba y, si la cosa es imposible, me lleva papá subido al hombro en la versión niño saco 2.0. Por este sendero coincidimos con los corredores que bajan del Toral, bastante dislocaos ya de tanto correr y andar después de horas y horas. Los ánimos entre unos y otros nos hacen sentirnos parte de esto y más aún, cuando muchos de ellos nos muestran su admiración ya que lo último que se esperaban encontrarse a esas alturas, y en ese lugar, era un niño en una silla haciendo el Soplao.

Tras solventar con todo éxito las emboscadas que la bajada nos tenía preparadas, llegamos por fin otra vez al asfalto. Que gusto por Dios, que descanso.

De aquí a Mazcuerras un par de kilómetros en un paseito muy llevadero con ligeras subidas y bajadas a la vera del arrollo Pulero, con su agua fresca y limpia, claro objeto de deseo de alguno para los que por allí pasábamos, y que un bañito hubiera sido como sangre nueva.

Entramos en Mazcuerras y me siento como un actor de Jolibud en la alfombra roja. La gente nos grita, nos aplaude, entre el asombro y la admiración, Yo saludo como un buen monarca, y la gente me sonríe, y no deja de animarnos. Ya no os queda nada chavales, nos dicen, y si, ya quedaba poquito, ya olía a línea de meta.

Atravesamos el pueblo y cogemos el sendero que, a la vera del río Pas, nos lleva hasta el puente que cruzamos hace ya unas cuantas horas, esta vez en sentido contrario, en dirección a conseguir nuestro reto.

Casi sin darnos cuenta ya estamos de nuevo en Carrejo, y al ver el cartel del bar de Segis mis troncos empiezan a salivar al ver el cartel que publicita una cerveza bien fresquita. No hay otra opción existente en ese momento, la gloria puede esperar, la hidratación es fundamental. Se piden una birrolas que tardan en desaparecer de este mundo, menos de lo que tardó el camarero en quitarlas la chapa. Hay sed, pero también hay prisa, así que no hay opción a un relax profundo y, cosa poco habitual, tampoco hubo opción a otras rondas.

Vamooooos, que ya queda menos que nada. La última recta que nos lleva a Cabezón apenas tendrá dos kilómetros, y nos espera la entrada triunfal al pueblo. Los últimos metros son un hervidero de gente que aplaude y anima, que bromea y te alienta. Aquí nos mezclamos con andarines, corredores, ciclistas, combinados, aquí venimos a triunfar todos.

Mamá empuja la silla en estos tramos finales y, aunque ella no se de cuenta, nos lleva a todos a carajo sacado. Yo voy de cine pero a mi chavalada les cuesta seguir el ritmo Induraínico que ha marcado. Papá la dice que cuando llegue que les mande una postal, y aminora la marcha. Veo que va emocionada, que la brillan los ojos y que le cuesta amarrar la lagrimona. La emoción es grande y el momentazo superespecial pero, unas nubes negronas panzabúrricas preñadas de tormentona deciden felicitarnos efusivamente. Un pedazo chaparrón nos refresca el cuerpo y el espíritu pero, gracias a Dios, ya estamos a la entrada de Cabezón, y nos ponemos a cubierto bajo techo. Nos vestimos de aguacero mientras amaina, y se nos acerca un paisanuco que nos regala un paraguas rosa todo destartalado para protegerme del agua. Un millón de gracias paisano, así se hace grande un evento como éste, y grandes se hacen las gentes de esta tierra. Gracias a Dios la tormenta dura poco y no perdemos apenas tiempo.

(sigue abajo)
Waypoint

CABEZON DE LA SAL META

Waypoint

AVITUALLAMIENTO

Waypoint

CABEZON DE LA SAL

Waypoint

SALIDA PUEBLO

Waypoint

SENDA RIO SAJA

Waypoint

SUBIDA MONTE COS

Waypoint

RAMPON

cima

CIMA MONTE COS

Collado de montaña

ZONAS ALTAS COS

Intersección

DESVIO SENDA

Waypoint

BAJADA

1 comentario

  • Foto de ELMUNI

    ELMUNI 14-jul-2016

    Queda menos de medio kilómetro y estamos a punto de girar a la derecha para entrar en la zona vallada final. Al vernos aparecer, la gente se desconecta del modo aplaudir a ciclistas y se pone en modo aplaudir ruta adaptada. La gente nos grita y nos aplaude como si mañana les fueran a amputar las manos. De nuevo voy saludando, y puedo ver la sonrisa en las caras de mi equipazo. Suena mi dorsal y mi nombre por megafonía, y los aplausos se multiplican por infinito, joer, que pasada. Me siento uno más, me siento importante, y me siento orgulloso de todo y de todos.

    Faltando apenas veinte metros para la línea de meta papá me baja de la silla, y entro andando de la mano de mis padres. Aún no soy capaz de hablar, pero algún día podré contar con mis propias palabras lo que en aquel momento sentí, y todo lo que significó para mi el Soplao 2016.

    Y después de la línea de meta, de los abrazos y los besos que me dieron mis papis, allí estaban mis tres mosqueteros, mis tres gallos, mis tres cracks. Mi Fosy, mi Fran y mi Nacho, mi Orejada Power. Sin ellos hubiera sido muy difícil, por no decir imposible. Aunque disfrutamos de lo lindo, sólo ellos saben lo que realmente costó. Me abrazaron, me besaron, me llevaron en volandas cada dificultad del día, me hicieron feliz, y me demostraron que me quieren, porque una cosa así sólo lo hace alguien que te quiere.

    No sabría como daros las gracias, por llevarme a ser un soplaina junto a vosotros, por todos los días que he pasado con vosotros que también han sido tan especiales como el que hoy disfrutamos. Trabajaré fuerte y duro para que podamos repetir esta aventura, pero esta vez cogiditos de la mano, y pasito a pasito.

    Para terminar el día, unas cervecitas y unas rabucas en Cabezón para comentar las mejores jugadas, bajo el toldo de un bar que nos protegía de las inclemencias meteorológicas del momento, ya que comenzó a llover como si no costase. Posteriormente nos fuimos a las faldas del Negreo para ver como subían los valientes del BTT las primeras rampas del coloso.

    Un día espectacular, una experiencia inolvidable e inigualable, y un reto conseguido.

    Gracias a la organización del Soplao por no olvidarse de la gente más indefensa, por hacernos un hueco en su maravillosa prueba, y por seguir haciendo magia cada año. No os olvidéis de nosotros para próximas ediciones, nosotros también podemos ser Sopleteros.

    Y os prometo volver, algún día, no se cuando y me encantaría que me volvieran a acompañar mis tres mosqueteros, y lo haré para cumplir mi sueño y el de mis papás y así, será la mejor forma de dar las gracias a mis 5 campeones.

    HASTA LO MAS PRONTO QUE ME SEA POSIBLE "

Si quieres, puedes o esta ruta