Tiempo en movimiento  2 horas 34 minutos

Tiempo  3 horas 7 minutos

Coordenadas 3019

Fecha de subida 1 de mayo de 2019

Fecha de realización mayo 2019

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701 m
506 m
0
2,3
4,5
9,01 km

Vista 26 veces, descargada 2 veces

cerca de Melejís, Andalucía (España)

La ruta de hoy la iniciamos en el bonito pueblo de Melegís exactamente dejaremos los coches en El Mirador de las Alvirillas enfrente del restaurante los Naranjos que al final del recorrido hoy que está abierto nos tomaremos un refrigerio después de cargar el maletero de las buenas naranjas que compraremos en Melegís en la cooperativa del pueblo.
El Mirador de las Alvirillas se construyó con el objetivo de rendir homenaje a los emigrantes que en los años 50 y 60 tuvieron que dejar su querido Valle para trabajar en países como Francia, Alemania o Suiza. El balcón fue construido en el año 2005 por la escultora Elena de Vicente, y está compuesto por un salpicado de esculturas ingeniosas y coloristas inspiradas en las historias y vivencias de estos emigrantes. Así, encontramos sillones que recuerdan a la calidez del salón de casa, tan extrañado por la persona cuando ésta se encuentra fuera del hogar; o también ‘souvenirs’ de la época que los propios vecinos compraron en el extranjero. Desde este mirador, es posible contemplar la cola del pantano de Béznar, Sierra Nevada, el campo de El Valle y los pueblos de Melegís y Pinos del Valle. A las vistas se une la fantasía de una casa de muñecas mezclada con el arte más contemporáneo.( historia sacada de la información del Valle).
Un poco de historia del pueblo Melegís —antes conocido como "Melexís"— fue un municipio independiente hasta 1972, cuando se fusionó junto con Restábal y Saleres en un solo municipio llamado El Valle, recayendo la capitalidad municipal en el núcleo restabeño.

En el siglo XV fue residencia de la corte nazarí durante un corto período de tiempo, siendo así la capital del Reino de Granada. Fue Reconquistada junto con el resto de El Valle por el Marqués de Villena. Después de la expulsión de los moriscos fue repoblada durante los siglos XVI y XVII por gallegos y castellanos.

En el siglo XVIII, importantes familias nobiliarias y con influencia política de la provincia se instalan aquí, construyendo casas señoriales, en las cuales colocaban sus escudos de armas, los cuales aún se conservan.

Desde el mirador de las Alvirillas nos dirigimos callejeando por el pueblo hacia la Iglesia San Juan Evangelista.
La iglesia fue declara Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Construida en 1560, es uno de los ejemplos más interesantes de la arquitectura religiosa en época de la repoblación de Granada, como correspondía a uno de los pueblos más importantes de El Valle de Lecrín. Fue obra del albañil Bartolomé Villegas, el carpintero Francisco Hernández, y Pedro Gómez de Fontefría fue el autor de la carpintería de esquinas, cornisa, gradas y portadas. Incendiada durante las revueltas moriscas, la armadura original tuvo que ser reconstruida a finales del siglo XVI por el carpintero Antonio López Camudio. En su estructura se integran elementos de los estilos mudéjar, renacentista y barroco. La torre se levanta a la derecha de la cabecera, con tres cuerpos más el de las campanas, cuyos vanos llevan enjutas con azulejos, hechos por Francisco Fernández. Destaca además por el valor de las obras artísticas que alberga. Entre ellas, una Virgen de la escuela de Alonso Cano, el retablo barroco, un Cristo barroco procedente del Perú y su antiguo órgano.
Junto a la iglesia destaca por su magnificencia el olmo centenario que habrá visto pasar generaciones admirando todas la belleza del magnifico ejemplar.
Desde allí nos dirigimos hacia el antiguo lavadero y fuente del pueblo , por su valor histórico y por el sentimental que los habitantes del pueblo le otorgan. Hasta 1974, año en que se instaló en esta localidad la red de abastecimiento de agua, el lavadero se usaba para lavar la ropa, dar a beber a los mulos,… Las fuentes eran el único medio para disponer de agua. Hoy el lavadero se ha convertido en un monumento digno de admirar por su buen estado de conservación. Los que lo conocieron antaño, porque tenían que hacer uso de él, guardarán otro recuerdo.
Por el callejeo podemos ir admirando también las casas con sus escudos blasonados que abundan por el pueblo como recuerdo de sus antiguos moradores que poblaron el pueblo.
Desde alli la idea es trasladarnos hacia la margen derecha del río Torrente para llegar al pueblo de Murchas se recomienda coger enseguida la margen del río pues hemos llegado a una finca que tiene cortado el paso y nos obliga a ir buscando el camino que a lo largo del río llega hasta Murchas nuestro destino siguiente una vez en Murchas y sin entrar en el pueblo tomaremos la carretera para ir a visitar la ermita de Lecrín que merece la pena su visita por sus magnificas vistas del valle que desde allí se contemplan.
La ermita del santo cristo, que conserva la devoción a un lienzo (90x60 cm.) el cristo del Zapato original iconografía del S. XVII, que representa al crucificado con un pie calzado, es también arquitectura neoclásica del S. XIX con planta de cruz griega (10x10,80 m), cúpula sobre pechinas y linterna sobre el crucero. posee la talla de un Niño Jesús de vestir, de 55 cm. de altura, con cruz y acetre de plata, pensamos que de principios de S. XIX y escuela granadina.
Una vez satisfechos de las vistas que se contemplan desde la ermita nos dirigimos al pueblo de Murchas ya visitado en excursiones anteriores con la idea de visitar el castillo de Lojuela, callejeamos por el pueblo, El que fuera antiguo poblamiento y lugar estratégico fronterizo cuando la dominación musulmana, (como así lo indican los restos de su acueducto romano "la acequia de los arcos" y las ruinas de su castillo), y luego Ayuntamiento, es hoy un pequeño núcleo de población dentro del municipio de Lecrín y a poco más de 1 Km. de su sede en Talará.



Su término se asienta sobre una terraza aluvial del río Torrente, en una de las zonas más bajas y abrigadas del Valle de Lecrín, lo que justifica la bondad de su clima y la estampa agrícola de sus huertas de naranjos y limoneros. Su casco urbano presenta un moderno trazado, a causa del terremoto de 25 de diciembre de 1884, que arruinó su caserío, siendo reconstruido un año después, según un pretendido esquema de cuadrícula, poco logrado, y con arreglo a un tipo de vivienda de ladrillo y de dos plantas, con balcón central y ventanas a los lados de éste y de puerta central.



Tampoco la iglesia parroquial pudo escapar a los efectos del seísmo, ni a los del incendio posterior, que debieron arruinar su fábrica y la techumbre de madera: a su reconstrucción obedece su actual planta de una sola nave (22x6 m), de cubierta adintelada de yeso y tres entrantes, a modo de capillas, en el tesoro del Evangelio, y en las que se albergan: El espacio de subida a la torre (prisma cuadrangular de 3,50 m de lado y tres cuerpos embebidos con campanario), la capilla bautismal, otra dedicada al Corazón de Jesús y dos más una ciega y otra que sirve de sacristía con acceso por el exterior. De lo que fuera el antiguo retablo mayor de la Iglesia del Salvador, solo quedan algunas esculturas en madera tallada y policromada, probablemente del S. XVII, tales como el Crucifijo de tres clavos, San Juan y la Virgen con el niño, en la cabecera plana de su ábside, y algunas otras tallas sobre mánsulas en los muros, como el arcángel San Miguel (de 1,50 m de altura), Santa Lucía (de 1,30 m y una Virgen de Gracia (de 1,10 m). Hay también una soledad de vestir, un crucifijo en la capilla bautismal y un santo Obispo de madera, sin policromar, de fecha posterior.

El castillo de Lojuela, en un paraje natural de una gran belleza salvaje y de una importancia estratégica grande, en aquella época, por su ubicación.

Aún se conserva la almena y restos de sus murallas. Desde su almena hay una impresionante vista del valle y de sus accesos sur y oeste.

El castillo fue edificado en el siglo XIII por Muley-Hazyn, durante las contiendas habidas con su hijo. En él buscó refugio después de una dura derrota en una batalla.

El Castillo de los Moros o Castillo de la Reina Zoraida, esposa del Rey Mulhacen, nombres por los que también se le conoce, se encuentra situado sobre uno de los dos únicos “arrecifes de coral” del Mioceno (hace 200 millones de años) que afloran en la provincia de Granada y donde podremos recoger fósiles de corales, moluscos, etc. amén de contemplar numerosos restos arqueológicos.

Hay pocos yacimientos que nos indiquen dónde estaba situado Murchas como pueblo en aquel entonces. Es muy probable que se redujese su población a las tropas de la fortificación y a unos pocos lugareños residentes en sus proximidades, en el antiguo trazado romano.
Antes de al castillo de Lojuela tenemos a la derecha del camino de un alojamiento para turismo rural por si queremos disfrutar de unos días de descanso en plena naturaleza.
Desde el castillo hasta llegar al camino que nos conduce de nuevo a Melegís hay que bajar con cuidado ya que el sendero no está bien definido nos sirve de referencia unas antiguas casas abandonadas y en ruina que contemplamos desde el castillo es a donde tenemos que llegar, desde allí tomamos el canal hoy día aún en funcionamiento y siguiendo la vereda bajamos al valle para tomar el camino que nos conducirá de nuevo a Melegís.

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