Tiempo  4 horas 21 minutos

Coordenadas 922

Fecha de subida 17 de julio de 2014

Fecha de realización julio 2014

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862 m
658 m
0
4,2
8,5
16,99 km

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cerca de Möhringen, Baden-Württemberg (Deutschland)



Marcha realizada el martes 15 de julio de 2014
Möhringen es una bonita población encajada entre el curso de los ríos Donau (Danubio) y Krähenbach. Este pueblo pertenece a la ciudad, ya no tan bonita de Tuttlingen. De he hecho, ha sido aquí donde he entendido el sentido de las matrículas de coche alemanas. En primer lugar las dos o tres primeras letras en mayúscula de la población (cabeza de partido, que diríamos nosotros) TUT, después los escudos (uno encima de otro) de dicha población principal y de la que se escribe a continuación MÖH, y que es donde se está empadronado y se supone se ha comprado el coche.

Y por último las cifras, que dependiendo de la antigüedad del coche podrían ir desde dos hasta cuatro. Nosotros a las nueve y media dejábamos el coche en un pequeño aparcamiento en batería, junto a la Kreuzkirche. A destacar que en estas tierras germanas la fe se encuentra dividida, casi a la par, entre católicos y protestantes. La Kreuzkirche o iglesia evangélica pertenecería al ámbito de los protestantes, a los que por cierto también pertenece la actual presidenta, y sobre todo su padre: pastor de ovejas descarriadas y padre de familia. Ni que decir tiene, que todas o casi todas las poblaciones, por pequeñas que sean, también tienen su Katholischekirche o iglesia católica. La marcha la iniciábamos como saliendo de la población hacia la misma carreterita de un solo carril, por la que habíamos entrado, para a los trescientos metros coger una pista asfaltada, que ya no dejamos en los próximos casi tres kilómetros. En este tramo, siempre de ascenso en el que salvamos un desnivel de poco más de doscientos metros, vamos buena parte del tiempo paralelos al río Danubio, el cual es casi imposible ver, por culpa de la espesa vegetación y de los enormes árboles que prácticamente todo el tiempo hay a ambos lados del camino. Al kilómetro y medio desde el inicio, llegamos a una explanada en la que un cuidado campo de maíz y una bucólica ermita marcarán el punto a partir del cual se suavizarán bastante los sesenta metros de ascenso que aún nos quedan. Hasta aquí, ha habido un montón de tramos del camino en los que las frambuesas, recién lavadas por las fuertes tormentas de los días anteriores, nos invitaban a parar y degustar su exquisito sabor. Al medio kilómetro, empezamos a ver troncos perfectamente cortados y apilados, con distintas marcas de color, dependiendo de la antigüedad del corte y madera. Poco más adelante unos extensos pastos que están cortando para ser sembrados de trigo al año siguiente. También junto a los pastos unos amplios trigales, con unas espigas a las que ya queda poco de maduración. Aquí la pista asfaltada ha pasado a ser de tierra, y tras los trigales a la izquierda de nuestra marcha, una zona de acampada y actividades al aire libre para escolares. La verdad es que nos sigue dando envidia, lo bien cuidado y tratado que estos alemanes tienen su entorno natural. Ni que decir de lo bien señalizado que suelen estar todos los caminos. De hecho, poco más de medio kilómetro después de pasar los trigales, nos encontramos de frente con un panel informativo que nos indica las posibles opciones y los kilómetros a cada sitio. Nosotros tenemos claro que debemos continuar por la pista de bajada por la derecha, que nos llevaría hasta Tuttlingen en algo menos de tres kilómetros. Como se comentaba un poco antes, esta ciudad (cabeza de partido) es muy industrial y poco agraciada, comparada con otras poblaciones más pequeñas y bonitas; y como no queremos perder tiempo con ella, pues ya hemos visto lo que teníamos que ver, decidimos acortar por un pequeño atajo, para así poder conectar con la pista, ahora de subida, que nos llevaría hacia la población de Wurmlingen. Tampoco queremos acercarnos a este otro pueblo, y no será porque la fábrica de chocolate Nestlé sea toda una tentación. Así es que, pasado el desvío que nos bajaría hasta dicha población, continuamos por el mismo camino, puesto que queremos llegar a las ruinas de Konzenberg, y aún nos quedan algo más de tres kilómetros. Este tramo que transcurre paralelo al río Elta cierra como si de un triángulo se tratara por su lado norte el macizo de Mülstein que hoy hemos venido a conocer. Al llegar a Konzenberg podemos ver que el perímetro de las ruinas está cercado con una valla de alambre, para evitar posibles accidentes por desprendimiento. Los restos consisten básicamente en una especie de torreón a modo de torre del homenaje de buena altura y mejores muros de piedra, construidos a base de sillares de piedra caliza en bruto, que en la base alcanzan un tamaño considerable, y que van disminuyendo conforme ganan en altura. Este castillo fortificado de Konzenberg (sabido es que a los alemanes les encanta unir palabras, pudiendo enlazar dos, tres y a veces más, y así pues “berg” en alemán es montaña y “konzen” es concentración – fortificación. A destacar que una de las ciudades más peculiares y bonitas, junto a Rottweil “origen de la raza rottweiler” de este estado, poco antes de llegar a Stuttgart es Herrenberg: “hombre de montaña”), que se encuentra a 783 metros de altitud, parece datar de principios del siglo XIII, teniendo su mayor apogeo entre éste y el siguiente siglo. Perteneció a un tal Konrad III. Los Wartenberg, a quienes pertenecían la familia de los Konrad, venden el castillo en 1300 al obispo Enrique II de Constanza. En los siglos siguientes fue destinado a distintos cometidos, incluido el de prisión, y perteneciendo a distintos estados, hasta que en el siglo XIX pasó a formar parte del municipio de Wurmlingen y del estado de Baden-Württemberg. Desde las ruinas hasta Möhringen, poco más de cuatro kilómetros y medio, con rumbo sureste y por una pista de tierra en la que el arbolado pasa a ser mayoritariamente de hoja caduca: hayas, tilos, avellanos, robles, etc., y en los que hemos podido seguir viendo algún que otro caracol, de tamaño alemán; y es que con ocho o diez de estos bien cocinados come una persona adulta y no pasa hambre. Un poco antes de llegar a los cuatro kilómetros y a la altura de la ermita de por la mañana, se ha de dejar el camino que traemos, para coger por la derecha una senda que con fuerte desnivel de bajada nos saca al pueblo en poco más de medio kilómetro, y más en concreto a la calle Ann Mühlberg en la que iniciamos la marcha hace algo menos cuatro horas y media.
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