Tiempo  2 horas 48 minutos

Coordenadas 911

Fecha de subida 24 de enero de 2014

Fecha de realización diciembre 2013

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702 m
537 m
0
2,3
4,6
9,19 km

Vista 942 veces, descargada 21 veces

cerca de Monterrubio de la Serena, Extremadura (España)

Recorrido divertido aunque con un tramo algo complicado en la cara este de La Picuda; hay que pisar con cuidado para cruzar una pedriza en la ladera con mayor pendiente de esta montaña, quizás la más conocida de Monterrubio.

Para hacer este recorrido salimos de la Plaza de España y recorremos el paseo del arroyo de las Pasaderas hasta llegar a la fuente de la Fontanica. Luego seguimos la vía pecuaria recientemente señalizada: "Camino de Sevilla a Puerto de Mejorada" y finalmente empezamos a subir "La Picua".

Por lo demás esta ruta da la vuelta a la Picuda -no llegué a subir a la cima porque no veía por dónde- permitiendo admirar al principio las vistas de El Valle de la Nava, luego las de el valle de arroyo Lobo y para terminar bajamos por Valle Infierno para entrar en Monterrubio por el camino de Peribáñez.
Inicio de un tramo sin camino definido
comienza un sendero
  • Foto de Pedriza de la Picuda
  • Foto de Ermita de San Isidro
  • Foto de Ermita de San Isidro
  • Foto de Ermita de San Isidro
Es una construcción del siglo XIX remodelada recientemente. El 15 de Mayo se celebra una popular romería dedicada al patrón de los agricultores y por lógica de nuestro pueblo. Está enclavada en un paraje cercano a la localidad, rodeada de un extenso parque con diversos servicios, como restaurante, parque infantil, mesas, etc. También se encuentra allí el campo de tiro de la localidad.
  • Foto de Baños de Merino
Algunos le llaman del Capitán, en los mapas también de Peribañez.
  • Foto de Cima de la Picuda
  • Foto de Fuente de la Fontanica
  • Foto de Fuente de la Fontanica
La FONTANICA era otro sitio del pueblo donde a la gente no le quedaba más remedio que ir porque este agua si que era buena para beber. El charco donde manaba la fuente, que se le llamaba «la poceta», estaba excavado en la misma roca, y lo sigue estando aunque bastante deteriorado a pesar de los intentos de conservarlo como estaba antes. Cuentan las personas mayores que nunca la han conocido sin agua por mucha sequía que haya habido. Me cuenta mi tía Dolores que, siendo ella niña, intentaron averiguar de dónde venía el agua y estuvieron haciendo muchas investigaciones pero no encontraron el manantial. Sí lo encontraron de la fuente de al lado, que era donde se lavaban los cántaros; pero siempre se ha sabido que ese agua no era de la misma calidad. La fontanica se ha respetado siempre en nuestro pueblo y me comentaron algunas personas, ya fallecidas, que todo el mundo disponía de ella teniendo buen cuidado en mantenerla limpia y conservarla en buen estado. Se asumía que era de todos, un bien de todos y todos tenían que cooperar. ¿A que persona de entonces, niño, joven o adulto, se le hubiese ocurrido provocar destrozos en la fuente?: a nadie. ¡Lo mismo que ahora!. Como la fuente estaba en el suelo, las personas que se acercaban a llenar sus cántaros se sentaban en una piedra que había justo al lado y, provistos de un «latón», llenaban sus cántaros poniendo antes un colador en la boca del mismo (aunque habitualmente el agua estaba limpia y cristalina). Si la fuente estaba llena hacía justamente «una carga» que eran los cuatro cántaros que llevaba el burro en las aguaderas. Como ya he dicho antes, la fuente estaba siempre muy limpia porque la gente se encargaba de ello por lo menos una vez al día: si llegabas y no había nadie, lo más habitual era que antes de llenar tus cántaros vaciaras y limpiaras tú mismo «la poceta». Hay historias muy curiosas que me han contado: En la calle de la fontanica (mi calle), a la altura de donde estaba el grifo, en la esquina de la calle de la travesía, había una piedra grande, de cantería, a la que llamaban «la cruz chica»; allí casi terminaba el pueblo y cuando la gente iba a por agua a la fontanica. tenía como norma que el primero que pasaba por esta piedra, era también el primero en llenar sus cántaros de agua en la fontanica; era como una especie de «meta» ya que hacían sus «carrerillas» con los burros para ver quien era el primero en llegar y luego respetaban el turno cuando llegaban a la fontanica. Parece ser que, al lado de la piedra y por la madrugada, a partir de una determinada hora, iban poniendo sus cántaros cogiendo para coger el turno.
  • Foto de Fuente de El Pilar
  • Foto de Fuente de El Pilar
Unos de los sitios más típicos y concurridos de nuestro viejo Monterrubio era, sin lugar a dudas, EL PILAR. Allí se iba, además de a lavar como luego diré, a por agua para la casa; se cogía directamente de la caja y así no había que guardar colas ya que metiendo el cántaro dentro de la misma se terminaba enseguida. No tenemos que olvidar que en las casas no existía agua corriente y de allí, junto con la de los pozos, se suministraba el agua que se necesitaba para fregar la casa, regar las flores, para los animales, etc., en fin, todo lo que no fuese para beber, porque para beber y el aseo personal sí se cogía de los caños. Sobre todo por la mañana temprano, pero también al anochecer, era un sitio muy transitado porque se llevaban las caballerías a beber. Bueno, unos iban a darles agua a los animales y «otras», a por agua «con su burro al pilar», como dice la jota y ese era el sitio y el momento en el que algunas parejas quedaban para verse, habiéndolo concertado previamente. El pilar también cumplía una función muy importante como lavadero de! pueblo: Las mujeres que no tenían pozos en casa tenían que lavar fuera y este era el sitio, ya que en los años de nuestras abuelas estaba muy bien preparado, el arroyo cuidado y limpio. El lavadero estaba todo techado, tendría unos veinte metros de largo por dos de ancho; con sus piedras de «cantería» a las que se les llamaban «batieros» y que puestas en el suelo y a los lados del arroyo de forma inclinada formaban una «caja» para que las mujeres, puestas de rodillas, «batieran» y lavaran la ropa. El lavadero estaba dividido en dos: uno pequeño que le llamaban «el charquete», que estaba en la cabecera por donde entraba el agua del arroyo y se utilizaba para aclarar la ropa (que en el pueblo se le llama torcer); y el otro charco, más largo que era donde lavaban la ropa. El agua iba siempre corriendo y para poder tener un poco de embalse, de charco, había que tapar el lavadero con unos buenos tapones (generalmente hechos de trapos). Por riguroso orden las mujeres o mocitas iban cogiendo los batieros de arriba, en el charco más grande, que como he dicho antes era donde se lavaba (se enjabonaba, se restregaba, se batía), y las que iban llegando más tarde tenían que ocupar los sitios de más abajo y aguantar el agua sucia y la espuma de las demás. Cuando terminaban y tenían que «torcer» la ropa había que pedir turno para hacerlo en el «charquete», que era el sitio, como ya he dicho, solo destinado para aclarar. Las mujeres madrugaban mucho para coger los mejores sitios ya que cuando iban a lavar se quedaban allí casi todo el día, hasta se llevaban la comida. Lavar la ropa en aquellos tiempos era todo un rito, ya que se carecía de muchos productos como los que tenemos ahora, por eso, llevaban unos grandes calderos y hacían lumbre, mezclaban ceniza con agua, la dejaban cocer y, después que reposase, la colaban y esta mezcla era una especie de lejía que se echaba a la ropa blanca. A esto le decían «colar la ropa» y se hacia principalmente en invierno ya que cuando hacía buen tiempo tendían la ropa al sol y, para que quedase blanca, la regaban muchas veces; ni que decir tiene que la ropa quedaba muy «espercudía» como se decía en aquellos tiempos. Después de «solearla», aún sin aclarar, la volvían a enjabonar y a esta nueva labor la llamaban «la miaja» y después ya se «torcía», es decir se aclaraba. Respecto a esta especie de lejía que se hacía en el pueblo, me parece interesante lo que he encontrado en el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz (1845-1850) que dice, al hablar de Monterrubio de la Serena: «... a cuarenta pasos al E. hay un horno donde se elabora una especie de ceniza que llaman cendra, de la que usan los tintoreros para sus lejías, único establecimiento de esta clase que hay en toda la provincia y aún en las inmediatas, del cual se surten los tintoreros de ellas». Como he dicho anteriormente, la gente madrugaba mucho para estos trabajos y a veces se formaban unas buenas trifulcas: siempre había alguna espabilada que llegaba la última y quería ponerse la primera, así que se armaba la «marimorena» con algunas buenas riñas: las que habían llegado antes no dejaban lavar a la espabilada, ni a las demás, ya que alguna se metía en el arroyo y con un palo revolvía el agua y allí se acabó el lavar. A esto le llamaban dar «jurrio a la regaera». Pagaban justos por pecadores porque tenían que vaciar todo el agua de los charcos y esperar a que las aguas se calmaran: las del arroyo y también las de los ánimos. Pero bueno, como no hay mal que por bien no venga, estos ratitos se aprovechaban para ponerse al día de los acontecimientos de la población. Y muchas personas mayores recuerdan algunas canciones que en carnaval se cantaban en las estudiantinas haciendo mención a las cosas que pasaban en el pilar durante el año.
  • Foto de Iglesia de Monterrubio
Nuestra Sra. de la Consolación, excelente obra gótica del XVI ejecutada en piedra y sillería, con hermosas portadas de elaborada labra, cabecera de acusado volumen, torre a los pies y bóveda de crucería en el interior. En su entorno se ordena la parte más antigua del pueblo con una buena presencia de arquitectura popular, siendo la pieza de valor más sobresaliente la casa del siglo XVI llamada "del Cordón" por la labra de su magnífica portada, se sitúa en la Plaza Mayor frente a la iglesia.
  • Foto de Cruce con la antigua carretera
Antes de que hicieran la antigua carretera que sube por el Valle de la Nava, ésta era la que llevaba desde Monterrubio a Peraleda.
  • Foto de Campamento
En esta zona aislada de Monterrubio vive separado del mundo como ermitaño el que llaman "El cano de la Picua".

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