Coordenadas 1244

Fecha de subida 26 de septiembre de 2017

Fecha de realización septiembre 2017

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772 m
394 m
0
5,5
11
22,02 km

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cerca de Girbeta, Aragón (España)

Los días 21 a 24 de septiembre nos hemos desplazado de Valencia hasta el albergue de Montfalcó, en Huesca, para hacer unas rutas de montaña, en especial queríamos hacer el recorrido del Congost de Mont-Rebei, subir las pasarelas y pasar el estrecho. El segundo día hicimos la subida a la cima del llamado Monsech de Aragón, hasta alcanzar el vértice geodésico del Mungay, de 1.328 metros.
Salimos desde Valencia por la autovía de Teruel, pasando por Zaragoza, Huesca, Barbastro, Benabarre, hasta llegar a Viacamp, donde cogimos un desvío a la derecha, que pronto se convirtió en camino de tierra, con muchas curvas y un firme irregular en algunos tramos, de 15 km que se hacen largos. Llegamos al albergue de Montfalcó que está situado en una zona privilegiada, con unas vistas muy bonitas del embalse de Canelles, sobre el Noguera Pallaresa. El albergue es acogedor, está dividido en salas pequeñas, nosotros tuvimos una sala solamente para nosotros. La comida bien y el precio también, con el descuento por estar federados la media pensión nos salió a 27€.

Viernes 22 de septiembre – El Congost de Mont-Rebei – Nuestro plan era salir del albergue al embarcadero y hacer el recorrido de ida en catamarán hasta el principio del embalse, en la Masieta, para luego hacer el recorrido de vuelta caminando, pero nos llamaron diciendo que no podía ser de esta forma, porque debido a la sequía, el embalse no tenía agua suficiente para circular el catamarán. Así que, haríamos el recorrido de ida y vuelta caminando.
Salimos del albergue temprano, desde allí mismo cogemos una senda en bajada pronunciada hasta llegar cerca del embalse. Es una senda bien señalizada y acondicionada, con información de todo tipo, tanto de vegetación como de fauna. Después de bajar 100 metros de desnivel, pasamos junto a la fuente de Montfalcó, un bonito rincón, pero la fuente estaba seca, por lo que es conveniente salir con la reserva de agua desde el albergue.
La senda discurre entre vegetación y es muy agradable de caminar, pasa junto al corral de la viña, donde solamente quedan en pie dos paredes en medio de la vegetación.
Por fin llegamos al pie de la primera pasarela, íbamos con toda la emoción como el primer día de clase en el colegio. Empezamos a subir los escalones y no nos defraudó, pues es una pasada, subimos las escaleras despacio, intentando disfrutar del momento, aunque cuando subes y miras el paisaje la sensación de peligro se difumina y es menor que cuando lo he visto en algún reportaje. Todos haciendo fotos y charlando hasta llegar arriba.
Luego cogemos una senda que vuelve a bajar unos metros, para nuevamente empezar a subir la segunda pasarela y nuevamente vuelven las emociones fuertes, las fotos para el recuerdo y las impresionantes vistas de todos los lados.
Al terminar las pasarelas cogemos una senda que baja hasta el primer puente. Esta senda, aunque está arreglada tiene una fuerte pendiente. Pasar el puente metálico es otro de los puntos emocionantes, pero solamente si pasan varios a la vez y se mueve algo puede dar sensación de vértigo, pero el que ha pasado las pasarelas esto le parece poca cosa.
Por el puente hemos pasado a la parte catalana, es donde nos juntamos con el camino de la Pertusa que viene desde Áger y siguiendo este camino empezamos el paso del estrecho, el llamado Congost de Mont-Rebei.
El camino está excavado en la roca, tiene una anchura suficiente incluso para cruzarse dos personas, pero le han puesto un cable junto a la roca para mayor seguridad.
En la primera curva, está la cueva Colomera, donde hicimos una parada para beber agua y hacernos unas fotos, junto a unos bancos colocados a la parte del acantilado, sin saber que luego sería importante este lugar. Luego pasamos por un pequeño túnel, varias curvas, aprovechamos los lugares donde se puede ver el estrecho con más amplitud para sacar unas fotos de lejanía, hasta que la senda sale del estrecho, se hace más amplio y vemos en el fondo solamente el rio Noguera con los restos de hasta donde llegaba el embalse, que ahora al haberlo vaciado solamente vemos las señales.
Un poco más adelante llegamos al segundo puente metálico, pero este puente es para pasar un barranco que ahora no lleva agua y que desemboca en el río Noguera.
En este lugar es donde decidimos volvernos y no llegar hasta la Masieta, porque las nubes se habían oscurecido, empezamos a oír unos truenos y nos pareció más prudente volver.
El camino de vuelta lo hicimos con rapidez, mientras tanto nos íbamos poniendo los chubasqueros y preparándonos para la lluvia. Pasamos por el pequeño túnel sin detenernos y empezaron a caer las primeras gotas, hasta que llegamos a la curva de la cueva Colomera, donde después de un gran trueno empezó a llover fuerte y nos quedamos parados en este pequeño refugio improvisado de la senda. La tormenta fue de las grandes que recuerdo, el agua caía por todas partes, de la parte de arriba del monte caían grandes chorreras a la senda, hasta la senda empezó a llenarse de agua también, se hizo todo oscuro, parecía de noche, el agua no paraba de caer con fuerza. Estábamos ya mojados y decidimos salir, pero en dirección a la Masieta, porque no atravesábamos ningún barranquito, que ahora bajaban llenos de agua y cortaban el paso. Llegó un momento que cesó la intensidad de la lluvia y empezamos a caminar, aunque las chorreras de la parte de arriba nos caían encima y la amplitud de la senda no daba opción de apartarse.
Hemos podido comprobar en directo, que la emoción de pasar la senda del estrecho en un día normal puede aumentarse, si le sumamos una nueva emoción de resistir una tormenta de estas características.
Ha sido una experiencia inolvidable, ni contándola, ni viendo las fotos se puede trasmitir lo que hemos vivido en este recorrido. También nos ayudó mucho el haber pasado estos momentos en un grupo que siempre se mantuvo muy unido.
Una vez salimos del estrecho la tormenta empezó a perder intensidad y el camino hasta la Masieta fue fácil, como estábamos calados hasta los huesos, los grandes charcos los pasábamos por dentro, sin importar que el agua nos cubriese la bota totalmente.
Cuando llegamos a la Masieta dejó de llover y nos ayudaron a llamar a un taxi que nos recogió y nos llevó por carretera pasando por Pont de Montañana y Viacamp hasta el albergue, donde nos dimos una muy buena ducha con agua caliente.
A última hora de la tarde se despejó todo y pudimos dar un pequeño paseo alrededor del albergue, comentando esta experiencia y como seguiremos recordando durante algún tiempo…
Quan el congost s'obre i passa a ser mes ampla

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