Tiempo en movimiento  4 horas 50 minutos

Tiempo  5 horas 44 minutos

Coordenadas 3217

Fecha de subida 5 de mayo de 2019

Fecha de realización mayo 2019

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1.035 m
556 m
0
4,6
9,3
18,55 km

Vista 127 veces, descargada 6 veces

cerca de Oña, Castilla y León (España)

Una buena vuelta para disfrutar de un bonito entorno recorriendo unos parajes únicos y de gran belleza.
Una vuelta que podremos realizar en cualquier época, eligiendo a poder ser un día en que se permitan las vistas con las cuales estaremos distraídos en gran parte del recorrido.
Los desniveles no son excesivos, sin embargo tanto la subida como la bajada se concentran en prácticamente dos tramos.
NOTA:
Aunque la mayoría transcurre por camino, hay un tramo que quiero destacar, ya que la vegetación nos va a dificultar el avance. Se trata del descenso desde el Waipoint "tramo confuso" durante unos 600m.en el que seguir algún antiguo sendero va a ser misión imposible a causa de la vegetación, arboles caídos etc. Que van a obligarnos a zigzaguear bajo el arbolado. Aunque siguiendo como referente este trac terminaremos llegando a un camino que nos va a guiar hasta la traza de la vía en los desfiladeros de los Hocinos.
Comenzaremos nuestra andadura desde el aparcamiento de la antigua estación del tren de Oña, cogemos el trazado del antiguo ferrocarril hasta el paso a nivel, que cogemos el sendero nos guiara a través de las marcas y el acondicionado paseo junto al rio Oca.
Entretenidos con el bonito paisaje que iremos viendo y tras cruzar el rio en al menos cuatro ocasiones continuaremos nuestra andadura siguiendo las marcas del SLC-BU-107 que abandona el entorno del rio Oca en dirección Este a través del camino asfaltado que asciende suavemente por el Vallejo de Cueva ladrones y el arroyo de Valmoral hasta pasar junto a una vaquería.
Las indicaciones para subir a Los Miradores nos desviaran por un camino que sale a nuestra izquierda y por el que vamos a ir ganando altura entre retorcidos pinos y en constantes zigzagueos del mismo hasta el refugio de Pociles. Junto al refugio existen algunas mesas y una buena fuente en la que podremos coger agua para el resto de la ruta.
A partir del refugio vamos a tener un tramo de sendero y camino estrecho que se encarama ladera arriba en dirección Norte, zigzagueando y ganando altura hasta meterse bajo la línea de A.T.por la cual continuaremos hasta conectar con el camino de Traserna.
Tomaremos el amplio camino hacia la izquierda y continuaremos ahora rumbo al Oeste girando al Norte por el cómodo tramo que nos guiara también entre pinos y boj mayormente hasta la parte más alta y tras un nuevo desvió a la izquierda hasta la cima del pico Los Miradores. Coronado por un repetidor, esta será nuestra cima del día y como bien indica su nombre, ofrece varios miradores desde donde podremos observar parte del desfiladero de los Hocinos al cual terminaremos bajando más tarde.
Abandonaremos la cima por el mismo camino que habíamos venido hasta llegar a unos cortafuegos que tomaremos a la derecha. El tramo esta tupido de vegetación baja y por senda del ganado descenderemos una empinada pendiente hasta la hondonada.
De nuevo giraremos a la derecha, buscando una entrada entre la vegetación que es la que nos va condicionar en este tramo. El tramo en cuestión es un sotobosque de hayedo principalmente que está cubierto de boj, espino y ramas caídas que van a condicionar nuestra andadura en estos 600m.que tendremos que caminar hasta tomar un camino por el que acceden vehículos de cazadores y que está cubierto de vegetación menuda, esto no va a impedir que siguiendo el mismo, en continuo zigzagueo y tramos con bastante desnivel podamos llegar hasta el abandonado trazado del ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Tomaremos a la izquierda en un tramo que discurre muy cerca del rio Ebro y encajonado por el desfiladero de los hocinos. Es este un tramo entretenido ya que iremos distraídos mirando las caprichosas formas de las rocas que gobiernan el entorno.
El camino es bastante llano, ya que es la misma vía abandonada, sin embargo esa piedra gorda del suelo hará que nuestros pies no vayan demasiado cómodos.
Llegaremos y nos adentraremos en el primer túnel para el que recomiendo llevar una linterna, ya que hace curva y llega el momento que se oscurece bastante.
Saldremos del túnel y el rio Oca llamara nuestra atención con el estruendo del agua precipitándose por el desfiladero.
Continuaremos por el tramo de vía durante 800m.mas para abandonarlo por un camino a la izquierda que guiara nuestros pasos bajo grandes árboles hasta llegar a la Santé. Un bonito entorno que veremos de paso en nuestra andadura.
Continuaremos por el camino en la misma dirección hasta llegar al vallejo de cueva ladrones por donde habíamos pasado ya. Tomaremos el camino a la inversa hasta llegar de nuevo junto al rio Oca para remontar junto al mismo por el desfiladero, pero en esta ocasión por el trazado del ferrocarril para tras cruzar el puente que aún conserva sus railes, continuar cruzando túneles y admirando el paisaje del desfiladero hasta Llegar a lo que fue la estación de Oña y el aparcamiento, dando por terminada esta bonita ruta.
SANTE, UN PALACIO A ORILLAS DEL OCA Situado entre Oña y Trespaderne, incrustada en la negrura del monte, Sante ha sido en los últimos siglos una finca particular. Ello ha permitido que estudiosos de la historia y el arte y curiosos en general hayan tenido que conformarse con observar a distancia el precioso lugar y su palacio mezcla de chalé indiano y palacio del renacimiento. La propiedad privada de Sante no ha sido obstáculo para que, aprovechándose de su soledad, nocturnos saqueadores de palacios y ermitas hayan campado por sus respetos y desvalijado hasta el agotamiento todo el valor mueble de este edificio. Y lo que es peor, hay quien, incluso, habiendo tenido ocasión de visitarlo, cuenta que el tejado, lleno de goteras, amenaza con derrumbarse. No evitar su ruina, dejar que desaparezca este bello palacio, produciría en el patrimonio estético burgalés un hondo vacío, lo cual podría evitarse si las instituciones competentes se hicieran cargo de ello llegando a un entendimiento con sus actuales propietarios. Con el ánimo de recabar información de los guardeses, un no muy lejano día, visitamos esta finca, encontrándonos en primer término con un elevado puente sobre el río Oca y un viejo edificio en cuyo frente un cartel anunciaba “Fábrica de aguarrás. Se prohibe fumar”. Superado el citado puente, a los pocos metros, ocultos ya por los hierbajos, se cruzan los roñosos railes de la fenecida línea férrea Santander-Mediterráneo. Un poco más adelante y siguiendo un idílico sendero puede verse, a un lado, la Fuente del Cenador, que surge caudalosa del suelo y está rodeada por un banco de piedra ganado al talud. No es necesario un gran esfuerzo para imaginarse sentados en este sombrío fontanar a damas almidonadas y caballeros de bigotes retorcidos, con un vasito de cristal, tomado medicinales aguas. Pero esta imagen sería en verdad engañosa, pues el generoso venero no tiene propiedad terapéutica alguna. Son aguas duras, nacidas de las entrañas de la caliza, en las que malcuecen los garbanzos. Prosigue el suave camino, con gran arbolado a un lado y un viejo muro de piedra, recubierto de hiedra, al otro. Tras dejar atrás un oxidado “Ojo al tren. Paso sin guarda”, se desemboca en una explanada con aterrazamientos y coquetas balaustradas de piedra. Los jardines abandonados esconden entre la maleza algunos románticos bancos, también de piedra. Y sobre todo ello, majestuoso, se alza el gran palacio de Sante, un enorme edificio, construido con espléndidos sillares, que parece competir con los grandes palacios del siglo XVI. Nombre e historia de Sante El nombre de Sante viene derivado, según el historiador benedictino Argaiz, de su origen "Vallis Sanctis", muy probablemente relacionado con todo el movimiento eremítico y/o monacal que se vivió en este valle y en el de Valdivielso durante la Alta Edad Media. Hay quien, sin embargo, en la actualidad se empeña en vincular tal denominación con la posible utilización de este lugar como balneario o casa de salud y reposo, y por ello acentúan Santé, confiriéndole de esta manera un carácter afrancesado que no le corresponde. Aparece nombrado Sante con relativa frecuencia en la documentación medieval. Siguiendo la “Colección Diplomática de San Salvador de Oña (822-1214)”, lo vemos citado como parte de las donaciones que se hacen al cenobio fundado por el conde Don Sancho. Por otro lado, en el libro “Documentación del monasterio de San Salvador (1032-1284)” de Isabel Oceja, se da a conocer un documento de 1069 en el que el hidalgo Juan da al abad de Oña una casa que tenía en el lugar de Sante. Y también, por otro documento de 1274 se sabe que en esa fecha había iglesia y que la misma estaba bajo la advocación de San Andrés, al que se cita como San Andrés de Sante. Los dos últimos documentos, pues, parecen querer demostrar que ya en aquellos siglos había un núcleo de población. En época moderna, en el Diccionario de P. Madoz se menciona la existencia de un palacio: “Sante conserva el palacio que hizo edificar y habitó el mencionado conde Don Sancho”. Se refiere el geógrafo al conde fundador de Oña, pero resulta evidente que la fecha de fundación no concuerda con la arquitectura del edificio actual, cuyos dos primeros cuerpos y la solana con arquerías parecen de época herreriana. Las torres que ahora pueden verse, según la tradición oral conservada por los actuales guardeses de Sante, “fueron construidas por Lino Zaldívar, maestro de Cereceda que hizo fortuna en América en el siglo pasado (en el XIX)”, Cuenta Pilar García, la guardesa, que “Las piedras empleadas para su construcción fueron traídas en carros de bueyes desde el valle de Valdivielso”, y que “Lino Zaldívar compró Sante a los monjes benedictinos de San Salvador de Oña, que lo tenían como residencia de ancianos”. Por otra parte, en un padrón de inmuebles del Ayuntamiento de Oña de 1905 figura la finca de Sante como propiedad de Pascual Bordix, y el resinero Miguel Rebolleda como su administrador. Cuentan que por entonces era una finca de recreo veraniego, servida por un gran número de servidumbre uniformada; que durante la Guerra Civil Española, la gran casona palaciega estuvo ocupado por las tropas alemanas, y que finalmente, hará unos veinte años, esta fue comprada por una mujer de San Sebastián, después de que su venta fuera anunciada en los periódicos de las provincias vascongadas. Hace más de veinte años que nadie habita en Sante; su actual dueña no ha dado utilidad alguna al edificio y los enemigos naturales del patrimonio histórico, artístico y estético amenazan con llevarlo a la ruina. Sería una gran pérdida que lamentaríamos todos los burgaleses.

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