Tiempo en movimiento  2 horas 6 minutos

Tiempo  2 horas 21 minutos

Coordenadas 1459

Fecha de subida 27 de septiembre de 2019

Fecha de realización septiembre 2019

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948 m
571 m
0
2,0
4,0
7,93 km

Vista 106 veces, descargada 3 veces

cerca de Oña, Castilla y León (España)

Comienzo el recorrido en la estación del tren, ascendiendo hasta la antena de TV. Atravesamos un campo de frutales y afrontamos el ascenso por una estrecha y pendiente senda que corona el Portillo Amargo. La vista de Oña, presidida por el Monasterio de San Salvador, es excepcional.
Continuaremos ascendiendo, entre pinos y encinas, por una camino mas ancho. Antes de llegar al tendido eléctrico, comenzamos un fuerte descenso por un empinado portillo (precaución con la piedra suelta).
Desde el pinar, una ancha pista nos encamina hacia Tamayo. Cuidado al pasar, ya que esta población se encuentra en ruinas. Un suave camino nos lleva a Oña.
Recomendaciones
La dificultad de la ruta reside en el fuerte desnivel de los portillos. Hay que tener precaución en el ascenso y descenso por las piedras sueltas. Llevar calzado adecuado.
Por el riesgo que supone, evita realizar el sendero en época de caza y en días de niebla y nieve.

Hoy toca escribir sobre otro de los pueblos emblemáticos de la despoblación en Burgos. Se trata del histórico núcleo de Tamayo, en las proximidades de la gran villa de Oña. Su todavía desafiante perfil puede ser visto por todos los conductores que circulan por este tramo de la N-232.
Tamayo, a la sombra de su importante vecina, fue siempre un lugar de señorío, como lo atestigua su historia y los restos de sus edificaciones. Situado a la vera del camino real entre la Bureba y medina de Pomar, tuvo siempre en el comercio uno de sus principales baluartes. Pero, con el tiempo, la que fue causa de su auge también lo sería de su ruina. El gran carácter expansivo de la villa oniense impediría el desarrollo de esta localidad y acabaría ahogándola.
La construcción de la nueva carretera apartada del pueblo supuso el tiro de gracia para una localidad que vivió un pequeño auge a principios del siglo pasado, siendo ocupada por algunos trabajadores del cercano canal de Trespaderne y de la residencia de Oña; pero todo acabaría a finales de los sesenta; aunque en la actualidad una familia se ha instalado en la localidad para vivir de forma más o menos estable.
El paseo por las calles (históricamente empedradas) de Tamayo aún nos permite ver las paredes (ya sin tejado ni puertas) de sus recias construcciones, invadidas por la vegetación. Se puede hablar de la misma manera de su monumental iglesia, que resiste en pie. Aunque la ruina de esta iglesia, consagrada a San Miguel, no es nueva ni mucho menos, su incorporación a la lista roja del patrimonio es reciente (de este mismo año 2018).
Su interior presenta el estado deplorable al que tan acostumbrados estamos los que visitamos los templos abandonados de Burgo: Suelos reventados, pintadas... La bóvedas resisten aunque sólo es cuestión de tiempo que cedan.
Al lado de la iglesia hay un venerable ejemplar de moral. No olvidemos que cerca del pueblo se halla la ermita en la que la tradición sitúa el retiro de San Vitores. Una vez más la relación entre los morales y este santo.

Cuenta la tradición que los últimos niños de Tamayo se subían por las ramas de este moral para entrar por las ventanas del cercano palacio. También eran utilizadas las ramas por el último sacristán para acceder al campanario, cuando la escalera de acceso no ofrecía ya garantías.

Desde algunas casas del pueblo se puede acceder a los restos de las antiguas bodegas; algunas de las cuales podrían tener un origen eremítico. Otro resto del patrimonio de este pueblo es un gran paredón, último rastro de una torre con origen en el siglo XIV y que formó parte del patrimonio de los Salazar. Una leyenda atribuye a don Gómez, noble caballero de la corte de Alfonso II "el casto", la fundación del solar que sentaría las bases de la creación de Tamayo.

Aportamos un pequeño halo de esperanza mencionando la creación de la Asociación UNPORTA (Unidos por Tamayo). Formada por antiguos vecinos y sobre todo por personas que llevan el apellido Tamayo, toponímico bastante extendido en España e incluso en el extranjero, mantienen una página web y realizan al menos un encuentro anual en los restos del pueblo. Al último asistió incluso el propio Elías Rubio, autor del libro “Los pueblos del silencio”.
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Signo de la derecha marcada blanco y verde

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Camino de la izquierda hasta Tamayo

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Senda de la izquierda

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Senda entre los pinos

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Camino de la izquierda

Waypoint

Foto

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