Tiempo  3 horas 21 minutos

Coordenadas 1490

Fecha de subida 5 de septiembre de 2016

Fecha de realización agosto 2016

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1.457 m
1.327 m
0
3,1
6,1
12,23 km

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cerca de Păltiniș, Județul Sibiu (România)



Marcha realizada el martes 9 de agosto de 2016
El Parque Nacional de las Montañas Cindrel se encuentra en plenos Cárpatos, y los propios rumanos lo consideran uno de los lugares más salvajes de todo su país. Y todo ello a pesar de que para llegar hasta aquí, hemos dejado atrás la estación de esquí de Paltinis, pero no nos engañemos pues muchas cosas en Rumanía no son lo que parecen.

Esta zona, además de tierra de buen queso y grandes rebaños de ovejas, también acoge a bastantes osos y lobos, y de ahí que aunque en algunas guías muestren de forma muy bucólica la posibilidad de hablar con los pastores, hay que tener mucho cuidado con los grupos de grandes perros pastores que no suelen ser nada amigables. Como en tantos otros sitios, aquí también tienen su leyenda de los lagos glaciares; y es que según cuentan un joven pastor llamado Cindrel se enamoró de la también joven y bella hija de unos pastores vecinos. Hasta aquí todo bien, si no fuera porque al mismo tiempo la fea hija de un gigante de la zona también se enamoró de un joven Cindrel, que lógicamente rehusó a casarse con ella. Un gigante como era el padre, no podía tomar esta afrenta de cualquier manera, y de un simple mamporro lo mandó al otro barrio. Pues bien, las lágrimas de la joven y bella hija de los pastores (que tendrían que haber acabado siendo los únicos y auténticos suegros) lloró tanto y tan amargamente que sus lágrimas se acabaron convirtiendo en los lagos glaciares: Lezer Pequeño y Lezer Grande. A nosotros hoy tampoco nos acompaña el tiempo, y el último tramo de carretera nos ha mostrado un líquido elemento al que empezamos a acostumbrarnos en pleno mes de agosto, por estas tierras “dejadas de la mano de Dios” (que diría mi abuelo). A los cuatro o cinco kilómetros de pasar la estación de Paltinis hemos visto un buen sitio para dejar el coche. Desde el mismo aparcamiento, sale una pista de grava, que en unos cuatro kilómetros llega hasta una especie de albergue-refugio de nombre Santa. Nosotros con rumbo casi todo el tiempo hacia el este, vamos a seguir durante los tres primeros kilómetros esta pista, hasta que al llegar a una bifurcación, la dejamos de frente, para tomar por la derecha una senda que cada vez se interna más en este recóndito paraje. Al poco, nos encontramos un letrero que nos informa de la posibilidad de cruzarse con lobos, estos sí de carne y hueso, y no los vampiros de Transilvania. Nos llama la atención la gran cantidad y variedad de setas que hay en pleno mes de agosto, lo que no es de extrañar, pues además de lo empapado que está el suelo nos han dicho que ya a finales de septiembre las temperaturas caen en picado, con inviernos mucho más crudos y nevados de lo que ahora pudiera parecer. Desde el cruce, continuamos otros tres kilómetros más, sin dejar nunca la misma senda, ya que ni hemos visto camino alguno ni tampoco posibilidad de dar con alguna circular de regreso; hasta que al llegar a una zona, tipo braña que dirían los asturianos, decidimos regresar sobre nuestros pasos, ya que la lluvia que nos ha ido acompañando a ratos durante la ida, ahora lleva un buen rato que no da cuartelillo, e incluso por los truenos, la tormenta parece acercarse cada vez más a esta zona. Ni que decir tiene, que ni hemos visto, oído ni olido a ningún cuadrúpedo parecido a un lobo, y mucho menos a plantígrado alguno, que nos hubiera recordado a los grizzlies y osos negros, que el verano pasado pudimos ver en Denali y Katmai en Alaska.

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