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Fecha de subida 16 de enero de 2014

Fecha de realización enero 2014

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cerca de Cañete, Castilla-La Mancha (España)

Paseo por la villa de Cañete, enclavado en el centro de la Serranía de Cuenca, cercada de montañas y profundos barrancos surcados por el Cabriel y sus afluentes. Su entorno natural brinda el relajo y la oportunidad de deleitarse con un paisaje poco frecuente de piedras talladas, cascadas y hoces que aún nos permiten descubrir por sus senderos rincones tan bellos como alejados de la premura y la civilización.

La villa conserva la unicidad de su sello árabe defensivo. Los restos del castillo vigilan desde la roca y desde allí despliega los brazos de su muralla que abrazan la población en un lazo perfecto, rotundo y secular. Ajustada al terreno y valiéndose de él cuenta en algunos tramos con el límite natural del río que le regala un foso de corrientes. Conserva las puertas de San Bartolomé y las Eras, para introducirnos en una localidad con sabor, que ha sabido conservar la tradición popular de calles, plazas y casas, rellenando los huecos de sus gloriosas joyas arquitectónicas.

Entre sus templos destacan, la iglesia de Santiago, la de San Julián o la ermita de la Virgen de la Zarza. De la mezcla de la arquitectura de culto, popular y civil, surge el conjunto de la Plaza Mayor, que se distingue por su antigüedad y solera de otras de la provincia, a la vez que reúne todos los elementos, y algunos más, que constituyen su categoría.

Mezcla de monumentalidad y naturaleza el Postigo es símbolo de Cañete y se extiende como una bisagra bajo la muralla, que pudiera abatir desde la urbe la huerta y la industria. La Picota, se separa de la roca del castillo merced a que el río Tinte en el capricho de su trazo corta la elevación regalando a Cañete un excepcional mirador natural, donde el viajero podrá detenerse junto a imagen del Sagrado Corazón a saborear la llegada a su encuentro o reposar la nostalgia de su partida.


La comarca de Cañete se enmarca en lo que geográficamente se denomina la Serranía de Cuenca, que junto con la vecina Sierra de Albarracín y la comarca valenciana de Los Serranos forman la estribación más meridional del Sistema Ibérico. Se trata de un conjunto montañoso de gran amplitud (casi 7.000 kilómetros cuadrados sólo para la Sierra de Cuenca) poblada por una masa forestal colosal. Dentro de la Serranía de Cuenca, Cañete y su área ocupan la parte central del macizo. Se trata de una zona muy poco poblada, casi un desierto demográfico, con núcleos pequeños y muy separados entre sí.



No olvides visitar el sitio web oficial de Cañete:

http://www.villadecanete.com/

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Arquitectura religiosa

Ermita de la Virgen de la Zarza, Patrona de Cañete

La ermita de la Virgen de la Zarza, Patrona de Cañete, se ubica extramuros de la población junto a la puerta del mismo nombre. Santuario de profundas devociones, es el epicentro religioso de la villa. El origen del culto mariano en este lugar hay que buscarlo en los siglos XIII o XIV, según la tradición a raíz de la aparición en los alrededores de una imagen sobre un zarzal. Se construyó por entonces una primitiva ermita casi adosada a la muralla, de escaso tamaño y fábrica deleznable. Nada queda de aquel primer templo salvo la espadaña exenta, para cuya construcción se aprovechó un paredón de la muralla islámica. De rústica construcción y sin estilos identificables, la espadaña ha sobrevivido al paso del tiempo. La ermita actual es el segundo edificio de esta función, reedificado en estilo barroco rural durante los siglos XVII y XVIII. Sin duda se buscaba una mayor capacidad y una mejor calidad constructiva acorde con el auge de los cultos. Tanto exterior como interiormente el edificio es de gran sencillez y sobriedad, aunque de dimensiones considerables. Presenta planta rectangular de una sola nave dividida en cuatro tramos más el camarín. La portada es de arco de medio punto, sin adornos. En el interior hay que destacar las vistosas zapatas del coro. La talla de la Virgen es obra románica de transición al gótico, muy reformada por policromías posteriores y vestida en los años barrocos. La ermita vive los momentos más emotivos del año durante la fiesta de la Virgen, los días 7 al 12 de septiembre. Otro momento entrañable es el canto de los Mayos, el día 30 de abril. Los orígenes del culto a la Virgen de la Zarza son tan antiguos como oscuros, hecho frecuente en este tipo de devociones marianas rurales. La leyenda de la aparición es una de las más peculiares de la provincia de Cuenca, ya que se aparta de los patrones hagiográficos de aparición de imágenes sacras. Según esta leyenda, la imagen de la Virgen originalmente habría estado colocada sobre el portón de la iglesia-fortaleza de la cercana villa de Castielfabib, en el reino de Valencia. De ahí se trasladó milagrosamente a Cañete durante la noche para ser encontrada por los vecinos al amanecer, con el lógico entusiasmo. Enterados del hecho los de Castiel reclamaron la imagen, que creían robada por los castellanos. Mal que bien los cañeteros consintieron en su devolución para evitar males mayores, y la imagen fue llevada de vuelta a Castielfabib y custodiada. De nada sirvió: a la noche siguiente la talla de la Virgen volvió a trasportarse de forma portentosa hasta Cañete. Creyéndose burlados por segunda vez, las gentes de Castiel formaron hueste y atacaron por sorpresa las tierras cañeteras, talando la vega y poniendo cerco a la población sin conseguir tomarla. Cuando ya se retiraban cargados con el botín fueron asaltados a su vez por un ejército reunido a toda prisa en las aldeas castellanas de frontera. El combate fue adverso a los de Castiel, que fueron desbaratados y se retiraron en desorden. Tiempo después se pactaría una avenencia por la cual Castielfabib renunciaba definitivamente a la imagen de la Virgen, en tanto que los de Cañete, en compensación, cedían a la villa valenciana las hojas ferradas de la Puerta que desde entonces se llamó de la Virgen. Detrás de su aspecto religioso la leyenda parece tener una base histórica firme en los enfrentamientos que mantuvieron las villas castellanas, aragonesas y valencianas de frontera por cuestión de delimitación de términos, pastos y control de la actividad ganadera, sobre todo entre los años de 1250 y 1340. Desgraciadamente son muy poco conocidos los hechos bélicos fronterizos, casi siempre de carácter local y promovidos por los concejos de villa, alguno de los cuales daría origen a la leyenda de la Virgen de la Zarza.
Información

Panel informativo

Río

El Postigo

El paraje de El Postigo es el área natural inmediata a Cañete, extendiéndose bajo las mismas murallas del casco viejo de la villa, de tal modo que forma parte inseparable de la población y siempre ha estado estrechamente unido a ella, como zona de cultivos huertanos y de antiguas actividades industriales (moliendas y quizás tintado de paños). El paraje toma su nombre de la estrecha poterna, de época indefinida, que ha servido desde siempre a las gentes de Cañete para acceder a los ingenios y huertas, así como para asegurarse el agua en momentos de necesidad. La empinada bajada al río desde la población es todavía hoy uno de los lugares de más rancio sabor popular de todo Cañete. El Postigo engloba un tramo encajonado del cauce del río de la Virgen (o río Tinte), afluente del río Mayor que tiene origen en el manantial de Las Fuentes, a unos dos kilómetros de la población. Tras dar sus primeros pasos por vega abierta, el río desciende de pronto hacia el río Mayor ganando desnivel y salvando en cascada varios escalones calizos, de los cuales el más elevado es el conocido como Pozo de la Horca, de una decena de metros de altura, que constituye el punto más espectacular y recóndito del paraje de El Postigo, a los mismos pies de la ermita de la Virgen de la Zarza, patrona de la villa. Paradójicamente, este nombre siniestro (recuerdo acaso de la expeditiva justicia medieval) acoge a uno de los rincones más hermosos de Cañete. La pequeña hoz de El Postigo se esculpe en materiales calizos del periodo Jurásico y supone un corte estratigráfico brusco entre el cerro del Castillo y el inmediato cerro de La Picota, que se alzan a ambos lados de forma muy abrupta. Todo el barranco muestra potentes formaciones de travertinos (piedra de toba), resultado de la intensa concreción de los carbonatos cálcicos presentes en el agua. El lugar cuenta con numerosas especies vegetales autóctonas (sargas, saúcos, guillomos, trepadoras), a las que hay que añadir un buen número de herbáceas y el colorido de las huertas, pequeñas piezas de orfebrería agrícola. La muralla sobre el barranco es obra musulmana de mediados del siglo X, completamente transformada por las intrusiones de las viviendas adosadas al interior, resultando la porción del perímetro amurallado más afectada por modificaciones posteriores, audaces balconadas vecinales para abrir las casas al frescor y la umbría del río. El acondicionamiento turístico de El Postigo se llevó a cabo en 1993, devolviendo al paraje toda su belleza natural y creando un atractivo lugar para el solaz y el sosiego. Una serie de sendas recientemente habilitadas permiten un cómodo y agradable itinerario de unos minutos por el paraje. Con un abundante número de especies vegetales, el frescor del río de la Virgen, la pequeña maravilla de la cascada del Pozo de la Horca y las perspectivas de la muralla meridional de la Cañete, donde los viejos bastiones islámicos han sido invadidos y superados por la arquitectura popular, el paraje de El Postigo es una reducida simbiosis de lo natural y lo humano que bien merece un corto paseo.
Cascada

Cascada del Pozo de la Horca, principal atractivo del paraje de El Postigo.

El paraje de El Postigo es el área natural inmediata a Cañete, extendiéndose bajo las mismas murallas del casco viejo de la villa, de tal modo que forma parte inseparable de la población y siempre ha estado estrechamente unido a ella, como zona de cultivos huertanos y de antiguas actividades industriales (moliendas y quizás tintado de paños). El paraje toma su nombre de la estrecha poterna, de época indefinida, que ha servido desde siempre a las gentes de Cañete para acceder a los ingenios y huertas, así como para asegurarse el agua en momentos de necesidad. La empinada bajada al río desde la población es todavía hoy uno de los lugares de más rancio sabor popular de todo Cañete. El Postigo engloba un tramo encajonado del cauce del río de la Virgen (o río Tinte), afluente del río Mayor que tiene origen en el manantial de Las Fuentes, a unos dos kilómetros de la población. Tras dar sus primeros pasos por vega abierta, el río desciende de pronto hacia el río Mayor ganando desnivel y salvando en cascada varios escalones calizos, de los cuales el más elevado es el conocido como Pozo de la Horca, de una decena de metros de altura, que constituye el punto más espectacular y recóndito del paraje de El Postigo, a los mismos pies de la ermita de la Virgen de la Zarza, patrona de la villa. Paradójicamente, este nombre siniestro (recuerdo acaso de la expeditiva justicia medieval) acoge a uno de los rincones más hermosos de Cañete. La pequeña hoz de El Postigo se esculpe en materiales calizos del periodo Jurásico y supone un corte estratigráfico brusco entre el cerro del Castillo y el inmediato cerro de La Picota, que se alzan a ambos lados de forma muy abrupta. Todo el barranco muestra potentes formaciones de travertinos (piedra de toba), resultado de la intensa concreción de los carbonatos cálcicos presentes en el agua. El lugar cuenta con numerosas especies vegetales autóctonas (sargas, saúcos, guillomos, trepadoras), a las que hay que añadir un buen número de herbáceas y el colorido de las huertas, pequeñas piezas de orfebrería agrícola. La muralla sobre el barranco es obra musulmana de mediados del siglo X, completamente transformada por las intrusiones de las viviendas adosadas al interior, resultando la porción del perímetro amurallado más afectada por modificaciones posteriores, audaces balconadas vecinales para abrir las casas al frescor y la umbría del río. El acondicionamiento turístico de El Postigo se llevó a cabo en 1993, devolviendo al paraje toda su belleza natural y creando un atractivo lugar para el solaz y el sosiego. Una serie de sendas recientemente habilitadas permiten un cómodo y agradable itinerario de unos minutos por el paraje. Con un abundante número de especies vegetales, el frescor del río de la Virgen, la pequeña maravilla de la cascada del Pozo de la Horca y las perspectivas de la muralla meridional de la Cañete, donde los viejos bastiones islámicos han sido invadidos y superados por la arquitectura popular, el paraje de El Postigo es una reducida simbiosis de lo natural y lo humano que bien merece un corto paseo.
foto

Plaza Mayor

Plaza porticada de trazado medieval, la de Cañete data acaso del siglo XIV, si no es anterior. Por su antigüedad es una de las de mayor solera de toda la provincia. Sufrió importantes reformas de alzado en el siglo XV (del que datan la mayor parte de los pilares pétreos) y diferentes cambios posteriores sin interrupción, como corresponde a un espacio urbano vivo en continua evolución. Su planta no parece haber sufrido cambios drásticos, y continúa siendo básicamente la misma rasgadura entre edificios, el mismo trapecio irregular que fuera abierto en la era medieval. Centro de la vida de la población durante siglos, todavía hoy es el foro urbano indiscutido de Cañete, catalizador de todos los acontecimientos urbanos. Sólo dos edificios de apostura noble (Ayuntamiento e iglesia de San Julián, mitades del antiguo Colegio de Gramática) se asoman a este espacio, que por lo demás es contorneado por viviendas populares lanzadas atrevidamente sobre los soportales. Todavía se conservan varias viviendas de notable antigüedad y valor, aunque la Plaza ha sufrido el fenómeno de la renovación urbana. En el centro de la Plaza, manteniendo desde siempre el suave sonido del agua, la fuente de Cañete fue y es un hito obligado en la vida cañetera, punto de referencia vital y festivo. También en lugar destacado de la Plaza, el monumento a Don Álvaro de Luna recuerda al que fue todopoderoso valido del rey Juan II de Castilla, y más ilustre cañetero de toda la historia. Los espacios porticados como la Plaza Mayor de Cañete responden a la necesidad bajomedieval de establecer espacios adecuados para el intercambio comercial y para los festejos de la población. Las celebraciones medievales, al igual que ocurre en nuestros días, sintetizaban en uno las algarabías y el atractivo sobre las aldeas de los contornos, con importantes afluencias de espectadores que alimentaban la economía local. Por todo ello, y también por puro prestigio, la presencia de una Plaza era una necesidad evidente que justificaba los grandes gastos que normalmente suponía el derribo de manzanas de casas, el nivelado del terreno y la colocación de soportales, muy útiles para la actividad comercial en los días de climatología adversa. En la Plaza de Cañete se ubicaban los establecimientos de mayor prestigio local y se celebraba el mercado semanal, al que concurrían gentes de todas las poblaciones de los contornos para compra y venta de productos. En ella se llamaba a la guerra tremolando el pendón del concejo, se ejecutaba la brutal justicia de la época (en el rollo o picota señorial, derribado en el siglo XIX) y se hacían los alardes de caballería y peones, exhibición del poder militar de la villa. A ella confluían procesiones y actos religiosos desde las cercanas parroquias de Santiago, Santa María y San Andrés (desaparecidas estas dos últimas). La Plaza, en fin, era mentidero local, espacio de expansión social, epicentro de mendigos y vagos, recinto taurino ocasional y tantas otras facetas de la existencia cotidiana. Existe bien poca información documental sobre la Plaza Mayor de Cañete con anterioridad al siglo XVI. Su fisonomía actual es claramente bajomedieval, probablemente resultado de un plan unitario de ampliación y adecuación, acaso llevado a cabo por alguno de los sucesivos señores que tuvo la villa a lo largo de los siglos XIV y XV. Atribuirle un antecedente musulmán o castellano de los siglos XII o XIII es muy arriesgado, ya que apenas sabemos nada de la ordenación urbana de Cañete en estos periodos.
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Fuente de Agua Potable

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Ermita de la Virgen de la Zarza, Patrona de Cañete

La ermita de la Virgen de la Zarza, Patrona de Cañete, se ubica extramuros de la población junto a la puerta del mismo nombre. Santuario de profundas devociones, es el epicentro religioso de la villa. El origen del culto mariano en este lugar hay que buscarlo en los siglos XIII o XIV, según la tradición a raíz de la aparición en los alrededores de una imagen sobre un zarzal. Se construyó por entonces una primitiva ermita casi adosada a la muralla, de escaso tamaño y fábrica deleznable. Nada queda de aquel primer templo salvo la espadaña exenta, para cuya construcción se aprovechó un paredón de la muralla islámica. De rústica construcción y sin estilos identificables, la espadaña ha sobrevivido al paso del tiempo. La ermita actual es el segundo edificio de esta función, reedificado en estilo barroco rural durante los siglos XVII y XVIII. Sin duda se buscaba una mayor capacidad y una mejor calidad constructiva acorde con el auge de los cultos. Tanto exterior como interiormente el edificio es de gran sencillez y sobriedad, aunque de dimensiones considerables. Presenta planta rectangular de una sola nave dividida en cuatro tramos más el camarín. La portada es de arco de medio punto, sin adornos. En el interior hay que destacar las vistosas zapatas del coro. La talla de la Virgen es obra románica de transición al gótico, muy reformada por policromías posteriores y vestida en los años barrocos. La ermita vive los momentos más emotivos del año durante la fiesta de la Virgen, los días 7 al 12 de septiembre. Otro momento entrañable es el canto de los Mayos, el día 30 de abril. Los orígenes del culto a la Virgen de la Zarza son tan antiguos como oscuros, hecho frecuente en este tipo de devociones marianas rurales. La leyenda de la aparición es una de las más peculiares de la provincia de Cuenca, ya que se aparta de los patrones hagiográficos de aparición de imágenes sacras. Según esta leyenda, la imagen de la Virgen originalmente habría estado colocada sobre el portón de la iglesia-fortaleza de la cercana villa de Castielfabib, en el reino de Valencia. De ahí se trasladó milagrosamente a Cañete durante la noche para ser encontrada por los vecinos al amanecer, con el lógico entusiasmo. Enterados del hecho los de Castiel reclamaron la imagen, que creían robada por los castellanos. Mal que bien los cañeteros consintieron en su devolución para evitar males mayores, y la imagen fue llevada de vuelta a Castielfabib y custodiada. De nada sirvió: a la noche siguiente la talla de la Virgen volvió a trasportarse de forma portentosa hasta Cañete. Creyéndose burlados por segunda vez, las gentes de Castiel formaron hueste y atacaron por sorpresa las tierras cañeteras, talando la vega y poniendo cerco a la población sin conseguir tomarla. Cuando ya se retiraban cargados con el botín fueron asaltados a su vez por un ejército reunido a toda prisa en las aldeas castellanas de frontera. El combate fue adverso a los de Castiel, que fueron desbaratados y se retiraron en desorden. Tiempo después se pactaría una avenencia por la cual Castielfabib renunciaba definitivamente a la imagen de la Virgen, en tanto que los de Cañete, en compensación, cedían a la villa valenciana las hojas ferradas de la Puerta que desde entonces se llamó de la Virgen. Detrás de su aspecto religioso la leyenda parece tener una base histórica firme en los enfrentamientos que mantuvieron las villas castellanas, aragonesas y valencianas de frontera por cuestión de delimitación de términos, pastos y control de la actividad ganadera, sobre todo entre los años de 1250 y 1340. Desgraciadamente son muy poco conocidos los hechos bélicos fronterizos, casi siempre de carácter local y promovidos por los concejos de villa, alguno de los cuales daría origen a la leyenda de la Virgen de la Zarza.
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El Postigo

El paraje de El Postigo es el área natural inmediata a Cañete, extendiéndose bajo las mismas murallas del casco viejo de la villa, de tal modo que forma parte inseparable de la población y siempre ha estado estrechamente unido a ella, como zona de cultivos huertanos y de antiguas actividades industriales (moliendas y quizás tintado de paños). El paraje toma su nombre de la estrecha poterna, de época indefinida, que ha servido desde siempre a las gentes de Cañete para acceder a los ingenios y huertas, así como para asegurarse el agua en momentos de necesidad. La empinada bajada al río desde la población es todavía hoy uno de los lugares de más rancio sabor popular de todo Cañete. El Postigo engloba un tramo encajonado del cauce del río de la Virgen (o río Tinte), afluente del río Mayor que tiene origen en el manantial de Las Fuentes, a unos dos kilómetros de la población. Tras dar sus primeros pasos por vega abierta, el río desciende de pronto hacia el río Mayor ganando desnivel y salvando en cascada varios escalones calizos, de los cuales el más elevado es el conocido como Pozo de la Horca, de una decena de metros de altura, que constituye el punto más espectacular y recóndito del paraje de El Postigo, a los mismos pies de la ermita de la Virgen de la Zarza, patrona de la villa. Paradójicamente, este nombre siniestro (recuerdo acaso de la expeditiva justicia medieval) acoge a uno de los rincones más hermosos de Cañete. La pequeña hoz de El Postigo se esculpe en materiales calizos del periodo Jurásico y supone un corte estratigráfico brusco entre el cerro del Castillo y el inmediato cerro de La Picota, que se alzan a ambos lados de forma muy abrupta. Todo el barranco muestra potentes formaciones de travertinos (piedra de toba), resultado de la intensa concreción de los carbonatos cálcicos presentes en el agua. El lugar cuenta con numerosas especies vegetales autóctonas (sargas, saúcos, guillomos, trepadoras), a las que hay que añadir un buen número de herbáceas y el colorido de las huertas, pequeñas piezas de orfebrería agrícola. La muralla sobre el barranco es obra musulmana de mediados del siglo X, completamente transformada por las intrusiones de las viviendas adosadas al interior, resultando la porción del perímetro amurallado más afectada por modificaciones posteriores, audaces balconadas vecinales para abrir las casas al frescor y la umbría del río. El acondicionamiento turístico de El Postigo se llevó a cabo en 1993, devolviendo al paraje toda su belleza natural y creando un atractivo lugar para el solaz y el sosiego. Una serie de sendas recientemente habilitadas permiten un cómodo y agradable itinerario de unos minutos por el paraje. Con un abundante número de especies vegetales, el frescor del río de la Virgen, la pequeña maravilla de la cascada del Pozo de la Horca y las perspectivas de la muralla meridional de la Cañete, donde los viejos bastiones islámicos han sido invadidos y superados por la arquitectura popular, el paraje de El Postigo es una reducida simbiosis de lo natural y lo humano que bien merece un corto paseo.
Cascada

Cascada del Pozo de la Horca, principal atractivo del paraje de El Postigo.

El paraje de El Postigo es el área natural inmediata a Cañete, extendiéndose bajo las mismas murallas del casco viejo de la villa, de tal modo que forma parte inseparable de la población y siempre ha estado estrechamente unido a ella, como zona de cultivos huertanos y de antiguas actividades industriales (moliendas y quizás tintado de paños). El paraje toma su nombre de la estrecha poterna, de época indefinida, que ha servido desde siempre a las gentes de Cañete para acceder a los ingenios y huertas, así como para asegurarse el agua en momentos de necesidad. La empinada bajada al río desde la población es todavía hoy uno de los lugares de más rancio sabor popular de todo Cañete. El Postigo engloba un tramo encajonado del cauce del río de la Virgen (o río Tinte), afluente del río Mayor que tiene origen en el manantial de Las Fuentes, a unos dos kilómetros de la población. Tras dar sus primeros pasos por vega abierta, el río desciende de pronto hacia el río Mayor ganando desnivel y salvando en cascada varios escalones calizos, de los cuales el más elevado es el conocido como Pozo de la Horca, de una decena de metros de altura, que constituye el punto más espectacular y recóndito del paraje de El Postigo, a los mismos pies de la ermita de la Virgen de la Zarza, patrona de la villa. Paradójicamente, este nombre siniestro (recuerdo acaso de la expeditiva justicia medieval) acoge a uno de los rincones más hermosos de Cañete. La pequeña hoz de El Postigo se esculpe en materiales calizos del periodo Jurásico y supone un corte estratigráfico brusco entre el cerro del Castillo y el inmediato cerro de La Picota, que se alzan a ambos lados de forma muy abrupta. Todo el barranco muestra potentes formaciones de travertinos (piedra de toba), resultado de la intensa concreción de los carbonatos cálcicos presentes en el agua. El lugar cuenta con numerosas especies vegetales autóctonas (sargas, saúcos, guillomos, trepadoras), a las que hay que añadir un buen número de herbáceas y el colorido de las huertas, pequeñas piezas de orfebrería agrícola. La muralla sobre el barranco es obra musulmana de mediados del siglo X, completamente transformada por las intrusiones de las viviendas adosadas al interior, resultando la porción del perímetro amurallado más afectada por modificaciones posteriores, audaces balconadas vecinales para abrir las casas al frescor y la umbría del río. El acondicionamiento turístico de El Postigo se llevó a cabo en 1993, devolviendo al paraje toda su belleza natural y creando un atractivo lugar para el solaz y el sosiego. Una serie de sendas recientemente habilitadas permiten un cómodo y agradable itinerario de unos minutos por el paraje. Con un abundante número de especies vegetales, el frescor del río de la Virgen, la pequeña maravilla de la cascada del Pozo de la Horca y las perspectivas de la muralla meridional de la Cañete, donde los viejos bastiones islámicos han sido invadidos y superados por la arquitectura popular, el paraje de El Postigo es una reducida simbiosis de lo natural y lo humano que bien merece un corto paseo.
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Plaza Mayor

Plaza porticada de trazado medieval, la de Cañete data acaso del siglo XIV, si no es anterior. Por su antigüedad es una de las de mayor solera de toda la provincia. Sufrió importantes reformas de alzado en el siglo XV (del que datan la mayor parte de los pilares pétreos) y diferentes cambios posteriores sin interrupción, como corresponde a un espacio urbano vivo en continua evolución. Su planta no parece haber sufrido cambios drásticos, y continúa siendo básicamente la misma rasgadura entre edificios, el mismo trapecio irregular que fuera abierto en la era medieval. Centro de la vida de la población durante siglos, todavía hoy es el foro urbano indiscutido de Cañete, catalizador de todos los acontecimientos urbanos. Sólo dos edificios de apostura noble (Ayuntamiento e iglesia de San Julián, mitades del antiguo Colegio de Gramática) se asoman a este espacio, que por lo demás es contorneado por viviendas populares lanzadas atrevidamente sobre los soportales. Todavía se conservan varias viviendas de notable antigüedad y valor, aunque la Plaza ha sufrido el fenómeno de la renovación urbana. En el centro de la Plaza, manteniendo desde siempre el suave sonido del agua, la fuente de Cañete fue y es un hito obligado en la vida cañetera, punto de referencia vital y festivo. También en lugar destacado de la Plaza, el monumento a Don Álvaro de Luna recuerda al que fue todopoderoso valido del rey Juan II de Castilla, y más ilustre cañetero de toda la historia. Los espacios porticados como la Plaza Mayor de Cañete responden a la necesidad bajomedieval de establecer espacios adecuados para el intercambio comercial y para los festejos de la población. Las celebraciones medievales, al igual que ocurre en nuestros días, sintetizaban en uno las algarabías y el atractivo sobre las aldeas de los contornos, con importantes afluencias de espectadores que alimentaban la economía local. Por todo ello, y también por puro prestigio, la presencia de una Plaza era una necesidad evidente que justificaba los grandes gastos que normalmente suponía el derribo de manzanas de casas, el nivelado del terreno y la colocación de soportales, muy útiles para la actividad comercial en los días de climatología adversa. En la Plaza de Cañete se ubicaban los establecimientos de mayor prestigio local y se celebraba el mercado semanal, al que concurrían gentes de todas las poblaciones de los contornos para compra y venta de productos. En ella se llamaba a la guerra tremolando el pendón del concejo, se ejecutaba la brutal justicia de la época (en el rollo o picota señorial, derribado en el siglo XIX) y se hacían los alardes de caballería y peones, exhibición del poder militar de la villa. A ella confluían procesiones y actos religiosos desde las cercanas parroquias de Santiago, Santa María y San Andrés (desaparecidas estas dos últimas). La Plaza, en fin, era mentidero local, espacio de expansión social, epicentro de mendigos y vagos, recinto taurino ocasional y tantas otras facetas de la existencia cotidiana. Existe bien poca información documental sobre la Plaza Mayor de Cañete con anterioridad al siglo XVI. Su fisonomía actual es claramente bajomedieval, probablemente resultado de un plan unitario de ampliación y adecuación, acaso llevado a cabo por alguno de los sucesivos señores que tuvo la villa a lo largo de los siglos XIV y XV. Atribuirle un antecedente musulmán o castellano de los siglos XII o XIII es muy arriesgado, ya que apenas sabemos nada de la ordenación urbana de Cañete en estos periodos.
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Fuente de Agua Potable

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3 comentarios

  • Foto de litle boy

    litle boy 27-ene-2014

    Preciosa foto. https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/paseo-por-canete-cuenca-5965335/photo-3233433

  • mariiach 22-abr-2014

    He realizado esta ruta  ver detalle

    este pueblo merece la pena visitarlo no solo lo digo por ser cañetera sino porque este pueblo merece la pena no solo historicamente..
    su paisaje es increible..

  • Foto de Santikov

    Santikov 26-abr-2014

    Completamente de acuerdo!!
    Además está ubicado en un entorno incomparable.

    Qué suerte tienes de ser cañetera!

    Saludos.

Si quieres, puedes o esta ruta