Tiempo  7 horas 31 minutos

Coordenadas 2189

Fecha de subida 25 de febrero de 2018

Fecha de realización febrero 2018

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1.263 m
689 m
0
5,5
11
22,01 km

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cerca de Patones, Madrid (España)

Ruta circular por uno de los paisajes más variados y llamativos de la comunidad madrileña, enclave de una obra fluvial pionera en su especie -la presa del Pontón de la Oliva- y entorno de gran belleza por los meandros que conforma el río Lozoya, a lo que se añade el reto de ascender al Cancho de la Cabeza para dominar todo el escenario del embalse del Atazar y sus alrededores.
Constatamos inicialmente que es transitable la pasarela que bordea el margen derecho de la zona de acumulación de aguas de la presa del pontón de la Oliva, por estar de obras esa parte desde hace unos meses e interrumpirse el paso entre semana, pero no así en sábados y domingos como es nuestro caso.
Ya comprobado ese acceso de cara al regreso de la ruta, empezamos ésta visitando las ruinas de la ermita de la Virgen de la Oliva, de estilo románico-mudéjar y construida en ladrillo y piedra a caballo entre los siglos XII y XIII, cuando era objeto de culto. Hoy apenas quedan su ábside y restos de algunos de sus muros que nos muestran la belleza de su antigüedad.
Puestos en camino, tomamos la pista del GR-10 zigzagueando en ascenso por la ladera sur del cerro de la Oliva, dejamos para otra ocasión la visita a los yacimientos arqueológicos que se han descubierto en las planicies del mismo y seguimos por el trazado del GR, cruzando la carretera M-134 y desviándonos poco después hacia una senda que asciende por los Laderones hacia el Cancho de la Cabeza, primer y gran objetivo de nuestra ruta.
El camino es angosto pero cómodo, discurre entre densos pinares y tiene tramos de cierto desnivel, pero es en su parte final, tras coronar un collado y dejar atrás algunos cortafuegos, cuando de veras se empina entre crestas rocosas que emergen del suelo que pisamos. Es una hora hasta llegar a la cumbre y 3,5 kms superando un desnivel de 466 m lo que se afronta como esfuerzo en esta parte de la ruta, compensado por las maravillosas vistas de entorno que contemplamos una vez en la cima.
Estamos a tan solo 1.264 m de altitud, pero dominamos todo el paisaje del embalse del Atazar y su accidentada orografía, llena de entrantes por los barrancos y gargantas que conforman sus orillas. Este embalse , último de los proyectados en la España de Franco, se construyó entre 1.965 y 1.972, y es el mayor de la Comunidad de Madrid. Lo contemplamos muy escaso de nivel en sus aguas, pero pleno de la belleza que representa para el paisaje.
Luego de hacer las fotos de rigor, buscamos un lugar desenfilado y ahí hacemos nuestro descanso para reponer fuerzas. Tras ese paréntesis, reanudamos el recorrido descendiendo por una senda que nos lleva hacia las lomas de las Saleras, de nuevo entre densos pinares esta vez del barranco del Vizuerco, arroyo que se descuelga hacia la Hoya del Fresno para desaguar en el río Lozoya.
En las citadas lomas nos encontramos los vestigios aún utilizables, aunque no habitados, de lo que fuera el poblado del Atazar, agrupación de viviendas y edificaciones auxiliares levantadas para acoger al personal vinculado a la construcción del embalse. Allí llegaron a vivir casi un centenar de familias hasta que, en 1994, lo abandonó la última en dejar tal asentamiento, para instalarse la mayoría de ellas en los pueblos de alrededor. Se siente cierta nostalgia al recorrer lo que fuera lugar de vida de tanta gente, hay testimonios de recuerdo hacia los que allí habitaron y hoy pertenece ese recinto a la Diócesis madrileña, que lo destina ocasionalmente a funciones campamentales.
Por una senda pedregosa e incómoda que crestea una de las lomas que descienden hacia el curso del río Lozoya, bajamos hasta el cauce del mismo una vez llegados a un collado que antecede al cerro de la Cabeza del Molino. Ya junto al lecho del río, remontamos su curso hasta la presa de la Parra, alternativa que se construyó cuando la del Pontón de la Oliva mostró su ineficacia poco después de entrar en servicio. Esta presa invita a cruzarla pese a la prohibición de paso que se anuncia, más por cubrirse ante un eventual percance que por la peligrosidad real que entraña, prácticamente nula.
Una vez en la vertiente contraria, nos adentramos ligeramente por la garganta del arroyo Robledillo y retomamos enseguida la margen del Lozoya, para cruzarlo de nuevo por un vado habilitado con bloques de granito.
Bordeamos ahora las encrespadas pendientes de las alturas por las que antes anduvimos, más en concreto las del asentamiento del Poblado del Atazar cuyas casas resaltan en el perfil montañoso. Nosotros caminamos por las cómodas pistas del Canal de la Parra, entre pequeños prados colindantes al río donde pasta y vivaquea el ganado que se cría por estos parajes. Hay otra industria que prolifera por la zona, como denotan los frecuentes carteles preventivos que encontramos anunciando la presencia cercana de panales de abejas "trabajando", que por supuesto respetamos.
Pasamos al rato junto a la represa de Navarejos, primer intento que se hizo por remediar el mal funcionamiento de la presa del Pontón, para desviar aguas limpias de la superficie del río a un canal excavado en las laderas rocosas y evitar así las más turbias que se ensuciaban con los fondos fangosos en las crecidas fluviales.
Es llegada la hora de comer y lo hacemos en un agradable prado junto al río, acomodados entre troncos caídos de una vegetación de ribera algo descuidada, pero llena de encanto. Son momentos de gran disfrute por la tranquilidad y autenticidad bucólicas de ese entorno.
Continuamos luego junto a las abruptas laderas de rocas cortadas a pico, en las que se excavó el citado canal de conducción de aguas limpias que tenía una serie de minas de ataque para labores de mantenimiento y limpieza. La mayoría están actualmente cegadas por seguridad, pero hay una que han dejado practicable y la visitamos para satisfacer nuestra curiosidad, ayudados de unos frontales.
La pista por la que veníamos se desvía en un punto hacia las alturas del collado de las Chozas y nos confunde al seguirla, ya que nuestra intención era continuar por la senda del GR-10 junto al cauce del río. Constatado el error, decidimos atajar por uno de los desmontes y retornar con cierta incomodidad y prudencia junto a las orillas del Lozoya, por donde acabamos finalmente la ruta admirando el aparatoso y espectacular paraje de las laderas que enmarcan la histórica obra fluvial del Pontón de la Oliva.
Parte de la pista del GR-10 que seguimos al principio de la ruta, justo a la altura de un puente que salva la garganta junto a la que discurre esta senda.
Ya a medio camino en el tramo de ascenso más acusado hacia la cima del Cancho de la Cabeza encontramos este cortafuegos, que es atravesado por la senda que nos lleva hacia esa cumbre.
Encrucijada de caminos señalizados por las diferentes flechas direccionales de un poste indicador.
Casi al final de la encrespada loma por la que descendemos desde el poblado del Atazar llegamos a este collado, del que bajaremos directamente al cauce del río Lozoya.
Construcción para amparo de caminantes y del ganado que campea por estos parajes cercanos al río.
Son varias las que encontraremos en esta parte de la ruta, bien señalizadas para prevenir a los caminantes.
Apetecible prado junto al río para un rato de reposo reponiendo fuerzas con nuestra comida.
Único de los túneles de acceso al canal de conducción de aguas limpias que han respetado sin cegar, para ejemplo a contemplar por los curiosos de esta instalación.
Recorremos parte de su garganta hasta cruzar su cauce por un puente.
Pista junto al río Lozoya para servicio de enlace con esta presa, que se construyó para paliar el defectuoso funcionamiento de la del Pontón de la Oliva.
Nos llevará en descenso desde las alturas del Cancho de la Cabeza, con dirección noreste.
Techo de la ruta, con sus 1.264 m de altitud y su correspondiente vértice geodésico.
La hemos de cruzar en nuestro camino por el GR-10.
Primeras construcciones que encontramos en nuestra aproximación al poblado.
Planicie del terreno a media subida hacia el Cancho de la Cabeza.
Conjunto de edificaciones donde llegaron a habitar un centenar de familias ligadas a la construcción del embalse que le da nombre.
Se construyó para sustituir a la del Pontón de la Oliva y sigue hoy en uso.
Fue una primera solución para mejorar la toma de aguas limpias del río, por enturbiarse frecuentemente las acumuladas en la presa del Pontón de la Oliva.
Formado con bloques de granito para facilitar su cruce en todo tiempo.

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta