Tiempo  8 horas 3 minutos

Coordenadas 1592

Fecha de subida 6 de mayo de 2018

Fecha de realización mayo 2018

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1.804 m
1.020 m
0
4,0
8,1
16,15 km

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cerca de Manzanares el Real, Madrid (España)


Marcha realizada el sábado 5 de mayo de 2018
Hace dos semanas que con unos amigos bajábamos desde el collado de la Ventana al de la Dehesilla, pero en esta ocasión y subiendo desde la Dehesilla hasta el segundo collado más alto de la Pedriza, tras el del Miradero o la Carabina, queremos enlazar los tres collados más conocidos y emblemáticos, pasando también por el del Cabrón.

Como el aparcamiento de Canto Cochino ya está lleno a las nueve menos cuarto, salimos desde el de la Rana, en el que aún quedan bastantes sitios por ocupar. Desde el mismo nos dirigimos hacia el Manzanares, para pasarlo por el puente de madera y así recorrer con rumbo este y por el margen izquierdo de dicho río, los poco más de cuatrocientos metros que nos separan del PR 2 o autopista de la Pedriza que tendremos que coger. A los diez minutos salimos justo a la altura del cruce que está indicado con un poste informativo, y por el que volveremos desde el collado del Cabrón, transcurridas algo más de seis horas y media desde el inicio. Ahora con rumbo norte, y por dicha autopista de la Pedriza nos dirigimos hacia el cruce del arroyo la Ventana, a la altura del Refugio Giner de los Ríos, que dista dos kilómetros, y en cuyo trayecto, nos ha llamado la atención el poder ver con total nitidez el gran macizo de Peña Sirio, que en días anteriores se encontraba casi totalmente cubierto.

Tras cruzar el puente sobre el arroyo de la Ventana y subir los poco más de ciento cincuenta metros hasta conectar con el camino/GR 10 hasta el collado de la Dehesilla; podemos ver a nuestra derecha un grupito de gente que descansa en dicho refugio Giner. Nosotros en dicho cruce hemos cogido por la izquierda, para dirigirnos en primer lugar hacia el gran molondrio del Tolmo, que tan sólo dista a medio kilómetro desde el cruce. En el Tolmo nos cruzamos con un par de grupos que también suben hasta la Dehesilla, a la que nos queda un kilómetro y cuarto y que para llegar habremos salvado un desnivel de algo más de cuatrocientos metros.

El recorrido desde el collado de la Dehesilla al de la Ventana tan sólo conlleva un par de horas, si como siempre hacemos nosotros, se incluyen las paradas para hacer fotos, disfrutar de los rincones y ver alguna que otra opción de pasos diferentes, por ejemplo para evitar algunos de los tramos bajo las rocas, de los que el primero a los cien metros de subida y el tercero son fáciles y llevaderos, pero el segundo que se encuentra muy cerca del Torro es un auténtico peñazo, y de ahí que recomiende hacerlo por arriba. Si se sube, como hacíamos nosotros, por la derecha con un paso un poco largo al principio, y si se baja por la izquierda, puesto que por la derecha está totalmente desaconsejado por lo expuesto del terreno. Dicho recorrido entre ambos collados supone algo más de dos kilómetros, salvando un desnivel de más de cuatrocientos metros, destacando que en dicho recorrido hay dos tramos más exigentes que los demás. El primero y nada más iniciar la subida desde la Dehesilla conlleva algo más de medio kilómetro, con un paso fácil bajo las rocas a los cien metros desde la Dehesilla. Este primer tramo finaliza poco después de dejar el risco de Mataelvicial a la derecha y de iniciar un amplio giro hacia la izquierda, que se dirige hacia el Torro. Pasado este primer tramo de fuerte subida hasta Mataelvicial, tenemos otro medio kilómetro por delante, mucho más llevadero, y que pasa por unos cuantos rincones en los que los grandes bloques de rocas graníticas toman el protagonismo con todo tipo de formas, agrupamientos y perfiles de lo más pintorescos. Casi sin darnos cuenta, y tras haber bajado en un par de tramos, para haber vuelto a subir, nos plantamos en el segundo de los pasos que bajo las rocas tiene este recorrido hasta la Ventana. Si se hace el paso por abajo, hay que quitarse la mochila, pues es imposible pasar con ella, hay que arrastrarse unos cuantos metros y buscar la maña y posición para hacerlo sin golpearse ni dañar el material que llevemos. Creo que merece la pena hacerlo por arriba; si se sube como era nuestro caso, por la derecha y haciendo un primer paso largo para una vez en la plataforma sobre las rocas bajar, bien por la izquierda justa a la altura de la salida del paso bajo rocas, o bien seguir unos metros de frente y hacerlo con una bajada aún algo más suave que la anterior.

Dejamos atrás este paso junto al Torro y unos metros después nos encontramos en una especie de corral en el que por la izquierda “la falsa bola”, “la bola de Navajuelos” y “la bota de montaña” dominan el entorno en el que nos encontramos.

Doscientos metros después atravesamos un pinar bastante birrioso, que presenta un aspecto de lo más lamentable, y que debería haber hecho pensar en su momento si reforestar la Pedriza con pinos era lo más acertado. El camino vuelve a empinarse bastante y trescientos metros después hay que pasar el último de los tres pasos bajo las rocas. En este caso se entra en un paso más elevado que los anteriores pues hay que hacer una pequeña y fácil trepada, para acceder a dicho paso, que en esta ocasión no tiene otra alternativa. Tenemos el “mogote de los suicidas” y “tres cestitos” a nuestra izquierda, y seguimos subiendo unos metros más para acabar saliendo a un portillo, desde el que ya se ve un poco más adelante y también a nuestra izquierda “la pared de Santillán”. En dicho portillo, se puede bajar por la derecha, con un destrepe un poco más largo, o por la izquierda con un paso más corto y algo más fácil. Hasta el collado de la Ventana nos quedan unos seiscientos metros, de los que la primera mitad y en ascenso nos acaba sacando a la altura del “risco de la Ventana”, desde donde ya podemos ver el segundo tramo, de otros trescientos metros ahora de bajada, para acabar llegando hasta el segundo collado del día.

Una vez más nos llama la atención la cantidad de gente que había en los aparcamientos y partes bajas, y la poquita que te vas encontrando en cuanto que te alejas del mundanal ruido. Recuperadas un poco las fuerzas y lo líquidos perdidos por el camino, retomamos el camino, que tras acercarnos muy cerca del collado de la U, realizamos un giro a la izquierda para retomar el camino de bajada, que ya desde el principio nos muestra el fuerte descenso que nos espera. Nos dirigimos hacia los Llanillos, ya que queremos comer en “la Lancha”, pues siempre nos ha parecido uno de los mejores sitios para comer y hacer un pequeño descanso. Desde la Ventana hay poco más de dos kilómetros y medio, de los que un kilómetro y ochocientos metros son todo el tiempo de bajada, hasta que se llega al punto en el que hay que vadear el arroyo de la Ventana para dirigirse hacia el cruce de cuatro caminos. Unos metros antes hemos pasado por la fuente del abedul, que en realidad tiene dos abedules y un acebo enfrente de los mismos, y que no se podría considerar una fuente al uso con caño, sino un buen lugar para rellenar las cantimploras si fuera necesario, de la fresca y buen agua que lleva el arroyo de los Poyos, tras surgir doscientos metros de altitud más arriba, justo al lado de Prado Poyo. En el cruce de cuatro caminos, siempre muy bien marcado con hitos en todas las direcciones, giramos a la derecha para subir por unas rocas y sobre un arroyo, que no siempre lleva agua, pero que este año está de lo más cantarín. Estamos en la Lancha, y pensamos aligerar las mochilas, comiéndonos los bocatas que traemos.

Terminado el refrigerio, bajamos de la Lancha al cruce de cuatro caminos, para coger por la derecha el camino hacia el tercero de los collados, el del Cabrón. Un primer tramo de unos novecientos metros de subida por un pinar, del que preferimos no hacer más comentarios, para llegar hasta un buen mirador hacia el risco del Pájaro y los Guerreros, a partir del cual, ya todo el camino de vuelta será todo el tiempo de bajada. Desde el mirador, poco menos de dos kilómetros hasta el collado del Cabrón, en el que tan sólo nos encontramos a una pareja que también pasó por la Lancha.

Este primer tramo desde el Cabrón, de algo más de ochocientos de bajada va dibujando varias zetas hasta que una vez pasado el arroyo del Risco, un tanto escaso de agua, acaba enfilando una larga recta, en la que hemos visto dos o tres tramos con las dichosas procesionarias, que cansadas ya de permanecer todo el invierno en los nidos de los pinos, han decidido bajar ya al suelo, y lo hacer como su nombre indica, en forma de fila india o procesión.

Nos quedan unos dos kilómetros más de bajada hasta llegar al mismo cruce con poste informativo, por el que pasábamos unas cuantas horas antes, al poco de iniciar un recorrido que merece mucho la pena, ya que recorre buena parte del circo anterior de la Pedriza del Manzanares, y que pasa por rincones y miradores de lo más interesantes.

Desde este punto, y ya que no hemos vuelto por el mismo puente de la Rana, decidimos pasar el Manzanares por el puente de Canto Cochino, para volver hasta el aparcamiento bordeando durante unos pocos metros más por un río Manzanares que sigue de lo más caudaloso y crecido, si lo comparamos con los dos o tres últimos años.

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