Tiempo  7 horas 38 minutos

Coordenadas 3224

Fecha de subida 9 de noviembre de 2018

Fecha de realización noviembre 2018

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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1.778 m
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19,56 km

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cerca de Torla, Aragón (España)

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que en este 2018 ha cumplido su primer centenario, ha supuesto una de las iniciativas pioneras en nuestro país con la preclara intención de preservar aquellos espacios naturales de especial valor ecológico. Su interés viene conformado por el singular espacio geológico que proporciona el macizo del Monte Perdido, por la tremenda variedad botánica consecuencia de las complejidades climáticas que aquí coexisten y por la gran diversidad faunística que habita estos asombrosos paisajes. Además de su valor científico, para el excursionista el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido suscita el interés de albergar gran cantidad de sendas que le permiten no tener que elegir entre caminar por densos bosques o andar mientras se disfruta de paisajes tan salvajes como bellos.

Es cierto que la ruta aquí presentada es un clásico y que en otras épocas del año se encuentra masificada y sometida a la cruel presión ejercida por turistas y domingueros. Sin embargo, visitar estos parajes sin la desmedida afluencia de humanos tiene un encanto especial. La verdad es que nosotros buscábamos realizar una ruta en la que poder deleitarnos con los colores del otoño pero nuestras expectativas se vieron ampliamente superadas porque pudimos disfrutar de dos estaciones: la propia de la fecha, el otoño, y la de un inesperado invierno que se precipitó en forma de nieve en las cotas más altas de nuestro recorrido.

Sobre las 7 AM ya estábamos en el aparcamiento de la pradera de Ordesa. El ambiente de la mañana era gélido y nos obligaba a caminar deprisa para entrar en calor, así que seguimos las señales que marcan el camino del sendero GR - 11. Caminamos paralelos al río Arazas, deteniéndonos en cada puente, en cada punto donde la otoñada invade nuestras retinas de colores que van del amarillo al ocre, admirando todas las cascadas, en cada nacimiento de agua, ... No hay prisa mientras el río, helado y furioso, ruge a nuestro lado.

En cuanto pasamos las zonas de las cascadas comenzamos a pisar nieve algo que en principio celebramos. Sin embargo, metros más adelante cuando nos adentramos en el hayedo la alegría inicial comienza en transformarse en preocupación porque la nieve es cada vez más abundante y puede que el llano de Soaso sea impracticable y no alcancemos nuestro objetivo: la Cola de Caballo. La incertidumbre no nos impide de disfrutar del paisaje que nos regala el hayedo. La nieve ha desnudado a las altísimas hayas, apenas penetra la luz y reina un frío silencio mientras caen algunos copos. Pese al frío, el camino es amable, casi dulce, y ni siquiera nos damos cuenta de que vamos ganando altitud.

Cada vez hay más nieve y cuando llegamos a las gradas de Soaso hay zonas peligrosas en las que han aparecido las temibles placas de hielo.Con cuidado hacemos crujir el hielo bajo nuestros pies y ascendemos mientras contemplamos boquiabertos el enigmático paisaje que se exhibe ante nuestros ojos. El contraste de la nieve blanca con el río, azul relámpago, y los xantófilos colores de los árboles ofrece un resultado formidable.

Superadas las gradas de Soaso alcanzamos el llano homónimo. La nieve aquí es más abundante y el blanco lo inunda todo, pero también más blanda porque el sol calienta la superficie de este enorme circo. Las vistas desde aquí son impresionantes, ya que el circo glaciar nos ofrece una perspectiva mucho más abierta del valle que vamos a cruzar y podemos divisar desde aquí el Monte Perdido y el Cilindro de Marbore. Al fondo, la Cola de Caballo. Caminamos mientras sube la temperatura, el sol calienta de veras y eso es algo que nuestros cuerpos, entumecidos por el frío, agradecen. Por fin, alcanzamos el objetivo de esta ruta, la Cola de Caballo, un monumental salto de agua.

Después de almorzar emprendemos la bajada al punto inicial de esta ruta. Prácticamente transitaremos por el mismo camino que nos llevó hasta aquí, evitando los desvíos hacia las cascadas de la Cueva y del Estrecho. A unos dos kilómetros de la pradera de Ordesa cruzamos uno de los puentes para seguir por la orilla izquierda del Arazas. Desde esta orilla se obtiene una vista muy buena de las montañas que rodean la pradera, especialmente del Tozal de Mallo.

2 comentarios

  • Foto de jodaga.jdg

    jodaga.jdg 20-jul-2019

    He realizado esta ruta  verificado  ver detalle

    Muy buena tu aportación. Gracias

  • Foto de luis0

    luis0 18-ago-2019

    ¡Muchas gracias!

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