Tiempo  6 horas 25 minutos

Coordenadas 1445

Fecha de subida 28 de febrero de 2016

Fecha de realización febrero 2016

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1.646 m
1.067 m
0
4,1
8,2
16,47 km

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cerca de Guadarrama, Madrid (España)



Marcha realizada el sábado 27 de febrero de 2016
La sierra madrileña se encuentra en alerta naranja por nieve y viento, pero no queremos perder esta efímera oportunidad de ver, tras un anómalo invierno, este bonito macizo con aspecto realmente invernal. Para ello, nos hemos acercado hasta el valle de la Jarosa, pensando en estar algo más protegidos del fuerte viento racheado que se anuncia para hoy, al estar dicho valle cerrado y protegido hacia el noroeste por la cuerda de Cabeza Lijar.

Al embalse de la Jarosa se llega desde el pueblo de Guadarrama, por una carreterita que con cierta pendiente y nevada y algo helada impide que algunos coches que nos hemos cruzado puedan acceder hasta el entorno de la Jarosa. El pequeño aparcamiento que hay cerca de la presa del embalse se encuentra totalmente vacío, con una capa de nieve helada que nos recuerda aquellos otros inviernos pasados en los que las nevadas, el frío y la ventisca era la tónica normal, sin necesidad de tantos avisos ni alertas por temporal. Iniciamos la caminata hacia las dos áreas recreativas que hay junto a la ermita de San Macario. Muy cerca de la carretera y del embalse, podemos ver como las fuertes rachas de viento levantan pequeñas olas que confieren un bonito aspecto a esta pequeña superficie de agua, que aquí hasta el momento nunca habíamos visto. Dejamos el restaurante de la segunda área recreativa, y por una pista sorteamos un par de cancelas metálicas que impiden el acceso a cualquier vehículo que no esté autorizado. Desde la primera cancela continuamos durante medio kilómetro, antes de dejar la pista por la derecha para coger un bonito camino que nos enfila hacia la cuerda de los Hornillos, por el arroyo del Picazuelo, que por cierto baja tan cargado de agua y nieve, que en una ocasión hemos de buscar la mejor zona para vadearlo y pasar al otro lado. El camino continua hacia el cerro del Cebo de los Lobos, que dejamos a escasos metros a nuestra derecha, puesto que nuestro plan era el de continuar por el cortafuegos que en poco más de kilómetro y medio sube hacia la cumbre del cerro Salamanca. Y digo era, ya que los tres kilómetros y medio que pensábamos hacer desde el cerro de la Salamanca hasta el de la Carrasqueta se nos antoja poco atractivo, a tenor de la escasa visibilidad y fuerte ventisca que sopla en las zonas más altas. De ahí, que en vez de subir por el cortafuegos, continuemos por la pista o camino de la Fontezuela, para nada más pasar el barranco de los Lobos, tomar a la altura del Pinar un bonito sendero, bastante cargado de nieve por cierto, que en poco menos de un kilómetro nos sacará a la cuerda, en una especie de colladito que hay entre los riscos del Palanco y el cerro de la Carrasqueta. Aquí empezamos a sentir el rigor de un viento racheado, que apenas da tregua, pero que como dibuja en la nieve acumulada en el suelo tan caprichosas esculturas, hemos decidido parar unos minutos para fotografiarlas y hacer un par de vídeos. Desde aquí continuamos el ascenso por la cuerda hacia el cerro de la Carrasqueta, pudiendo comprobar, que el viento en los cien metros de ascenso hasta la cumbre ha ido arreciendo tanto que dificulta la progresión y el mantener la verticalidad. De ahí, que nada más llegar al Carrasqueta, sorteamos el zarzo de espino que marca el límite municipal, para bajar por la parte más inclinada de la ladera, pero también más resguardada de un viento que arrecia por momentos y cuyas rachas pensamos que superan con creces los ochenta kilómetros por hora. Superado el tramo más vertical y delicado por tener alguna que otra zona helada, llegamos hasta el cortafuegos y el resalte del cerro de la Barranca, que nos permite tomar de nuevo la pista, a resguardo de un viento que azota con violencia la copa de los pinos. Una vez a resguardo y tras reponer las fuerzas, nos plantamos en media hora en la zona recreativa que atravesábamos por la mañana, y que ahora se encuentra más concurrida de gente, una vez que la nieve, ya más blanda, permite que los coches se acerquen hasta un segundo restaurante que se encuentra bastante lleno. Una vez más hemos podido comprobar, que a pesar del alarmismo imperante en los medios de comunicación, también con mal tiempo se puede salir de casa y hacer muchas cosas, siempre que el riesgo sea moderado y calculado, y las zonas que se vayan a patear den margen para otras alternativas, a media que las cosas se vayan complicando.

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta