Tiempo  4 horas 2 minutos

Coordenadas 1382

Fecha de subida 24 de junio de 2018

Fecha de realización junio 2018

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290 m
43 m
0
3,7
7,4
14,89 km

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cerca de Hay El Boughaz, Tanger-Tetouan-Al Hoceima (Morocco)

A las ocho y un minuto estábamos en la puerta de pabellones, tres minutos después apareció Julián, de manera que nos encaminamos hacia la parada de taxi que iba a dejarnos a los pies de Cabo Negro, por la módica cantidad de 42 dirhams; sí, el taxi entero.
Ya en el taxi Julián nos advirtió de que una especie de bolsa de la que salía una goma para beber, tenía fuga o pérdida. A nosotros aquello nos parecía un gotero, y eso de decir fuga o pérdida, en vez de la bolsa se sale, era cada vez más sospechoso.
Veinticuatro minutos más tarde llegamos a la parada de autobús de Rincón de M´diq desde donde iniciamos el ascenso a Cabo Negro, con Alfonso en cabeza. Como la vez anterior las brumas bajeras impidieron que nuestra mirada se desahogara en el horizonte y se perdiera. No obstante esta ruta siempre merece la pena. Bordeamos el monte y, esta vez, giramos hacia la derecha, en dirección a la playa de Cabo Negro y como parecía una ruta pequeña, de poco más de una hora, subimos hasta un puesto de guardia del ejército marroquí, al lado de un acantilado, que arrímate tú, a ver si te caes. Al borde del mar, lugar poco accesible, algunos pescaban con caña.
Un soñoliento soldado en chándal rojo se nos acercó y nos dijo ça va? y nosotros que sí, que ya nos vamos, así que iniciamos el descenso hasta la playa de Cabo Negro con una divertida conversación sobre otra pérdida: ¡la evaluación continua! Jaime que si patatín y Alfonso que si patatán y yo me meto o no me meto, el caso es que ellos iban destacados, yo en el medio y detrás Julián, con Parra y Ester; de las conversaciones que mantuvieron no tengo referencias porque lo último que yo escuché fue una cancioncilla sobre un pino y un democristiano, a partir de ahí, todo puede suceder.
Una vez en la playa de Cabo Negro saludamos al espía dos que, panza arriba, y estos de dónde vendrán. Seguimos por la orilla esquivando las olas que amenazaban nuestras zapatillas hasta que llegamos al principio de una urbanización y protegidos del sol caliente nos dispusimos al almuerzo, el que teníamos, a saber: vino, más vino, queso de aquí y de allí, chorizo de este lado y del otro y nada más. El almuerzo de huevos bildi con chorizo y panceta y algo de vino habrá que dejarlo para otra ocasión y lugar. Al final del almuerzo, Julián enarboló la bolsa escurridiza o gotero y agitándola, como el que ha conquistado un cerro, se deshizo de ella.
Con fuerzas repuestas, o eso creíamos, seguimos arena adelante y adelante y el sol en la espalda hasta que alcanzamos el principio del paseo marítimo de Martíl. Aquello ya era otra cosa, otro andar más garboso, no el pato maneao de la playa.
De allí al taxi todo fue andar y llegar, que si este, no el otro, no el de más allá, que si cuánto, cinco euros por seis treinta, y viene un morito ventajista y le dice al conductor, svein. ¿Svein? Tina hamak , ah jae, shuma y ahí lo dejé.
El taxi nos acercó a Tetuán hasta llegar detrás del Ensamble. De allí a la ducha quedaban trece minutos.
Playa de Cabo Negro
Jcjlcic

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