Tiempo en movimiento  3 horas 19 minutos

Tiempo  4 horas 4 minutos

Coordenadas 2844

Fecha de subida 1 de mayo de 2019

Fecha de realización mayo 2019

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856 m
770 m
0
4,2
8,4
16,74 km

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cerca de Robleda, Castilla y León (España)

La ruta se corresponde con la señalización oficial del camino el Lombu Calvillu, aunque con algunas variantes que la alargan, como los desvíos al mirador de La Lapa y al corralón de la Mata Encalá.

Empezamos a andar en el aparcamiento de la residencia de Robleda hacia la Ermita del Cristu. En los Palus Cruzaus cogemos el camino de Valdulagal y entramos en el paisaje de encinares y praos, característico de estas tierras del noroeste del término municipal. En esta zona los robles son más escasos, y abundan las encinas y carrascos, las escobas, zarzas y espinos.

La primavera está atrasada, aunque con las últimas y no muy abundantes lluvias empieza a brotar. Los praos más frescos se ven ya verdes, pero los altos están secos y los regatos apenas llevan agua. No hay ni rastro de moruja. El arroyo que viene de la Laguna Nueva debería llevar más caudal por estas fechas casi en su desembocadura en el pantano, en el Masegal.

Subimos por el antiguo camino del molino y el puente Cuba. Fermín Cuba construyó un puente atirantado de madera sobre tres machones de piedra y cal. Una notable obra de ingeniería rústica que sirvió para que los robleanos pudieran pasar con los burros a moler el trigo en el molino de la familia Cuba y para comunicar a Robleda y Guinaldo en invierno. Con el pantano los restos han quedado bajo el agua.
En la portera del "tapao" (creo que era de tío Félix Campaneru) giramos a la izquierda por el Calvillu hasta el cruce con el camino del Valli Pasil. Nos desviamos a la derecha para contemplar la masa de agua del pantano en el Vau la Lapa, por el que se comunicaban los dos pueblos en verano. Tal vez nosotros, los robleanos de Guinaldo, fuimos de los últimos que usamos el vado hacia finales de los sesenta. Después los caminos se borraron. Todavía quedan en el teso de la Lapa las ruinas de la casa y las cuadras de tía Eusebia. Aquí malvivían, lejos del mundo, la mujer y el hombre en condiciones de miserable subsistencia con unas cabras, algún cacho huerto mínimo, unas gallinas y sembrando precariamente centeno y cebada en unas tierrinas entre los peñascos de las barreras.

Regresamos al cruce del Encinar y seguimos a derecho cruzando los caminos de Navalaceña, las Canalejas y la carretera en Navalasnu. Esos son los nombres que pone en las señales nuevas. Bajamos hacia el arroyo de la Jerrumbri y subimos al Cuentu y la Mata Encalá para llegar hasta el corralón redondo al borde de las barreras de Cachán. Desde aquí se ve, si se pueden saltar los alambres de espino, el cerro del castro de Irueña, en la otra orilla del río. A la sombra de los pinos, sentados en la jolliza, comemos el bocadillo.

Volvemos atrás hacia Valdepozuelus y entramos en la Jesa Arriba por la Rocastañu. Cogemos la pista en el Valli las Muelas con el sol calentando porque los robles apenas tienen unos brotes y no dan sombra a los caminantes. Atrochamos por la caseta de los vaqueros, magníficamente rehabilitada, hasta el rodeo de la Laguna Nueva, y torcemos por el camimo de la Laguna del Pilal y Rosabella hacia el pueblo. En el bar de los Jubilaus reponemos fuerzas después de la larga caminata por los caminos de Robleda.

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