Tiempo en movimiento  3 horas 4 minutos

Tiempo  6 horas 59 minutos

Coordenadas 2264

Fecha de subida 2 de marzo de 2019

Fecha de realización marzo 2019

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752 m
121 m
0
3,3
6,7
13,33 km

Vista 764 veces, descargada 47 veces

cerca de Piñeres, Cantabria (España)

Comenzamos la ruta en el “Desfiladero de la Hermida”, concretamente en el Diseminado Herminada, 67 (43.235744, -4.579265) de la carretera N-621, donde hay un refugio de pescadores y un pequeño espacio de tierra entre la carretera y el río Deba.
Cruzamos la carretera y avanzamos unos 100 mts en dirección SE, donde alcanzamos un panel informativo de la ruta que vamos a realizar “Ruta de las Agüeras”. Aquí se encuentra la entrada al Barranco de Cicera, por donde nos adentramos.
El camino comienza con suave pendiente. En unos 800 mts alcanzamos la primera de las cascadas, donde no podemos por menos que realizar alguna fotografía.
Mientras vamos ganando altura no dejamos de escuchar el murmullo de las aguas de la Riega, la cual se va precipitando entre las rocas.
Pronto, km 2,2 encontramos una lápida con una cruz labrada en su centro.
Seguimos ascendiendo. Pasamos junto a un enorme roblón. Un poco más adelante encontramos un rebaño de cabras.
En el km 2,7 aparece una bifurcación, la de la izquierda seguramente baja hacia una cascada (son unos 150 mts que después hay que desandar), nosotros seguimos de frente, en ascenso. Unos 100 mts más adelante observamos la cascada desde arriba, aunque la tapan un poco las ramas de los árboles.
La pendiente aumenta durante otro trecho y llegamos a un cruce con indicadores. Seguimos de frente (a la derecha tomaríamos el Camino Lebaniego hacia Santo Toribio).
De pronto, la localidad de Cicera aparece delante nuestros ojos. Pasamos junto a los restos de lo que debió ser un humilladero.
Cruzamos un puente de madera que han construido sobre el arroyo, y a continuación, entre cortinas de piedra accedemos al pueblo.
Nada más pasar el puente sobre la Riega de Cicera, nos encontramos el antiguo molino de Piedad.
Nuestra curiosidad nos impulsa a perdernos por las calles de este típico pueblo, con una pequeña paradita en el bar para reponer fuerzas. Después nos encaminamos hacia la iglesia, detrás de la misma y siguiendo los pequeños postes indicativos, continuamos por una pista que discurre entre las verdes praderías. Pronto la pista se convierte en una senda, a veces inundada por el arroyo.
Enseguida llegamos a la Ermita de Santa Catalina, donde también encontramos algún panel informativo.
Ahora continuamos por un trozo de carretera asfaltada (unos 400 mts), llegando a un cruce con las indicaciones hacia el Mirador de Santa Catalina, Pica de las Puertas o Bolera de los Moros (a la izquierda), y hacia el Monte de Hozarco (a la derecha).
Lógicamente subimos hacia el mirador por la senda de la izquierda. ¡¡¡Merece la pena!!! Son 140 mts de desnivel en tan solo 1 km de distancia, pero las impresionantes vistas sobre el Desfiladero de la Hermida y de los Picos de Europa al fondo hacen que sea la joya de la ruta. Nuestra mirada abarca un horizonte infinito de montañas calizas y enormes bosques, mientras sobre nuestras cabezas, e incluso por debajo del mirador, vuelan o sobrevuelan los buitres leonados.
Junto al mirador se encuentra la Bolera de los Moros, un castillo altomedieval de origen árabe del siglo VIII, dicen que aquí los moros ya practicaban el juego de los bolos, de ahí el nombre. Ciertamente la fortaleza tiene la forma de una bolera tradicional, pero nada más.
El mirador se creó en 1999, y para ello se habilitó una carretera que atraviesa el bosque, por lo tanto también se puede llegar en coche.
Tras disfrutar de este estupendo mirador durante un buen rato, volvemos a bajar hasta el punto de la carretera donde están los indicadores.
Ahora seguimos por una pista que se introduce por el Bosque del Monte Hozarco, un bosque de árboles caducifolios, en el que los robles y las hayas son sus principales protagonistas. El roble rebollo se mezcla con las hayas sin que ambas especies aparezcan en pisos diferentes, como suele ser habitual. Otras especies como el castaño y el espino albar, forman parte de la masa forestal, aunque de forma más ocasional.
En los márgenes del bosque y en los bordes de los caminos, crecen avellanos, saúcos y cerezos silvestres.
Cuando llega el otoño el paisaje se transforma profundamente ya que, casi todos los árboles pierden sus hojas, únicamente el acebo, que aparece de forma ocasional, conserva el mismo aspecto ya que es de hoja perenne.
La excelente conservación de esta masa forestal permite que numerosos animales encuentren aquí su refugio.
Caminando por este bosque encantado, llegamos a una primera bifurcación donde tomamos la de la derecha, en bajada, para después, en la segunda, tomar por la izquierda, siguiendo los indicadores.
En una tercera bifurcación, continuamos por la derecha. Así llegamos a un nuevo poste indicador.
Bajamos por una hermosa zona de bosque, y evitamos un tentador desvío a la derecha para comenzar una bajada en zigzag.
Ahora encontramos varios pequeños cercos de piedra. Estos cercos se denominan Carriles. El Carril es una pequeña construcción, consistente en un muro de piedra de entre 1,20 y 1,60 de alto y con un diámetro interior de unos 3 mts. Su forma es circular, no tiene cubierta, y está destinado a proteger las castañas de la depredación animal. Se depositaban en el carril tal y como caían de los árboles tras ser vareados y se cubrían con una capa de helechos y hojas para mantener la temperatura fresca y estable. Las castañas se sacaban del carril según se iban necesitando, así mantenían su calidad hasta finales de año.
Además, existía un Carril denominado “Carril del Rey”, que era de forma cuadrada y más grande, su misión era favorecer la regeneración y ser un vivero para reponer árboles que hubieran sido talados.
Ahora ya vamos divisando los pueblos de Navedo y de Linares que se van perfilando frente a nosotros.
Más adelante llegamos a un cruce de caminos señalizado. Aquí se puede seguir hacia Navedo (derecha) o bajar por el barranco del Arroyo de Navedo hacia el “Desfiladero de la Hermida” (izquierda).
Elegimos esta última opción y tras un pequeño zigzag alcanzamos unas impresionantes cascadas que merecen la pena ser fotografiadas.
Continuamos descendiendo por el sendero, mientras el murmullo de la aguas del arroyo Navedo siguen deleitándonos con sus cascadas y saltos entre el roquedo. Después de un buen rato, el desfiladero se acerca al desfiladero de la Hermida, mientras a la otra verá del arroyo vemos una construcción.
Cruzamos hasta la construcción por un puente metálico para enseguida regresar al sendero. Unos pocos metros más abajo llegamos a la carretera del Desfiladero. ¡Ojo, el tramo más peligroso de esta ruta es el de esta carretera! Seguimos por la izquierda para remontarla y tras 1,5 kms de asfalto, llegamos al aparcamiento donde iniciamos y ahora finalizamos esta maravillosa ruta.

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Quienquiera que haga uso y seguimiento total o parcial de este track y de su información adicional, asume la plena responsabilidad ante los riesgos propios de la práctica de la actividad, ya que esta información tiene únicamente carácter orientativo.
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Inicio

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1er Panel Informativo

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Indicador

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Cascada

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Lápida

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Roblón

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Les cabres

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Cascada y Castaños

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Puente de madera

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Vistas

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Cicera

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Saliendo de Cicera

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Ermita de Santa Catalina

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Monte Hozarco

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Desvío al mirador

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Pica de las Puertas, Bolera de los Moros o Mirador de Santa Catalina

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Desvío al Collado Hozarco

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Indicadores

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Castaños

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Bifurcación derecha

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Carriles para guardar castañas

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Vistas de Navero y Linares

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Panel informativo entre castaños

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Bifurcación

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Cascadas

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Tronco

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Puente y casa

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Panel carretera

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