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cerca de Corcos, Castilla y León (España)

Realizada por el Ayto. de Corcos.
La ruta abandonada el pueblo en dirección norte, cruza el arroyo de Santa Coloma por el puentecillo romano, llega a las ruinas del viejo Camposanto y deja a la derecha, la Cañada Real Leonesa. Subiendo al alto de las cruces, probablemente “Cotarro de Santa Coloma”, pueden observarse: la confluencia de los valles de dicha Santa y del Prado, la panorámica del pueblo, el descenso de sus terrazas y la campiña hasta los cortados del Pisuerga. Transcurre, dejando a sus lados amplias parcelas cerealistas concentradas, hasta alcanzar el páramo y seguirá hasta Valoria del Alcor, pero antes cruzará la Cañada de Valoria hacia el monte del Esquileo que, reviviendo la época de trashumancia, llena el recorrido de vestigios pastoriles. A la izquierda, una tapia de piedras arrancadas a la costra pontiense del páramo, protege los sembrados del ramoneo de los rebaños, y a la derecha, corrales tapiados junto al chozo llamado “del cura” en que se pernoctaban pastores y rebaños de merinas.
La ruta cambia de sentido, en el límite del municipio; abandona la vereda del camino de Valoria, y la franja de un bosque eólico, para continuar a la derecha recorriendo un pago de corrales derruidos, dejando a su izquierda, el bosque residual de encinas, carrascos con sotobosque de plantas aromáticas de tomillo, espliego, romero y otras entre la que abunda el cardo corredor y la “gatuña” sustento de sabrosas setas. En el cielo de la nítida atmósfera sobre un páramo a 850m. De altitud, “aguiluchos” y cornejas, compiten con los cazadores en la captura de liebres, conejos, gazapos, perdices y codornices, no sin el acecho de algún astuto zorro. Pardales, tordos y otros pájaros temporeros, alivian los sembrados y a los “ruteros” de algún que otro mosquito trompetero.
La ruta recorre un tramo corto hacia Quintanilla, para alcanzar el camino del Puerto, el cual pudiera estar más relacionado con el trasiego de carruajes de comerciantes, ganaderos y agricultores, dado que su trazado, sobre el lomo de las cárcavas parameras, busca un paso menos accidentado en el páramo. Hasta la desamortización de los bienes comunales sería el mejor camino para alcanzar la oferta del bosque para alivio de las economías domésticas. Señores, siervos de behetría, caballeros villanos, clérigos beneficiados o tramperos furtivos, accedían a los pastos, la leña, las plantas aromáticas o medicinales, o piezas apetitosas de caza. Tal vez por él llegaban los pellejeros de Villarramiel, los cacharreros de Medina o los enamorados de Palacios. Hoy en día, sigue llamándose el camino del Puerto, y desde él, como en un altozano entre las cárcavas, el caminante puede contemplar el panorama hacia el valle del Pisuerga, descansar a la sombra de encimas en islotes del bosque residual, o continuar hasta finalizar la ruta en el cruce de la cañada Real Leonesa o camino de Ampudia.

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