-
-
855 m
791 m
0
1,6
3,1
6,21 km

Vista 68 veces, descargada 1 veces

cerca de Corcos, Castilla y León (España)

Realizado por el Ayto. de Corcos.
Puede salir del pueblo, dirección norte, por la “calleja del caño del soto”, hoy: sotillo, sólo queda de él, como última reliquia de su vuelo, el viejo chopo que oculta celoso el puentecillo romano. A la izquierda la fuente del caño. Sobrepasa las ruinas del viejo camposanto, se dirige a la derecha por el antiguo camino de Carrequintanilla. Cruza el vado del arroyo rodeado de maleza que encubre las viejas pozas en que se batía la greda para modelar adobes, el muladar siempre visitado por cientos de buitres carroñeros. Se empina el camino hacia el páramo. Una mirada a la espalda contempla el huérfano palomar. En la cumbre una encrucijada: de derecha a izquierda, camino de la cuesta de Corcos, camino de Trigueros, Carrequintanilla y camino de la calera, a la izquierda, que seguirá hasta alcanzar la Cañada Leonesa.
Cruza eriales donde aflora la roca caliza, vegetación de matas bajas y aromáticas, como tomillo, espliego, romero; campos roturados para cereal, majanos de piedras arrancadas a la costra pontiense que el lenguaje labriego llama “piquera”. A la izquierda, la cuesta repoblada de pino negral, y los “perdidos” que así llaman a los campos abandonados por su pobreza o bajos rendimientos, en que sólo los pastores, cazadores o buscadores de setas, encuentran rentable actividad. No se ha llegado a descuajar todo el bosque natural y, enraizado bajo la roca, frondosas encinas o islas de carrascos salpican el camino ofreciendo fresca sombra al rutero. Antes de llegar al camino de Ampudia, atraviesa ruinosos corrales de la antigua trashumancia. Hasta ese momento el páramo ha proporcionado al caminante una atmósfera nítida, para alegrar sus pulmones con el aire más puro, el silencio monacal sólo interrumpido por el graznido de algún cuervo y, en el estío, el canto de la chicharra o del grillo, o del tintineo de las esquilas de las ovejas.
El camino de Ampudia de regreso le va a introducir en una zona más fresca y fértil. Es el momento de hacer un alto, recobrar fuerzas y observar el panorama. Un rutero soñador puede imaginar el trasiego de las acémilas de los vacceos, las huestes romanas o los polvorientos rebaños de la mesta. Pero no es hora de soñar. La ruta desciende por la cañada leonesa paralela al arroyo del Prado que avena los campos fértiles de la senara. Cunetas cubiertas por junqueras ofrecen escondrijo a sapillos, caracoles o, bajo la humedad de las rocas alguna salamandra. En el lomo del páramo, a la derecha alternan sembrados y viñedos. Ya en la proximidad del pueblo, a la derecha, arranca el camino del Puerto que ofrece una ruta alternativa. Unos pasos más y alcanzamos la salida de Carrequintanilla.

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta