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cerca de Ye, Canarias (España)

Esta mañana de domingo seguimos por la costa norte, esta vez por el NO, por la zona conocida como Bajo El Risco. Dejamos el coche en la zona habilitada al efecto en los alrededores de la finca La Corona y nos adentramos en el empedrado hasta llegar al mirador que hay en el borde del Risco de Famara justo donde se precipitó la corriente de lava procedente del cercano cráter de La Corona en su búsqueda del mar. El color oscuro delata el camino seguido hasta la orilla y el sendero, conocido como el camino viejo o de los gracioseros, sigue en zigzag serpenteante la vía seguida por la lava hasta que el desnivel es menos acusado y se separa de ésta. Llegamos a un amontonamiento de piedras decorado con una cuerda marinera enrollada en espiral que marca la confluencia del sendero con la antigua carretera de las playas, herida infringida en el costado del dragón dormido de Famara en los años sesenta de la pasada centuria y cada vez más deteriorada. Se puede seguir hacia la playa Bajo el Risco, o a las salinas, o a la izquierda a dos o tres pequeñas caletas y prácticamente en línea recta al mar pasando por una pequeña zona de dunas. Está todo muy seco pero ya se empiezan a ver indicios de reverdecimiento. Seguimos la línea costera hasta la playa ya citada que recorremos en su mayor parte hasta llegar a las salinas. Ahí es cuando nos damos cuenta de que el viento viene de tierra, es decir E o SE. Se aprecia a lo lejos varias aves, así que seguimos por el borde norte intentando fotografiarlas lo mejor posible. En la mitad de una de las muretes que delimitan los compartimentos de las salinas vemos unos puntos canelos que parecían piedras pero que al acercarnos se ve que son ánades. Como no parecía estar en muy mal estado opté por atravesar la salina por el muro y al poco las aves emprendieron el vuelo y se posaron en medio de la lagunilla. Terminamos de atravesarlo y seguimos por el borde sur tratando de acercarnos. En dos ocasiones volvieron a emprender el vuelo. Ya no insistimos porque estaban muy lejos y difícilmente ibamos a mejorar lo ya obtenido, así que nos encaminamos en dirección sur buscando la sombra de una construcción en ruinas, donde paramos para repostar e inmortalizar el evento. Justo donde estábamos había un pedrusco con incrustaciones calcáreas tipo travertino que utilizamos de mesa. Reemprendimos el camino al sur buscando la carretera citada hasta llegar a un desvío ubicado ligeramente a la izquierda para llegar a través de él a un pequeño oasis con una palmera, tabaibas y tunera en el que hay varias garrafas y cuencos con agua junto con una llave y un grifo (por ahí pasa una conducción de agua). Seguimos hacia arriba hasta enlazar con el sendero por el que bajamos y por el que ahora ascendemos. Hemos podido comprobar la buena salud de las cuernúas o dientes de perro (caralluma buchardii) que hay por la zona, que las lechugillas de mar empiezan a rebrotar lo mismo que las rubia fruticosa de la parte alta -cercanías del aparcamiento- y algunas esparragueras están floridas y con frutos (asparagus nesiotes) junto con varios hinojos con varias umbrelas en diverso estado de desarrollo y nuevas e incipientes hojas. Hay también salsolas o matos adaptados a la sequedad y varios matorrisco de Lanzarote (lavandula pinnata). En la esquina de los primeros zigzag y bien abrigada se aprecian las nuevas rosetas de una cerraja de Famara (reichardia Famarae), Ha sido una jornada entretenida a lo largo de la cual nos hemos encontrado variopintos caminantes, incluyendo familia de senderistas con dos vástagos, uno de cada sexo. Eso de andar en familia está muy bien.

Comentarios

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