• Foto de San Julián desde el Villar de Sobrepeña
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Coordenadas 124

Fecha de subida 6 de agosto de 2016

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1.023 m
886 m
0
1,3
2,5
5,05 km

Vista 56 veces, descargada 1 veces

cerca de Villar de Sobrepeña, Castilla y León (España)

Puede hacerse este recorrido de dos maneras distintas: bien bajando hasta el puente de Villaseca y recorriendo la senda entre puentes en dirección al puente Talcano o a través del puente del Villar, enfrente del pueblo en dirección al río.
Si vamos hasta el Villar de Sobrepeña en coche desde Sepúlveda, desde la SG-V-2323, tendremos la oportunidad de contemplar, como se ha apuntado, una de las vistas más sugerentes del comienzo del cañón y de las ruinas de San Julián.
Escogemos en esta ocasión el recorrido por el puente del Villar. Para ello, seguiremos la pista que, a nuestra derecha, sale antes de llegar al pueblo. Seguimos bajando por el llamado barranco de Valdemuelas, salida natural del cañón, y que nos llevará en dos km hasta el puente del Villar. Es una pendiente suave pero sostenida; En esta etapa, sabinas, enebros y tomillares nos recuerdan a la vegetación de la paramera antes descrita. Atravesamos el Duratón por el puente del Villar, que además marca un punto intermedio entre los puentes de Talcano, cerca de Sepúlveda, y el de Villaseca, y tomamos dirección derecha en dirección al primero, aunque no llegaremos ni mucho menos.
Aquí, en este subtramo del Duratón, la vegetación en la parte baja del cañón es la del chopo y se aprecian algunos pinos que se han adaptado a sus suelos calizos. A nuestra izquierda, pronto veremos la ventana del Diablo.
Un poco más adelante avistaremos un llamativo picacho, el llamado de San Julián, que nos marca, en su ladera opuesta la posición de la ermita, que no es visible desde aquí. Tomamos una estrecha senda, que sale a nuestra izquierda y que asciende dejando entrever los estratos rocosos que la erosión a lo largo del tiempo cortados y la otra silla de montar ya descrita, y en breve llegaremos a la ermita en lo alto de su emplazamiento.
A lo largo de ambas márgenes del río, localizaremos fácilmente numerosos refugios, muchos de ellos cuevas cerradas por muros de piedra y utilizadas hasta nuestros días por pastores. Algunos de ellos pueden incluso remontarse a tiempos altomedievales, momento en que eremitas pudieran haberlas habitado; observaremos en concreto la zona que une el valle del Duratón con la subida al Villar de Sobrepeña, una antigua torrentera, conocida por El Vado, situada frente a las mismas ruinas de San Julián.

A la vuelta aprovecharemos para visitar la pequeña localidad del Villar de Sobrepeña, donde dicen que la campana de San Julián sigue controlando, de alguna forma, las tormentas del lugar desde su plaza principal.
Oculto, a la derecha de sus canteras, de piedra del Villar, se esconde este pueblecito, en tiempos del “ochavo” de Cantalejo y ahora anejado a Sepúlveda. De siempre fue lugar extenso; Ya en época del Marqués de la Ensenada, figuraba en su catastro con un término de “una circunferencia de dos leguas y un cuarto”, un poco más de ocho kilómetros, pero, aunque pequeño, su situación es de privilegio: domina el cañón, que yace a sus pies ofreciendo al visitante un paisaje espectacular. No uno, sino dos ríos rodean su término y, en consecuencia, es una localidad bisagra entre dos valles, el Duratón y el San Juan, popularmente conocido por Marijave.

Se asienta efectivamente sobre una loma, posible razón por la que Madoz comentó en su diccionario que “le combaten todos los vientos, y su clima es frio, y afecto a calenturas intermitentes”. Frío y ventoso debe ser, sin duda, pues esta localidad está a más de 1000 metros de altitud. Tanto la climatología como la cercanía a poblaciones mayores y con más servicios, pueden haber hecho que vaya poco a poco despoblándose, como parte de su entorno. No más de diez habitantes residen allí en la estación fría.

El Villar se encuentra a una distancia de unos cuatro kilómetros de San Julián, al que se puede acceder siguiendo un precioso camino que atraviesa el río por el llamado puente del Villar. Historia y leyenda han unido sus destinos con la ermita, de la que, de alguna forma, el Villar de Sobrepeña es propietario virtual, al ser su término el único que permite su vista, magnífica, en su península sobre el cañón.

Su curioso nombre aparece asociado a un despoblado, Sobrepeña, en la actualidad inexistente, del que, en algún momento pudo haber sido barrio. La historia trastocó las tornas y, lo que era la población dependiente, el Villar o pueblo pequeño, pasó a ser la población superviviente. Su origen, en todo caso, sigue siendo incierto. Se lo relaciona de forma imprecisa con una aldea ya desaparecida, Santa María del Villar, nombre original de su iglesia, que aparece, como la Hoz de San Julián, reseñada entre la documentación de la Casa de Caridad de Sepúlveda. Hay quien lo atribuye un origen gallego-portugués o quizás astur-leonés, remontándose a la Edad Media, cuando, tras la reconquista, comenzó la repoblación cristiana de las zonas antes ocupadas en la zona del Duero, algo que ocurrió en numerosas localidades aledañas.

El Villar sigue unido a la piedra que le da el color; una nueva zona de extracción puede observarse a la entrada del pueblo viniendo de Sepúlveda. Allí, una gran parte de las casas están realizadas con esta alegre piedra rosácea de sus antiguas canteras, piedra del Villar, que se comercializa con el nombre de rosa Sepúlveda y que pueden verse perfectamente desde la ermita.
Su iglesia, Nuestra Señora del Rosario, fue construida en el siglo XVIII, curiosamente gracias a las limosnas entregadas a Nuestra Señora de Sobrepeña en 1729 y es una muestra de la evolución de distintas tendencias artísticas. Su exterior, austero y sin encanto aparente, guarda un interior más que sugerente y lleno de gratas sorpresas que permitirían hacer un repaso de la historia del arte español desde la Edad Media: Conserva, además de una espléndida bóveda gótica de crucería y de tablas renacentistas, una pila bautismal y una portada románica. No se ha verificado si éstas procederían de un edificio anterior o fueron traídas de algún otro templo en el momento de la construcción. Un misterio más sin resolver que podría haber tenido relación, o no, con San Julián.
Desde la carretera que une Sepúlveda y el Villar, más o menos a media distancia entre ambas localidades, puede contemplarse una de las vistas más hermosas del valle encañonado del Duratón y de la ermita de San Julián, aunque ya no esté en su término .
Información sobre este pueblecito y su relación con San Julián en https://villariegos.jimdo.com/historia/

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta