Tiempo en movimiento  2 horas 48 minutos

Tiempo  3 horas 56 minutos

Coordenadas 1812

Fecha de subida 16 de diciembre de 2018

Fecha de realización diciembre 2018

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930 m
661 m
0
2,6
5,2
10,37 km

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cerca de Sequeros, Castilla y León (España)

Ruta realizada con el club senderista Anda ya, de Salamanca.

El itinerario reúne en una la mitad de dos rutas existentes en la Sierra de Francia: la ruta del Bosque de los Espejos, entre Sequeros y San Martín del Castañar, y la ruta corta de los Molinos por el Río Francia, en San Martín del Castañar.


Mañana de lluvia fina y espesa en las calles de Sequeros. El pueblo no se había desperezado a esas horas y los dos o tres bares abiertos se llenaron de senderistas con ganas de entrar en calor. Cobijados por los impermeables y algún paraguas salimos hacia la Ermita del Humilladero, donde empieza la ruta muy bien señalizada del Bosque de los Espejos.

Una bajada muy bien trazada desde antiguo, entre robles desnudos y peñascos, cubiertos de musgo limpio y verde, nos dejó muy pronto en Las Casas del Conde. Un pequeño pueblo desparramado por las laderas que bajan al Río Francia. Callejeamos siguiendo el sendero y a la salida nos encontramos con una curiosa casa, decorada de colorines y adornos barrocos, con las puertas de la cochera abiertas, regalándonos la vista con miles de cubiertos de madera colgados del techo y esculturas y relieves de madera en el suelo y las paredes. Allí no cabía un cachivache más. Durante un buen trecho nos acompañaron los rostros tallados en los troncos de los olivos por el artista en cuestión, el Mochuelos. Desde la ermita seguimos el viacrucis hasta un espectacular calvario, en un claro del robledal, con vistas al cauce del río.

La ruta sigue por la ladera, paralela al río Francia que discurre más abajo. Unas pequeñas esculturas metálicas blancas nos acompañan hasta la puerta blanca, abierta a la nada en medio del paisaje. Tras una larga cuesta, entramos en San Martín del Castañar casi al mismo tiempo que otro numeroso grupo senderista de Salamanca. Atravesando el pueblo nos confundimos los dos grupos en dirección a la Ruta de los Molinos. En fila india seguimos mezclados por las laderas hasta los restos, cubiertos de musgo, del Molino de Tío Enrique.

Allí esperamos a que se despejara el panorama. El otro grupo siguió camino de La Alberca y nosotros torcimos a la derecha, por la ruta corta de los Molinos para regresar a San Martín al mediodía. Estamos en uno de los pueblos mejor conservados de la Sierra salmantina, pero vacío, sin un alma por las calles batidas por el viento y envueltas en la penumbra. En la Plaza, a la solana, dos ancianos jugaban una partida de ajedrez y otros dos los miraban. Una escena extraña en un pueblo desierto. Parece que los turistas siguen prefiriendo la masificación de los pueblos que se llevan la fama.

Tras una cerveza en la Posada de San Martín, al calor de la estufa, salimos de visita por el pueblo hasta el castillo, junto a la original plaza de toros, frente a la mole imponente de la Peña de Francia.

Para despedir el año senderista, una comida de hermandad en el restaurante de la Plaza. Muy rica, bien acompañada de un Tiriñuelo de la Sierra, ambiente agradable y festivo, y vuelta al autobús para regresar a Salamanca.

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