Coordenadas 2568

Fecha de subida 8 de junio de 2015

Fecha de realización junio 2015

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1.588 m
674 m
0
6,6
13
26,5 km

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cerca de Casa de las Tablas, Andalucía (España)

06.06.15
ADVERTENCIA: Aunque el track es bueno y puede seguirse, al subirlo a wikiloc, se ha realizado una modificación en el trazado, dando el inicio de ruta en los túneles en lugar de en la piscifactoría. probablemente wikiloc ha malinterpretado el corte de la señal de satélite que en dichos túneles sufren los GPS.

LA RUTA
Temprano iniciamos la marcha, sabíamos que sería larga y dura, especialmente en las horas centrales del día que emplearíamos para cruzar el fajín de las Banderillas.
Rápidamente, pasada la fuente de los Astilleros, tomamos la exhausta cuesta del topaero, que toma brío por donde desemboca el arroyo del Ruejo. Aupados en tres kilómetros, de los 670 m a los 1.170 m, nos topamos (de aquí tal vez el topónimo de la cuesta) con la cara menos amable del calarejo de los Villares. Comenzamos a llanear por esa entrañable ladera que en un par de revueltas, con el “ojo” del calarejo a vizor, nos deja en la vieja y perdida aldea.
Lo primero que nos asalta es la ausencia de la cruz, la vetusta cruz que saludaba a quién se acercaba a estos parajes y confirmaba que, por fin, había llegado. Tarea pendiente, habrá que imponerse. Un paseo por el lugar se hace inevitable, visitar su hermoso y caudaloso pilar con sus cinco puestos de trabajo, sus huertos ahora yermos, la gran era que domina la grandiosa sierra que tenemos por delante, tras el altivo Picón del haza, en el horizonte se alza la Cabrillas resaltando su Empanadas, frente a nosotros Guadahornillos y su Castellón del moro. Curioso, junto a la fuente, aún los frutales dan vida y color como negándose a extinguir lo que aquí hubo, un formidable guindo muestra, ya salvaje, su cosecha.
Continuamos por la curva de nivel que llevábamos hasta la CF del Haza, donde debemos descender y luego volver a ganar altura para salvar el arroyo de los Villares que desde el collado de la Cierva se desploma buscando la cerrada de Elías para entregarse a su mayor, el Borosa.
Ya no dejaremos de ganar altura hasta que ganemos el Tranco del Perro. Primero suavemente, pasando por las Asomadicas, que precioso nombre acorde con el lugar que lo acoge. Más adelante, a la altura del primer cortijo de Roblehondo de los Villares, por donde ya escuchamos los perros delatores del caminante, abandonamos la senda para buscar y conocer los Torcalillos, lugar ahora apocalíptico después del derrumbe que sufrió la pared sur del calarejo de los Nevazos. No merma su caudal que nos repone del calor que empieza a presentarse.
Regresamos a la senda para situarnos en un plis plas en el mítico collado de Roblehondo, divisoria de dos cuencas que enriquecen el Grande, el Aguasmulas a través del arroyo de la Campana y Roblehondo (otros dicen de que se entrega cerca de la cerrada de puente de piedra. Pero en esta divisoria que cabalga a dos cuencas lo impactante lo tenemos de cara, un interminable farallón que a derecha e izquierda se pierde de nuestra mirada. Mirando hacia arriba parece imposible un camino a la cumbre, pero lo hay, lo hicieron quienes lo necesitaron en aquellos años para el trasiego de granado a los campos, porque llegando arriba, a la cuerda, ya se presenta el páramo más desolador, no por ello hermoso en su desolación. A nuestra espalda, los Nevazos parece un lugar menor, sin serlo, porque aunque nunca he subido, la mirada desde allí también debe imponer.
Sin más dilación tomamos el único camino que se nos presenta al frente y que parce no conducir a ningún lugar, pero con fe pronto compensa con unos muros de piedra seca que le ganaron al terreno en perfectas idas y venidas sobre el mismo terreno pero ganando mucha altura en cada tramo. Pronto encontramos la cerca, la famosa cerca que anuncia el paso a las alturas, lugar inmortalizado por cada excursión a la zona, ícono mayor si cabe, que el propio paso en sí. No podemos resistir la tentación y caemos en la trivialidad de fotografiar el momento. Aunque puesta allí para evitar que el ganado se pierda por los riscales de arriba, representa un punto de no retorno en la marcha, si se traspasa hay que ir a por todas.
Pues a eso vamos, inmediatamente, el peor tramo nos saluda, el desparrame que la piedra ha realizado al perder la consistencia hará pronto este lugar casi intransitable o muy peligroso, de hecho, ya lo es. Lo pasamos como podemos y de nuevo el buen camino no coloca en la puerta del antedicho “convento”.
Hermoso el lugar, emocionante rebasarlo. Al otro lado una hoyica invita a degustar el trance, y lo hacemos, con sumo gusto, cada uno a su manera, pero se percibe la satisfacción de estar aquí, por cierto, el hermano mayor del convento tuvo la deferencia de salir, aunque algo distante, a saludar personalmente.
En esta hoyica del tranco del perro, entendemos porque así nos lo cuentan que, si nor dirigiéramos hacia el Aguasmulas, tomaríamos el cinto Viñuelas. Si lo hiciéramos al frente y hacia arriba subiríamos a la cuerda y nos comeríamos Pinar negro. Pero nuestro rumbo es hacia el Borosa, regresaremos al cañón que este labra para salir de las cumbres, y lo haremos por los cintos de los frailes y de las higueras más tarde.
Pues “¡arre que es tarde!”. Avanzamos saludando a monjes, eremitas, ascetas y ermitaños que vamos encontrando por el camino. Por encima nuestro, la silueta imponente del puntal del agüila, y mientras entretenidos damos las buenas tardes emerge súbitamente delante de nosotros el puntal de las cabras que, apareciendo en toda su grandeza conforme avanzamos parece despedirnos de este abrupto y gótico tramo de los cintos.
Nubes de evolución diurna comienzan a presagiar nada bueno en estas cumbres, va haciendo calor y se van juntando, pegándose y ennegreciéndose sembrando la intranquilidad en el seno del apacible y distraído grupo. Descendemos hasta la hoyica del jorro, un trecho que encarecidamente no desearemos subir, al frente el estoico Castellón que nos anuncia que nos encontramos cerca de los dominios del haza. Bajo sus dominios reponemos fuerzas y volvemos a ascender para contemplas ante nosotros lo que nos parece un paraíso serrano, el cinto de las higueras, el haza que da nombre a tantas cosas por aquí, y el imponente picón que nos anuncia el cuasi desenlace de la ruta.
Animosos, descendemos con ganas de ganar los prados escalonados que en otro tiempo debió ser un fértil valle de montaña. En la bajada tres o cuatro crujidos del cielo aceleran la secreción de adrenalina, creo que lo peor aquí puede ser una tormenta, no por lo peligrosa, que todas lo son, sino por lo espectacular y apabullante ya que el eco multiplica el efecto ensordecedor del trueno. Por fin ganamos el haza y lo recorremos entusiasmados, asomándonos al filo del Borosa divisando la central eléctrica y la pista por la que hemos de regresar.
Pero aún nos queda ganar el collado del haza, no el grande que lo evitamos, el que discurre por delante del picón y que entre laricios nos deja en la misma acequia que desde el embalse de la FEDA lleva a la central hidroeléctrica y para la que horadaron esta magnánima pieza de museo que la naturaleza dejó.
El resto del camino transcurre por la archiconocida ruta del Borosa, a la que pronto le dedicaré un merecido espacio. Por lo tanto, aquí junto a la boca del primer túnel podemos dar por acabado el relato de una inolvidable jornada.

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1 comentario

  • Foto de g.fdez

    g.fdez 11-abr-2016

    Estupenda ruta realizada ayer siguiendo tus indicaciones,enhorabuena,por cierto la cruz de los villares ya si que nos dio la bienvenida al llegar
    Saludos¡¡¡

Si quieres, puedes o esta ruta