Tiempo  6 horas 46 minutos

Coordenadas 1252

Fecha de subida 28 de enero de 2019

Fecha de realización enero 2019

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1.963 m
1.368 m
0
4,2
8,4
16,85 km

Vista 58 veces, descargada 4 veces

cerca de Somosierra, Madrid (España)


Marcha realizada el sábado 26 de enero de 2019
En esta ocasión, con previsión de buen tiempo, tan sólo podemos contar el intento fallido de subir hasta la Cebollera Vieja o Tres Provincias. Aunque éste no era nuestro plan inicial, sin embargo el día estaba tan espectacular y bonito, que con buen tiempo y ausencia de viento, según íbamos ascendiendo nos íbamos animando a intentarlo. Pero ésta, como cualquier otra historia hay que contarla desde el principio.

Y por ello, salíamos a las diez y media pasadas desde el pueblo de Somosierra, que por cierto ya estaba bastante concurrido. Cruzamos la antigua carretera de Burgos, para coger por la izquierda una pista asfaltada, con aspecto de carretera antigua, y que llevaremos durante un kilómetro, para acabar dejándola por la derecha. Justo en ese punto es frecuente ver algún que otro coche aparcado, para ver la cascada, que un poco más arriba forma el arroyo del chorro, el cual junto al arroyo de las Pedrizas se transforman en el río Duratón. Lo que mucha gente no sabe es que en esta época, y por culpa del fuerte deshielo, ambos arroyos suponen el tener que vadearlos, con la ayuda de algunas piedras que facilitan dicha operación.

Una vez se salvan los citados arroyos, y tras un fuerte giro a la izquierda, empieza una subida que cada vez se va acentuando más, y por la que de momento, ni restos de nieve; lo que no nos extraña pues el calor cada vez se hace notar más. Al kilómetro y cuarto despreciamos un ramal que por la derecha supone el camino de verdad, pero nosotros queremos continuar de frente, y así acabar cruzándonos, al cabo de otro kilómetro más, con la pista que se dirige hacia Rosuero. Volvemos a despreciar dicha pista, y nos metemos por el pinar, que ahora sí con nieve, y siempre paralelos al límite provincial, continuamos el ascenso durante casi trescientos cincuenta metros más, para acabar saliendo a la senda que por la izquierda seguiremos hacia la cuerda.


Setenta metros más, tras coger dicha senda, y ya nos encontramos en la cuerda oeste del macizo del Tres Provincias. Es en este primer tramo de casi setecientos metros, y según vamos llegando al mirador, desde el que ya se ve la cumbre y ladera oeste del Tres Provincias, donde decidimos intentar la subida hasta una cima que al menos invita a intentarlo.

Seguimos subiendo, y aunque la nieve se ha ido endureciendo, de momento nos brinda buen apoyo y permite una progresión, que seguramente se vea facilitada por las botas nuevas de invierno que estrenamos, y que a diferencia de las anteriores, éstas ni se calan ni nos hacen rozaduras, como así ocurría con las Bestard. Estamos a la altura del Regajo de las Peñas del Oso, en la cota mil ochocientos y nos encontramos una pareja joven, que se está poniendo los crampones, y es que la nieve cada vez es más dura y posiblemente por el fuerte viento de los días anteriores, empiezan a aparecer zonas descarnadas en las que una costra de hielo compacto sustituye a una nieve, que parecer haber sido barrida.

Ahora pensamos en los crampones y piolet que se han quedado en casa, pero son tantas las ganas de subir, que decidimos usar unos antideslizantes de silicona con unas cuantas puntas metálicas, que ya vimos a gente usar en Ordesa para correr y moverse en terreno propicio. Como son muy fáciles y rápidos de poner, continuamos subiendo con ellos, y la verdad es que al principio nos trasmiten algo más de seguridad, pero cuando llevamos casi un kilómetro con ellos y nos acercamos a la cota dos mil, quedándonos tan sólo seiscientos metros para llegar hasta la cima, nos damos cuenta de que empezamos a arriesgar demasiado y el invento que nos hemos puesto nunca puede sustituir a la seguridad que dan los crampones; y más cuando ya no pisamos apenas nieve y el hielo está tan duro como una piedra. La pendiente en este último tramo aún es más acentuada y decidimos darnos la vuelta, eso sí con mucho cuidado pues ya se sabe lo que pasa con las bajadas. Según bajamos nos da rabia el no haber traído un material que nos habría permitido disfrutar del buen día y del corto tramo que nos quedaba para el final. Una vez hemos bajado hasta el cruce con la pista alta, la seguimos doscientos metros más para con otras vistas y perspectiva, recuperar las fuerzas allí mismo, antes de reemprender una bajada hasta el mismo cruce en el que una hora y pico antes salíamos del pinar. En esta ocasión seguimos dicha senda de frente para acabar conectando a la pista de abajo, tras poco más de medio kilómetro. Nos llama la atención que ahora por dicha pista estemos rondando la cota mil setecientos y sin embargo la nieve sea primavera y con un buen espesor, lo que parece haberla protegido de la fuerte ventisca de las cotas más altas.


Aunque podríamos haber acortado la marcha, queremos seguir probando unas botas, que de momento van como la seda; y por ello continuamos otros tres kilómetros y medio más por una pista en la que progresar no es nada fácil, dado el espesor y mal estado de una nieve tan blanda. Al poco de pasar el arroyo de las Peñas del Chorro, cogemos por la derecha una especie de cortafuegos, que en realidad se trata de la senda que se dirige al Cerro de las Yeguas. A los dos kilómetros de seguir dicha senda, y tras pasar el arroyo de las Pedrizas, llegamos a un fenomenal mirador desde el que se puede ver la Peña del Chorro, con los cuatro o cinco saltos y desniveles que constituyen la cascada del mismo nombre.

En diez minutos más de bajada nos encontramos en Prado Antón y en otros quince minutos más acabamos llegando al coche, con el mal sabor de boca por no haber podido subir al Tres Provincias, pero con la sensación de haber vuelto a hacer lo que las circunstancias y la prudencia aconsejaban.

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