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cerca de Santa Eulalia de la Peña, Aragón (España)

Recorrido señalizado como nos permite acceder a través de un pequeña vía ferrata a la parte superior.
En este recorrido podemos ver la vegetación rupícola incluyendo varios endemismos y gracias a una variante del camino disfrutar de un bosquecillo de umbría que nos da una idea de lo que debió ser un bosque subtropical de la era Terciaria.
Desde la explanada de detrás del aparcamiento del Salto de Roldán - Sierra de Guara (Huesca) tomar el camino del centro.

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Árbol

Punto 1.

Las primeras vueltas de la senda nos permite apreciar el tipo de roca de estas peñas, conglomerado formado por restos de otras rocas del Pirineo, unidas por un fuerte cemento calcáreo. Aquí aparece la primera planta especialista en vivir en las rocas (Globularia repens), de hojas pequeñas sus tallos leñosos no se separan de la superficie de la roca y en primavera se cubre de pequeñas flores azules. Su medio es la roca y junto a ella se encuentra prácticamente en cualquier tipo de roca, altitud y orientación.
Árbol

Punto 2.

Justo antes del primer resalte de roca que hay que superar con una cadena, volvemos a encontrar la betilaina (55) y debajo de ella al rusco o boj marino (56), un arbustillo que tiene las flores y los frutos en unas falsas hojas rematadas en una espina. En la roca cubierta por una pátina de líquenes y musgos encontramos creciendo en las grietas de la misma varias plantas especialistas en este medio y con una distribución reducida entre las que destacan: -La corona de rey (Saxifraga longifolia), con su características y largas hojas dispuesta en posición radial y cubiertas de una costra de carbonato cálcico que las protege del exceso de rayos solares y del apetito de los herbívoros, para florecer emite un aparatoso vástago cubierto de pequeñas flores blancas que destaca mecido por el viento en las paredes de roca donde vive, después de florecer la planta muere. -La oreja de oso (Ramonda myconi), no es la planta más espectacular pero si una de las más sorprendente de la zona. Esta planta es una reliquia de la era Terciaria, de cuando en esta zona había un clima subtropical, y conserva una adaptación que la hace única, la reviviscencia, es decir, en épocas de sequía puede secarse completamente tomando el aspecto de muerta (hojas arrugadas de color marrón) para tras un copiosa tormenta rehidratar su tejidos, estirar las hojas y volverlas a teñir de color verde, al igual que hacen musgos, líquenes y algunos helechos, e incluso puede volver a florecer en otoño.
Riesgo

Punto 3.

Las escaleras, unas grapas metálicas clavadas en la pared de roca, nos permiten acceder a la parte superior, a pesar de tener ya más de un siglo están acondicionadas como vía ferrata con sus sistemas de seguridad. Pasado el primer tramo de escaleras, encontramos colgando sobre la roca una pequeña planta de hojas acorazonadas y pequeñas, sus flores de color rosa y alargadas le da nombre Valeriana longiflora. Los números escritos en la pared junto a las plantas son para el estudio y control de sus poblaciones, pues es una de las plantas de la zona de distribución más reducida. En la repisa en la que estamos, hacia el oeste, hay dos aljibes tallados en la roca que aprovechaban el agua que escurría por la pared.
Ruinas

Punto 4.

Sobrepasada la última cadena de la vía ferrata, pasamos junto a los restos del torreón de la entrada, con esta pequeña construcción cerraban el acceso a la explana superior.
Ruinas

Puntos 5, 6 y 7.

Punto 5. Ahí encontramos un aljibe tallado en la roca, Punto 6, la torre inacabada y Punto 7, los restos de otra ermita de san Miguel, esta del siglo XII. Si nos fijamos en la roca sobre la que están asentados los muros es el conglomerado que forman las peñas, mientras que la roca de los sillares del muro es una tipo de caliza que tuvo que ser traída hasta aquí. Esta peña fue frontera entre musulmanes y cristianos, y pasó de unas manos a otras con el desplazamiento de la misma hacia el sur. Desde esta explanada, y aunque no es la cota más alta de esta parte de la sierra, se tiene una fantástica vista de 360º sobre el valle del Ebro y la sierras Prepirenaícas. Está cubierta de pasto con abundantes abozos o asfódelos (62); los pastores tenían la costumbre se subir por las escaleras a las ovejas más flacas atadas por las patas y colocadas cruzadas sobre los hombros como una bandolera, pues aquí arriba tenían agua, comida y no podían andar mucho por lo que decían así engordaban. Aquí se sitúa el origen de la leyenda local (anterior a la del salto de Roldán) del desafío entre san Martín y san Miguel a ver quien era capaz de cruzar de peña a peña de un salto. San Martín montado en su caballo lo consiguió, pero san Miguel que eligió un buey para saltar no, y donde cayo el buey quedaron sus huellas marcadas en la roca y por eso esta peña se llama de san Miguel porque es donde se tuvo que quedar el arcángel.

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