Dificultad técnica   Fácil

Tiempo  5 horas 15 minutos

Coordenadas 1395

Fecha de subida 19 de septiembre de 2015

Fecha de realización septiembre 2015

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1.119 m
840 m
0
3,8
7,6
15,17 km

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cerca de Tamajón, Castilla-La Mancha (España)

Ruta realizada por el grupo de senderismo SERMAR (Guía JOAQUÍN)
En esta ruta vamos a encontrar una extraordinaria concentración de puntos de interés tanto a nivel monumental como natural.
Llegamos a TAMAJÓN por la CM-1004. Esta carretera bordea la localidad por su lado Oeste.
A nuestra derecha podemos divisar los restos de lo que fue un “convento franciscano y del antiguo edificio de lo que fue una fábrica de vidrio, la cual estuvo activa desde el siglo XVIII hasta finales del XIX. Todo ello hoy está en ruinas pero no dejan de ser muestras del esplendor y la importancia del municipio en otros tiempos.
Justo al final del pueblo nos encontramos la iglesia, de origen románico de la Asunción.
Nosotros continuamos por la carretera, pero hemos de destacar que la iglesia cuenta con unas interesantes bóvedas de crucería, una bonita torre y la capilla de los Montúfar del siglo XVII.
Si se tiene la oportunidad de visitar Tamajón hay que destacar “palacio de los Mendoza”, un caserón noble de estilo plateresco de mitad del siglo XVI que hoy alberga el Ayuntamiento y la casa de los Montufar, donde un gran escudo preside el edificio con una portada barroca sencilla del siglo XVII.
Pero como hemos dicho seguimos la carretera, en dirección al Pantano del Vado, y en poco más de 1 km llegamos a la Ermita de la Virgen de los Enebrales, conocida como "La Serrana". Esta bella ermita es de principios del siglo XVI, porticada y ampliada en el siglo XVIII. Existen varias leyendas sobre la Virgen y la construcción de su santuario. Una de las más populares hace referencia a que las puertas de esta Ermita han de estar siempre abiertas en un alarde de hospitalidad como auxilio para peregrinos y caminantes. Nos acercamos hasta las puertas de la ermita y comprobamos que efectivamente, su portón se encuentra abierto, pero tan solo podemos acceder poco más de medio metro al templo, ya que una reja impide el paso más allá.
Justo detrás de esta ermita se puede contemplar un espectacular cambio del terreno: la piedra caliza desaparece y surge la pizarra, protagonista, a partir de aquí, tanto en paisaje natural como en el Urbano. La sierra de Ayllón es famosa por sus pueblos de arquitectura negra, pueblos como Majaelrayo o Valverde de los Arroyos, hechos con la pizarra que se le va cayendo -ley de vida y de gravedad- al viejo pico Ocejón. Como para llevar la contraria, Tamajón, que es la puerta de este oscuro rincón de Guadalajara, levanta su caserío sobre una luminosa faja de terreno calizo y su arquitectura puede ser llamada cualquier cosa -blanca, rubia, dorada...- menos negra. De sus canteras salió mucha de la piedra que resplandece, desde finales del siglo XV, en el palacio del Infantado de Guadalajara. Y también el adoquinado que lucían las calles del pueblo antes de que llegase el vulgar asfalto, cuando Tamajón era conocido, por esto y por la traza palaciega de sus casas, como el Madrid de la Sierra.
Tras admirar esta monumental ermita tomamos dirección Este. Comenzando a introducirnos por el sabinar donde podemos admirar un grupo de formaciones pétreas de caprichosas formas, resultado de la erosión del viento y del agua sobre las piedras calizas. Disfrutando de la tranquilidad que ofrece esta zona, recorremos rincones casi vírgenes, con formaciones extrañas, cuevas y oquedades en la roca, arroyos, arcos, dolinas y otras fantásticas y caprichosas formaciones. A esta zona se la denomina la “Ciudad Encantada de Tamajón”. Cuando pensamos en la Ciudad Encantada siempre nos viene a la cabeza la de Cuenca pero aquí existe otra, la Ciudad Encantada de Tamajón (en Guadalajara), un rincón natural de gran belleza incluido en el Inventario Nacional de Paisajes Sobresalientes.
En las rocas observamos marcas blancas que son restos del magnesio que los escaladores se dan en las manos para evitar resbalar. Decir que en este lugar se practica el Búlder, del inglés Boulder: escalada en bloque. Es una forma de escalada en la que el escalador no sube a mucha altura y así en caso de caída no supone problemas graves. Es decir, se sube un bloque de unos pocos metros con la caída asegurada (por lo general) con una colchoneta (crash pad) para evitar golpes o bien un compañero permanece atento a una posible caída.
Después de disfrutar de este misterioso entorno natural cruzamos la carretera y seguimos en dirección SW por una estrecha senda. A nuestra izquierda tenemos una tierra de labor mientras que a nuestra derecha continúan las formaciones rocosas. Un poco más adelante encontramos un grupo de escaladores de Búlder con sus correspondientes colchonetas prácticando la escalada.
Seguimos avanzando a media ladera. Las extrañas formaciones rocosas van desapareciendo. A nuestra derecha seguimos teniendo el sabinar, mientras a nuestra izquierda vamos viendo la localidad de Tamajón.
Tras caminar 1.750 mts por esta senda alcanzamos una pista compactada con restos de pizarra negra.
Ahora hay que dejar volar la imaginación, para así adentrarse en la senda que un día recorrieron los monjes cistercienses de la abadía de Bonaval y los frailes del convento franciscano de Tamajón, en su celosa misión de velar por la salvación eterna de sus pobladores, entonces castellanos nuevos.
El itinerario forma parte del GR-10, un sendero de gran recorrido que une Puçol (Valencia) con la sierra de Francia (Salamanca). Este recorrido nos llevará hasta la localidad de Valdesotos, pasando por Retiendas, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR-10, que atraviesa estas tres localidades.
Seguimos la pista a nuestra derecha (es decir hacia el Oeste) a lo largo de 250 mts. A la derecha en el alto, tenemos el depósito del agua. Y abajo, hacia el Sur tenemos los restos de lo que fue el polvorín y la cantera, ambos para la construcción del Embalse de El Vado y del canal del Jarama.
El embalse de el Vado que se encuentra muy cerca de aquí, fue inaugurado por Franco en 1954. Su construcción se prolongó durante 40 años. El objetivo era destinar sus aguas al riego a través de la Real Acequia del Jarama. Pero en el año de su inauguración se cambió su destino y sus aguas fueron asignadas al consumo de Madrid, aunque no pudieron ser utilizadas para este fin hasta el año 1960 en que se puso en servicio el canal del Jarama. Posteriormente se realizaron obras que se prolongaron hasta 1972 para construir un nuevo aliviadero sobre el dique principal, sin suponer ello un recrecimiento de la presa. Bajo sus aguas quedó hundido casi todo el pueblo de El Vado, que le da nombre.
Pues bien, aquí tenemos una bifurcación. Hay que tomar dirección SE. Enseguida pasamos junto a los restos de lo que debió de ser la casa-almacén del Guarda del polvorín. El polvorín se encontraba detrás de la casa.
Avanzamos 300 mts más y llegamos a otra bifurcación. Tomamos el camino de la derecha, hacia el Oeste. Rápidamente llegamos a la cantera.
Cruzamos el arroyo de Las Heras y unos metros más adelante vemos, en lo alto de una loma, el Castillejo, antiguo emplazamiento árabe, del que se conserva una pared. Pasamos el molino de las Huertas (propiedad privada) y llegamos a la raya de separación de los términos municipales de Tamajón y Retiendas.
Aquí llevamos caminados algo más de 5 kms desde el inicio.
En esta zona nos encontramos una gran cantidad de arroyos y manantiales que se precipitan hacia el arroyo de Las Huertas. El verano ha sido muy seco y hasta aquí nos hemos encontrado los cauces totalmente secos, no obstante, a partir de aquí empezamos a encontrarnos con el ruido del agua que ya nos va a acompañar el resto de la jornada. Este agua de arroyos y manantiales fue canalizada para regar las huertas de Retiendas. La vegetación se hace muy espesa y nos impide apreciar lo que en su día fueron fértiles huertas.
Llegamos a RETIENDAS, tras 7 kms de camino. El paisaje calizo de Tamajón da paso a las terreras rojizas.
Subimos por la Calle Mayor hasta la Plaza de la Iglesia. El templo que fue románico en su origen, alberga en su interior un Cristo rústico y una imagen gótica de la Virgen de la Paloma (de alabastro del siglo XV) procedente del Monasterio de Bonaval.
Bajamos hasta el final del pueblo. Cruzamos por debajo del puente para salir a la carretera. Tras reponer fuerzas en el Bar que hay enfrente, tomamos dirección SSW. A nuestra izquierda dejamos las tapias del cementerio del pueblo y un poco más adelante, en una curva de la carretera, antes de cruzar el puente, giramos a la izquierda para seguir por una pista de tierra.
Enseguida la pista se bifurca en dos direcciones. Tomamos la pista de la derecha, que nos llevará en breves pasos hasta un bosque de encinas que se va haciendo cada vez más tupido.
Tras avanzar poco más de 1.250 mts, estamos ante las ruinas del monasterio de Bonaval. El monasterio se encuentra rodeado por una alambrada y un cartel que indica la prohibición de entrar por riesgo de desprendimientos. La maleza se ha hecho presa del monumento.
Este monasterio, fundado en 1164 por Alfonso VIII, fue un cenobio de la orden del Císter. Constaba de una imponente iglesia de tres esbeltas naves, la central de mayor altura que las laterales. La cabecera tiene un ábside mayor flanqueado por dos capillas o ábsides menores, comunicadas entre sí. Desde el exterior a través de una bonita portada gótica sujetada con refuerzos metálicos para evitar el desplome, aún podemos apreciar cómo se cubrían por bóvedas, con nervios muy marcados y de medio punto. Esta puerta es abocinada, flanqueada por cuatro pares de columnas que se coronan con capiteles de decoración vegetal y archivoltas en proceso de descomposición.
Adosado al templo se levantó un monasterio, del que hoy quedan los restos de sus muros. El cenobio responde a la idea de repoblación monástica, para frenar una posible reconquista musulmana. Los Templarios tenían casa en Albendiego y el asentamiento junto al Jarama se encomendó a los monjes del Císter, que junto a la iglesia levantaron ese monasterio y que contenía todo lo que era habitual: refectorio, cocina, biblioteca, almacenes y huertos.
Este complejo está en ruinas desde tiempos inmemoriales. Jurídicamente pertenece al ayuntamiento de Retiendas, un ayuntamiento sin recursos. El pueblo lo compró por 10.500 duros en 1894 a particulares que se hicieron con la propiedad tras la fallida desamortización de Mendizábal de 1821, que en esta provincia supuso un verdadero desastre para la conservación del patrimonio religioso. Sin recursos, cualquier obra de rehabilitación necesitaría de la Junta de Comunidades o el Estado, a través de su programa del 1 por ciento Cultural. Pero nadie se da por aludido y cada año esta joya del Císter está más arruinada. Una vergüenza para esta provincia, para esta región y para el estado español.
Ahora tenemos que desandar unos 100 mts escasos del camino hasta llegar al punto en que empezamos a ver las ruinas de Bonaval.
Seguimos por la misma senda por la que veníamos, pero ahora hacia la derecha.
El bosque de encinas que nos ha acompañado desde Retiendas, se va haciendo cada vez más tupido a medida que avanzamos siguiendo el curso del Jarama, que ahora tenemos abajo en la hondonada. La sensación de frescor es reconfortante porque los rayos solares apenas consiguen penetrar entre la vegetación, lo que recrea a todo el entorno de un microclima especial. Aquí nos encontramos una zona de musgo que sobrevive a los rigores del verano, al cobijo de las encinas.
El valle se va cerrando. Un farallón de roca parece cerrar nuestro camino. El río hace un recodo de más de 45 grados, y la senda se pega a la pared siguiendo el cauce del río. Por encima de nosotros sobrevuela una colonia de ejemplares de Buitres, también los vemos en las grietas y repisas del roquedo. En el aire los buitres no emiten ningún sonido ya que no disponen de órgano fonador, pero un siseo sordo envuelve como un velo los bandos en vuelo coronado: el producido al rozar el viento contra los bordes de ataque de las alas. Pero el vuelo silencioso de los buitres se acompaña de los graznidos de grupos de cuervos y el murmullo de las aguas.
El paisaje se va transformando, a medida que avanzamos, y hay que volver la vista a atrás para descubrir nuevas perspectivas. El bosque de encinas va quedando atrás, pero no la sombra que se extiende mansamente por toda esta “HOZ DEL JARAMA”.
Un poco más adelante la senda se empieza a empinar hasta llegar a una pradera que nos aleja temporalmente del cauce del Jarama, al que pronto regresaremos sin perder el camino. La pradera nos lleva directamente al lecho de otro barranco, menos pronunciado que el anterior, que nos conducirá sin pérdida hasta nuestro destino.
Al final del sendero nos encontraremos con la carretera que va de Valdesotos a Tortuero, y un puente nuevo sobre el Jarama. Atravesamos el puente por la carretera y unos 250 mts más adelante a nuestra izquierda y detrás de un olivar, nos encontramos un bonito y viejo puente medieval.
Ya tan solo es seguir la carretera en dirección Oeste y luego NNW a lo largo de unos 1,8 kms más para llegar al punto final de la ruta, el pequeño pueblo de VALDESOTOS de tan solo 23 habitantes.
Antes, pasamos junto a unos enormes tubos que forman parte del canal del Jarama que como ya hemos comentado sirven para llevar agua a Madrid desde el embalse de El Vado.
Al llegar nos encontramos un aparcamiento a la entrada de la localidad donde damos por finalizada la ruta.
Es recomendable darse una vuelta por el pueblo, donde se verán bonitas casas hechas de piedra y pizarra.
Nos cuentan que el mejor atractivo que tiene este pueblo, aparte de las múltiples rutas de senderismo que hay, es el llamado “chorro de Valdesotos” un lugar que dicen es maravilloso. Está ubicado a unos 2 km en dirección Norte, al que se ha puede acceder caminando desde el pueblo.
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Quienquiera que haga uso y seguimiento total o parcial de este track y de su información adicional, asume la plena responsabilidad ante los riesgos propios de la práctica de la actividad, ya que esta información tiene únicamente carácter orientativo.

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