Dificultad técnica   Fácil

Tiempo  4 horas 23 minutos

Coordenadas 1070

Fecha de subida 14 de febrero de 2016

Fecha de realización febrero 2016

-
-
665 m
387 m
0
4,6
9,1
18,21 km

Vista 224 veces, descargada 9 veces

cerca de Muel, Aragón (España)

Hoy disponemos de solo media jornada, así que nos vamos a la población de Muel, para realizar una ruta circular al barranco del Hocino, recorriendo la margen derecha del río Huerva, por la nueva senda, que se ha limpiado recientemente.

Desde Zaragoza, tomamos la A-23 hasta la salida de Muel, donde bajamos por la antigua carretera, hasta coger la calle Mayor, por la que bajamos hasta el cauce del río Huerva, en la zona baja del Parque Municipal, donde dejamos el coche, en un pequeño aparcamiento, donde hay una fuente, que mana un agua fresquita.

A orillas del río Huerva, iniciamos el recorrido, rápidamente llegamos a la altura de las ruinas del Castillo de los Marqueses de Camarasa, desde el que se precipita una preciosa cascada, y unos metros más adelante, al dique de la presa romana, que data del S.I, que fue construida por los legionarios romamos, y sobre la que se ha construido la Ermita de Nuestra Señora de la Fuente, en la que se conservan varias pinturas de Goya, a la que accedemos tras subir una corta, pero fuerte rampa de cemento.

Desde este punto, giramos a la derecha, avanzamos unos metros por la calle, y a mano izquierda tomamos un amplio camino de tierra, en el que iniciamos el recorrido, paralelos al cauce del río Huerva, que no dejaremos hasta las postrimerías de la población de Mezalocha,.

Siguiendo el camino, vamos dejando atrás las últimas casas de Muel, después de pasar un ejemplar de álamo de imponente porte, el camino comienza a estrecharse, hasta convertirse en una bonita senda, por la que vamos remontando el curso del río Huerva, tomando de referencia unas marcas azules y blancas.

Entre un espeso bosque de ribera, avanzamos lentamente, disfrutando del entorno, caminamos con cuidado, ya que la senda al estar pegada al río, se encuentra húmeda, y resbala en algunos puntos.

Poco a poco, la senda se va despejando, alcanzamos un grupo de Tamarices singulares, que son arbustos que pueden llegar a convertirse en arbolillos de unos diez metros de altura, que poseen la peculiaridad de ser resistentes a los suelos salinos.

Siguiendo la senda, dejamos atrás los Tamarices, atravesamos una pequeña chopera, y salimos a un ramal del Camino de la Heredad, por el continuamos durante medio kilómetro, hasta encontrar de nuevo una estaca con las marcas blancas y azules, donde enlazamos con la senda del Huerva.

Entre campos de cultivo, nos adentramos de nuevo en el bosque de ribera, que al ser invierno, no mantiene sus hojas, pero seguro que en primavera u otoño, tiene que ser una delicia.

Por una precaria pasarela de troncos, cruzamos el cauce de un barranco, atravesamos un túnel natural formado cañizos, que se alzan varios metros por encima de nuestras cabezas, y tomando de referencia las marcas blancas y azules, descendemos hasta el cauce del río Huerva, por una corta, pero resbaladiza rampa, por la que descendemos agarrándonos de la ramas de los árboles.

A partir de este lugar, la senda se transforma en un bonito camino, por el que caminamos entre chopos, pegados al cauce del río, en el que de vez en cuando el camino se bifurca en dos, escogiendo siempre el que va pegado al río, y por el que llegamos junto a un azud, que sobre el kilómetro cuatro forma el río Huerva.

Tras disfrutar de las vistas, seguimos nuestro camino, dejamos atrás el bosque de ribera, y aprovechamos para correr un poco, hasta que el camino muere junto a unos campos de cultivo, que atravesamos y enlazamos con el camino de la Heredad, junto en la intersección de caminos, en el que se encuentra el desvío hacia el embalse de Mezalocha.

Sopesamos acercarnos hasta Mezalocha, pero tan solo es añadir más kilómetros al recorrido, así que tomamos el camino balizado como PR-Z45, que nos ha de llevar hasta el Mirador del Hocino, pero antes al embalse de Mezalocha, al que llegamos en apenas cinco minutos, por amplio camino de tierra, en suave ascenso.

Desde la presa, el camino muere unos metros más adelante, nosotros cogemos un sendero, que nace a nuestra izquierda, por el que comenzamos a ganar desnivel, hasta alcanzar las paredes verticales de la Peña del Águila, en la que se sitúa una vía de escalada.

Una vez bajo sus pies, caminamos por sendero, pegados a la roca, con algunos tramos con bastante piedra suelta, lo que nos obliga a caminar con precaución. Poco a poco vamos ganando metros, nos acercamos hasta una oquedad que se sitúa entre las dos peñas, y después regresamos al sendero principal, ya a los pies de la Peña del Moro, en la que se ubica la escuela de escalada, donde los grandes como Serón o Rabada escalaron, aunque ahora no son muy frecuentadas, debido a la mala calidad de la roca, pese a su cercanía a la ciudad.

Cuando sobrepasamos el kilómetro seis (6.3 km), llegamos al barranco del Hocino, punta sobre la que se sitúa virtualmente el mirador del Hocino, desde el que obtenemos unas fantásticas vistas del embalse, y de la hoz en la que se ubica.

Hace unos años, realice una circular al embalse, y pude ver, que más o menos había una trocha que continuaba por la parte alta del barranco, así que desde el mirador, tomamos dicha trocha, por la que nos internamos en el barranco del Hocino, desde el que podemos ver el fondo del barranco, que sin duda ofrece lugares espectaculares, y que nos apena no poder acceder a él, ya que hay una caía de más de cincuenta metros, y solo se puede bajar rapelando, o yendo hasta la parte intermedia, y adentrarse desde allí.

Para disfrutar de las vistas, caminamos siempre por el filo del cortado, manteniendo una distancia de seguridad, ya que hay bastante piedra suelta. A medida que nos vamos adentrando en el barranco, este va perdiendo verticalidad, y una vez en la zona media, la trocha nos introduce en el cauce seco del barranco del Hocino, donde un grupo de cabras salen a nuestro paso.

Entre romeros, aliagas, y matorral bajo, caminamos por el fondo del barranco, tomando siempre las trochas más limpias; cuando llegamos a la base de un paredón de unos sesenta metros de altura, abandonamos el fondo del barranco del Hocino, que se corta frente a una pared vertical, un kilómetro más adelante, y comenzamos a ganar desnivel, ayudándonos en alguna ocasión de las manos, aunque sin mayores dificultades, hasta alcanzar la parte alta, donde hacemos una parada para reponer fuerzas, y disfrutar de las vistas.

Tras la pausa, retomamos la marcha, seguimos monte a través durante trescientos metros, hasta enlazar con una trocha, por la que llegamos hasta unos antiguos campos de labranza, por los que caminamos durante algo más de un kilómetro, hasta enlazar con un antiguo camino, por el que dejamos definitivamente atrás el barranco del Hocino.

Desde aquí, ya podemos ver en lo hondo, la población de Muel, a la que podemos bajar directamente, o continuar por la parte alta hasta la cima del cabezo San Borombon, que sin duda, resulta una opción muy atractiva, pero alargaría en exceso el recorrido, y además el cielo amenaza lluvia.

Así que con estas circunstancias, decidimos bajar lo más directo a Muel, por lo cual, caminamos unos metros monte a través, hasta conectar con un camino, por el que descendemos a la carrera, alternando tramos de camino, con otros, en los que la vegetación se lo ha comido, hasta que próximos al cauce del río Huerva, enlazamos con el camino de Mezalocha, por el que rápidamente conectamos con el camino de la Heredad, próximo al cruce de caminos donde hemos tomado hace un par de horas el PR-Z45.

Como el camino de la Heredad, está bien para ir con la btt, pero caminando o corriendo resulta algo insulso, los primeros metros vamos por el, pero en cuanto vemos un ramal, que nos lleva hasta el río Huerva, lo cogemos y enlazamos con la senda del Huerva, por la que regresamos a Muel, al trote, ya que ha empezado a llover, y no queremos llegar empapados.

Después de casi cuatro horas y media, llegamos hasta el parque municipal de Muel, donde estiramos rápidamente, y vuelta para Zaragoza, con un recorrido muy interesante, de casi veinte kilómetros y quinientos metros de desnivel positivo, que sin duda repetiremos, realizando alguna variación, en primavera u otoño, donde los árboles ya tendrán hoja.

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta