Dificultad técnica   Moderado

Tiempo  2 horas 10 minutos

Coordenadas 823

Fecha de subida 6 de marzo de 2016

Fecha de realización febrero 2016

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338 m
178 m
0
2,8
5,7
11,37 km

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cerca de Monsaraz, Évora (Portugal)

Hay lugares en que la historia viene a nuestro encuentro. Y una historia de varios siglos. Amanecemos en la bella localidad de Monsaraz, un recinto amurallado que es la fotografía de lo que ha sido durante muchos años, y hoy lugar solo para el turismo.
Antes de partir a nuestra ruta, unas pinceladas de historia. Al encontrarse sobre una colina, se ocupa desde la prehistoria, podemos encontrar un castro y una amplia variedad de monumentos megalíticos, sucesivamente habitada por los romanos, visigodos y musulmanes. Estos últimos se asientan durante varios siglos, hasta la reconquista cristiana dirigida por un tal Geraldo Sem Pavor (Gerardo sin miedo, aunque suene mejor en portugués). Bajo dominio portugués, durante siglos tuvo el papel de centinela del río Guadiana, vigilando la frontera con el Reino de Castilla. Siempre España en frente, sólo separadas por La Raya, La Raia en portugués. Sus murallas se refuerzan para la defensa frente a la artillería, y finalmente al expandirse el pueblo, se abandona progresivamente en función del cercano Reguengos de Monsaraz, donde se desarrolla hoy realmente la actividad.
Que mejor sitio para tomar la salida que el castillo, desde donde dominamos una amplia extensión de la dehesa alentejana. Descendemos tomando una de las puertas de acceso, y pasando por la Ermita de Santa Catarina. Poco más adelante nos espera el Cromlech de Xerez es un extraordinario monumento megalítico compuesto por unos 50 menhires de granito que debió construirse entre el III y IV milenio antes de Cristo. Aquí se realizan jornadas de observación astronómica, como el Dark Sky Alqueva. Poco más adelante nos encontrarnos con el menhir de Outeiro, que se alza solitario. Estos dólmenes, menhires y recintos megalíticos, tienen un importante aspecto mágico, relacionado con los ciclos solares, la luna y las constelaciones.
Iniciamos el regreso para ver como Monsaraz se acerca desde su baluarte rocoso. Hemos encontrado un ancestral camino que nos conduce a la fortaleza. Lo perderemos para acercarnos atravesando campos cultivados hasta la fortaleza y entrar por otra de sus puertas.
En poco más de dos horas damos un paseo por los campos y las piedras que han albergado generaciones desde hace miles de años, las han protegido de los ataques, han visto correr ríos de sangre, y han invocado a sus dioses, pidiendo ayudas para cosechas y fertilidad. Hoy podemos celebrar que estamos en un lugar privilegiado con un vaso del buen vino que da esta tierra alentejana.

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