Dificultad técnica   Fácil

Tiempo  6 horas 9 minutos

Coordenadas 1644

Fecha de subida 2 de mayo de 2016

Fecha de realización mayo 2016

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178 m
2 m
0
4,1
8,2
16,44 km

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cerca de Hio, Galicia (España)

En esta ruta vamos a conocer un lugar paradisíaco que tenemos en nuestra Galicia y en donde se encuentra la que en su día fue considerada la playa más bonita del mundo.
Se trata de nuestras maravillosas Islas Cíes.

Nada más bajar del catamarán que nos traslada hasta allí ya nos damos de bruces con ese regalo de la naturaleza de finísima arena que es La Playa de Rodas. Pero resistimos la tentación de quedar allí y nos dirigimos a explorar las dos islas sobre las que se puede caminar.

Así, en La Isla Norte o de Monteagudo, llegamos hasta El Alto del Príncipe, un promontorio que se erige como un auténtico mirador desde el que poder contemplar toda la inmensidad del océano, La Isla del Medio o del Faro y la tercera, La Isla de San Martiño.

Y si os acercáis hasta allí no dejéis de sentaros en la “silla da raíña” un saliente rocoso, verdadero trono, para unas vistas auténticamente dignas de la realeza.

De allí nos dirigimos hacia la otra punta de la isla en donde se encuentra el Faro do Peito y La Furna de Monteagudo en donde continuamos disfrutando de toda la belleza reinante.

Nos llama la atención el color que presentan las rocas en esta parte de la senda, con el amarilleo de los líquenes dominándolo todo.
Es primavera y los campos que nos rodean están exultantes de flores variadas que lo impregnan todo con su presencia colorida.

El senderista camina con los ojos atentos a todo el espectáculo paisajístico, todo ello facilitado por un camino fácil de andar que a veces se vuelve verde, verde que te quiero verde...

De Faro do Peito iniciamos el regreso hasta La Playa de Rodas, siempre con el mar como compañero de caminata.
Un mar en cuyas aguas el sol rielaba a placer y en donde el verde se juntaba con el azul en una simbiosis perfecta.

No dejamos atrás la Playa de Figueiras sobre cuya finísima arena dejamos la clara impresión de nuestras huellas haciendo contraste con la transparencia y quietud de sus aguas.

De nuevo la tentación surgió de tender la toalla y quedarse de relax en la playa más bonita del mundo. Pero no fue así y nos decidimos a atravesar el paso que sobre el llamada Lago dos Nenos, verdadero acuario natural, nos conducía a la segunda isla.

Allí visitamos lo que parecían los restos de una capilla pero que no estaban identificados por eso no lo afirmamos categóricamente.

Desde allí continuábamos sintiendo la llamada incesante del arenal de La Playa de Rodas sobre nuestros sentidos. Y veíamos las siluetas lejanas de los veleros regateando en el sosiego de las aguas azul turquesa.

El mismo sosiego que encontramos en las diversas calas por las que vamos pasando.

Nuestros pasos nos llevan ahora hasta el paraje en donde se encuentra La Pedra da Campá con un hueco producido por la erosión constante del mar sobre ella y que parece hecho para colgar el badajo de una campana.

Y no os perdáis el observatorio de aves que se encuentra algo más adelante.
Es una auténtica atalaya sobre las islas.

Desde allí se pueden contemplar a la perfección los acantilados cayendo en picado sobre el océano. Contrastando con la apacible imagen del lado contrario.

Y sin más dilación dirigimos nuestro caminar hacia otro de los rincones emblemáticos de la Isla, aquel en donde se encuentra El Faro de Cíes y que ya íbamos avistando desde diversos puntos, allá arriba, sublime en su pedestal zigzagueante.

Como también visitamos la blanquiazul figura del faro da Porta vigilando la cercana isla de San Martiño.

De regreso continuamos deslumbrándonos a cada paso, como por ejemplo La Playa de Nosa Señora.

Y de vuelta no podéis dejar de pisar la arena y daros un chapuzón en La Playa de Rodas.

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