Dificultad técnica   Moderado

Coordenadas 264

Fecha de subida 21 de marzo de 2011

Fecha de realización marzo 2011

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817 m
474 m
0
1,7
3,4
6,75 km

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cerca de El Centenillo, Andalucía (España)

Paseo exploratorio por El Centenillo. Bajada vertiginosa hasta el río Grande por un impresionante barranco con bellisimas vistas al Puntal y al pozo del Aguila con su característica chimenea. Llegamos hasta donde el camino cruza el rio, pasando por le emblemática "bomba".
Comenzamos en la plaza, donde ahora han puesto la estátua de un minero como homenaje a los que se dejaron la vida durante tantos años, bien por los frecuentes accidentes, bien por la temida silicosis que desgarraba los pulmones en plena juventud.

El casino está cerrado, amenaza ruina. La antigua casa de Falange se convirtió en una tienda-taberna. Aquí se encuentra el desvío hacia Selladores y Andujar, bueno han hecho un desdoblamiento a la entrada del pueblo por la estrechez de la calzada.

Salimos a la carretera y a la altura de la antigua casa de las monjas tomamos el desvío a la izquierda que aquí se conoce como el camino de la bomba. Nada más asomar vemos el trazado de lo que nos espera, un impresionante descenso por un abierto barranco buscando el río Grande que también aparece como Guadalevin en los mapas y, me da la impresión de que se trata de un error cartográfico de esos que se repiten cuando se copian mapas, ya que el río Guadalevin es el que esculpe el famoso Tajo de Ronda y allí, como aquí también se conoce por río Grande. Nunca había escuchado yo esta denominación para este río y si la del río de los curas, como se conoce en la Carolina, probablemente por pasar frente a la mina conocida de esta guisa.

Al inicio de la bajada, pasados los pabellones de los solteros, construidos para albergar la ingente cantidad de personas que venían a trabajar a estas minas ya nos encontramos con una puerta que limita el paso a los vehículos. Al menos han tenido en cuenta a las personas y han dejado una pequeña abertura por donde se cabe a duras penas. Junto a la puerta está el cartel anunciador del sendero del cerrillo del plomo que parte a la derecha de la pista que llevamos, bajando por el fondo del barranco. Nosotros vamos a seguir por la pista que, aunque traza más distancia, permite contemplar el paisaje de manera más detenida.

A poca distancia encontramos a nuestra izquierda un socavón de desagüe, seguramente del Pozo Nuevo o del Pozo del Águila ya que nos encontramos en su vertical. Está tapiado pero al asomarnos vemos un simpático anfibio habitante de la charca que se ha formado en su interior.Alguna curva más y se abre frente a nosotros la muralla montañosa que recorre el corazón de Sierra Morena. Viene desde Despeñaperros, alcanzando su altura máxima cerca de allí, en el Cerro de la Estrella y continua hacia el oeste con el Montón de Trigo y el que ahora impresiona enfrente, no tanto por su altura como por lo abrupto y descarnado, El Puntal. Este será, algún día, nuestro destino.Seguimos en continuo descenso y desechamos una trocha que nos aparece a la izquierda que nos llevaría directamente al río, pero vemos panales de abejas y el tiempo está primaveral...

Un poco más adelante encontramos el Cerrillo del Plomo, acondicionado para su visita e interpretación. Es muy interesante saber que aquí hubo y funcionó un tornillo de Arquímedes, ese invento humano que parece traído de otra galaxia o haber sido robado al futuro. Eso me ha parecido siempre este ingenio.

La verdad, el día no podía estar más bonito, todo el campo está de un verde que recuerda Asturias o Galicia en lugar de la latitud en que nos encontramos. Hay que apreciarlo y agradecerlo porque esta sierra no suele prodigarse de esta manera.
Continuamos el descenso rodeando el cerrillo del plomo que queda a nuestra izquierda hasta cruzar un arroyo por debajo de un escorial de mineral en un rincón donde las sombras predominan gracias a la vegetación y los eucaliptos existentes. Allí vierte su agua por una férrea tubería un buen caño un probable manantial pero de dudosa potabilidad, aunque nos servirá para refrescarnos a la subida, cuando la cuesta arremeta y el calor del medio día se haga sentir.
Asomamos a una pequeña explanada donde hubo una casa junto donde viene a salir la trocha que desechamos más arriba con excelentes vistas al Puntal y al cerro del manto que se yergue enfrente, al otro lado del río.

Por fin, un cruce donde se incorpora el camino que viene del puente de la pasada del castaño (puente del río de los curas en La Carolina) acompañando toda la ribera del río Grande. Desde aquí, unidos en un solo camino, continúan en dirección al pantano y al Puntal y se mete en la sierra por la finca privada de Navamartina para asomar al barranco del Batán y llevarnos, si pudiéramos a Miranda del Rey.

Antes de continuarlo un tramo, nos desviamos para contemplar el bonito paraje en torno a la Bomba que es como aquí se conoce a la estación elevadora de las aguas al Centenillo. Aguas provenientes del pantano de río Grande por el mismo cauce que antaño circulaba el agua hasta Linares cuyo abastecimiento era el único hasta los años sesenta que se construyera el pantano del río Guadalen y, más tarde, ya en los noventa el de la Fernandina aprovechando el cauce del río Guarrizas. Justo aquí hay un vado que cruza el río pero, al otro lado, se encuentra vallado el camino que llevaría directamente a la CF del Puntal. Hacemos una paradita para echar un "tentenpie" y continuamos, ahora más o menos en llano acompañando el curso del río aguas arriba por su margen izquierda. Tenemos otro obstáculo, de nuevo otra puerta que hay que salvar sin demasiada dificultad para, siguiendo el canal de la antigua conducción de agua potable a Linares, llegar hasta donde el camino cruza el río por un vado, que no puente, ya cerca de la falda de las paredes verticales del Puntal. Toca retirada. Debemos estar a medio día en casa y, a la vuelta, sabemos que hay que subir todo lo bajado que no es "moco de pavo", por tanto manos a la obra del tirón y, una vez en el Centenillo, queda tiempo para escanciar unas birras y remojar el gaznate del pedazo "cuestarrón" que hemos subido. Volveremos.

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