Dificultad técnica   Muy difícil

Tiempo  9 horas 5 minutos

Coordenadas 3999

Fecha de subida 27 de diciembre de 2016

Fecha de realización diciembre 2016

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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652 m
390 m
0
11
22
43,85 km

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cerca de Baños de la Encina, Andalucía (España)

Recorrido que se desarrolla casi exclusivamente por el gran sendero de Sierra Morena, el GR-48 en su etapa 27, la que une Baños de la Encina con La Carolina. Al realizar la ruta yo solo y lógicamente disponer de un solo vehículo, el recorrido lo tuve que realizar de ida y vuelta, con lo que la distancia es excesiva, cercano a los 44 kilómetros. Lo ideal sería dejar vehículos en ambas localidades y realizar una travesía que no excedería de los 22 kilómetros y con un desnivel positivo acumulado moderado, desarrollándose en su mayor parte por carriles y salvo en un par de puntos con rampas suaves o moderadas.

Algo que si hay que tener muy en cuenta es que aunque todo el recorrido discurre por caminos públicos, éstos atraviesan fincas ganaderas, por lo que hay que pasar por innumerables puertas, que hay que abrir y por su puesto dejar debidamente cerradas. Pasaremos junto a ganado vacuno y también equino, siendo lo normal que éstos huyan o sean indiferentes ante nuestra presencia. Pero lo mejor es mantener la distancia en la medida de lo posible y no perderlos de vista. También pasamos por fincas de ganado bravo, por lo que tampoco estaría de más si queremos realizar ésta etapa con la máxima seguridad informarse en la Asociación para el Desarrollo Integral del Territorio de Sierra Morena (ADIT Sierra Morena (957 35 02 73)), en la Asociación para el Desarrollo Rural de la Campiña Norte de Jaén o a través de la web www.senderogr48.com

Descripción que de ésta etapa hace la topoguía del GR-48:

http://senderogr48.sierramorena.com/itinerario/27-banos-de-la-encina-la-carolina/

“La presente etapa conecta la localidad de Baños de la Encina con La Carolina. Fundamentalmente el trazado es coincidente con la vía pecuaria “Cordel de Guarromán” en su primera parte y luego con el antiguo camino municipal que unía Baños de la Encina con la Carolina.

Aunque la longitud y el trazado del perfil imprimen algo de dificultad en la realización de la etapa, el viajero se verá gratamente recompensado por la belleza de los paisajes y los numerosos enclaves desde los que podrá contemplar excepcionales panorámicas. Olivares, pinares y dehesas se suceden a caballo entre la primera línea de sierra asomada en ocasiones a la extensa vega jiennense salpicada de olivos.

La vertiente más norteña muestra el agreste valle del Rumblar, laderas de jarales y un monte mediterráneo casi impenetrable donde ciervos y jabalíes tienen su reino. En ocasiones el tapiz vegetal se ve interrumpido por salpicadas ruinas y escoriales de antiguas explotaciones mineras.

El firme por el que discurre la etapa no entraña demasiada dificultad, tan sólo en el entorno del arroyo del Rumblarejo donde el trazado se aparta de cualquier camino y se hace senda que asciende más o menos entrelazada con el arroyo (cuando tiene agua). A pesar de todo hay que recordar que cada vez que se cruce un portón o cancela deberemos dejarla cerrada
priorizando el respeto al aprovechamiento ganadero que hacen las gentes del lugar.

La presente etapa parte desde el ayuntamiento de Baños de la Encina, continuando por la calle San Mateo hasta la avenida de Linares en un continuo descenso que nos conducirá hasta las afueras del municipio por la carretera J-5040. Al borde izquierdo aparece una pequeña área de descanso y en breve se abandona el asfalto para tomar el camino que se adentra por tierras de olivar hacia el santuario de la Virgen de la Encina
y la ermita de Jesús del Camino, coincidente con el sendero de pequeño recorrido PR A-289 que conduce al Yacimiento Verónica.

Durante algo más de 500 metros se transita por este camino pero se habrá de prestar atención para tomar el desvío a la izquierda, abandonando el camino de la Virgen de la Encina. En este primer tramo GR y PR coinciden en su trazado con la vía pecuaria.

Pronto encontraremos un espacio más abierto en el que desaparece el olivar, en esta encrucijada de caminos optaremos por tomar el desvío de la derecha, donde se intuye un serpenteante ascenso hasta una zona de pinares. Al borde de este antiguo descansadero de ganado aún se delatan antiguas zonas de huerto, en las que no falta el pozo de noria tradicional
y la alberca escoltada por frutales. Los muretes de piedra y las chumberas se encargan también de delimitar y proteger los límites del camino.

La subida hacia el alto con un manchón de pinos piñoneros se realiza por entre sustratos de pizarra, en esta zona abunda la retama y el cantueso. Al volver la vista atrás se sigue contemplando, al ganar altura, la bella estampa del pueblo de Baños de la Encina con su molino de viento, al uso manchego, al frente.

Ya en el punto más alto nos encontraremos en la divisoria de aguas entre el valle del río Grande al norte y la vega de olivar jienense al sur. Nuestra dirección continúa hacia levante en el límite con un espeso pinar. A la bella cuenca visual, se une el frescor y el aroma de las coníferas animadas por el revuelo de bandadas de rabilargos.

La siguiente bajada ofrece un alivio hasta llegar a las inmediaciones del arroyo Rumblarejo. En el margen derecho del trazado existe una finca dedicada a la cría del ganado de lidia. Precisamente en este punto hay que fijarse bien ya que existe un cruce por nuestra izquierda donde el PR A-289 que conduce al yacimiento Verónica se separa del GR-48.

Para visitar el yacimiento Verónica nos desviaremos un par de kilómetros (ida y vuelta al punto de cruce) cruzando la vaguada y ascendiendo por el cortafuegos junto a una valla. Este yacimiento arqueológico representa una fortificación de origen Argárico, vestigio de la época del Bronce donde la impresionante vista del valle del Río Rumblar, Río Grande y Río
Pinto, recompensará el esfuerzo de la subida.

Nuestro trazado continúa en el cruce anterior y se adentra al frente en forma de sendero que discurre paralelo a un lado y otro del arroyo Rumblarejo, no sin antes cruzar un pequeño paso canadiense habilitado para senderistas. El entorno ha cambiado, un tímido matorral y encinar mediterráneo
se ve enriquecido por especies riparias como adelfas, zarzas y
algún ejemplar de majuelo.

La senda alude a su carácter pecuario coincidiendo con la vía señalizada con balizas verdes. Existe incluso un pequeño paso o dique a modo de puente para vadear el cauce, el Pantanillo que, haciendo honor a su nombre, antaño embalsaba las aguas derivándolas a través de un pequeño caz de ladrillo hasta la vecina Casería Manrique para su uso en la industria del aceite. A pesar de todo la mayor parte del año el caudal es pequeño y no supone ninguna dificultad.

La vaguada se abre en su parte más alta en unos extensos prados que en épocas de lluvia aparecen encharcados y son muy frecuentados por aves como las lavanderas. El olivar que aparece en la parte derecha, en la vertiente norte de la Cuesta de los Santos, al que un camino transversal da acceso, compagina la explotación agrícola con la ganadera.

Continuamos al frente buscando la cabecera de la vaguada, la zona gana interés desde el punto de vista ornitológico ya que se hace abundante una nutrida avifauna. Es precisamente la diversidad de hábitats como cultivos y matorral noble lo que provoca que coincidan diversas especies de paseriformes como jilgueros, verderones, carboneros y herrerillos.

En la parte más alta de la cabecera del arroyo, el sendero continúa hacia delante dando paso a una nueva vertiente donde se descubren a la izquierda grandes bolos de granito al pie de un berrocal, los llamados “Peñones de Chirite”. Ello se traduce en un sustrato arenoso con un sinfín de sendas todas ellas coincidentes, que van recorriendo la joven dehesa y girando levemente a la derecha donde vuelve a aparecer una nueva cabecera con un pequeño navazo del que nace el arroyo del Pilar.

El arroyo se aleja en dirección al sur, a la campiña, nuestro caminar en cambio se adentra en la misma dirección que la vía pecuaria que aparece a la izquierda atravesando una cancela de alambre que volveremos a cerrar.

Hemos entrado en un enclave distinto, un encinar bastante más extenso y adehesado que indica la proximidad de la dehesa de Navarredonda. Siguiendo la dirección de la valla perimetral que aparece a la derecha llegaremos a la confluencia con el camino de acceso a la casa de la Nava. En este punto nuestra senda continúa al frente hacia una loma de encinar que nos conducirá a una fuerte bajada repleta de cárcavas hacia el arroyo de la Parrilla. Pero antes de llegar a la confluencia con el cauce conviene prestar atención ya que en este punto abandonamos la vía pecuaria y entramos al interior de la dehesa de Navarredonda por una pequeña cancela de alambre que aparece a la izquierda.

En el interior de la dehesa de Navarredonda se asciende por un sendero hasta coincidir con el camino o pista que no es otro que el que daba acceso a la casa y que tomamos a su derecha, en dirección al norte. Desde este lugar y a nuestros pies se extiende esta bella dehesa dedicada a la explotación ganadera de vacuno que rodea al edificio o cortijada principal.

Más cómodamente por el firme del camino iniciamos un tramo de leves descensos y ascenso entre jóvenes encinares adehesados y al ritmo acompasado de los cencerros del ganado que pasta plácidamente a la sombra. Un territorio más agreste y serrano en el que es posible divisar la silueta de alguna rapaz como el busardo o el milano.

Mientras continuamos ganando altura aparecen las panorámicas hacia el valle que marca las colas del embalse del Rumblar al norte y que queda a la izquierda de nuestro trazado. Una vertiente mucho más abrupta tapizada de monte y jarales que en época de floración es todo un regalo para los sentidos.

De esta manera vamos abandonando la dehesa de Navarredonda en un punto donde el camino se divide en dos y tomando la opción de la izquierda, una encina nos sirve de referencia para pasar una cancela de hierro de entrada a la Parrilla, acceso que deberá ser cerrado tras nuestro paso.

Una acusada curva en ascenso aparece acompañada en sus bordes por bolos de granito entre los que crecen gamones que dejan entrever su floración vertical en contraste con el violáceo del cantueso.

El camino pasa junto a uno de los laterales de la casilla de la Parrilla, un buen lugar para descansar de la subida y contemplar el espectáculo que desde allí se extiende. Una vez retomado el camino éste se bifurcará en dos optando por el de la izquierda que permanece pegado al perímetro de la valla. De nuevo se ofrece a nuestro campo de visión la vertiente más
norteña que mira a las colas del río Grande, afluente del Rumblar, laderas de matorral de gran cobertura donde en otoño se escucha el reclamo amoroso del ciervo desde esta caja de resonancia natural.

En este tramo de la etapa nos vamos a adentrar en una zona bastante llana siguiendo siempre el camino principal pero cerrando las continuas porteras para evitar que se salga el abundante ganado vacuno. También se va a incorporar al trazado el antiguo camino que viene del norte conocido como El Centenillo.

Al pasar junto a las casillas del Quinto avanzamos en dirección este hasta encontrar una nueva bifurcación. En este punto tomaremos el camino de la derecha que avanza por una extensa vaguada entre prados y culmina al salir de una cancela de paso peatonal junto a una balsa o pantaneta habilitada para que abreve el ganado.

Este tipo de pequeños embalses suponen lugares de vital importancia para la fauna. Por un lado son enclave asiduo de garcillas bueyeras que complementan su dieta de insectos con anfibios y reptiles. Por otro, son puntos de interés de cría para anfibios como el sapo partero, el sapo de espuelas o la salamandra. No es raro observar en estos lugares a las escasas cigüeñas negras, o a las águilas reales en sus vuelos de caza. Dejamos la balsa a nuestra derecha y continuamos adelante por el antiguo camino de Baños a La Carolina que no dejaremos hasta el final de la etapa. Sobre la loma nos adentramos en la
divisoria entre la extensa campiña de Jaén que se divisa al sur y las laderas salpicadas de ruinas mineras en la vertiente del norte.

De esta manera penetramos en el término municipal de Carboneros y abandonamos el de Baños de la Encina. Abrimos los portones que dan acceso a un contadero y tentadero que queda a la derecha. Este bien utilizado todavía para el manejo del ganado, mantiene una fábrica de mampostería en piedra típica de la arquitectura rural de la zona.

El siguiente portón dará acceso a la nava de los Cuellos. La cortijada también realizada en su mayoría con mampuesto de piedra de pizarra y bellos contrafuertes, preside la loma y nos sirve de referencia. Es un espacio mucho más abierto con menos arbolado y en el que un pozo tradicional pone la nota singular al conjunto.

Destacar que la Cortijada de Los Cuellos fue una aldea fundada por Carlos III dentro de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, si bien esta no llegó a tener éxito por sus colonos y quedó como una mera cortijada, pero se construyó a la vez que el resto de localidades, La Carolina, Carboneros, Guarromán, Miranda del Rey, etc.

El camino se adentra por entre la cortijada de los Cuellos donde deberemos cruzar un último portón. Desde aquí aparece ya en la lejanía la población de La Carolina pero aún nos quedan seis kilómetros para el final de la etapa.

El firme del camino en este tramo se encuentra en buen estado. Lo más destacado son las bellas panorámicas desde todos lados, la falda de la sierra repleta de ruinas de minas y escoriales, el mar de olivos que se extiende en el lado opuesto al sur, a la derecha de nuestro trazado y, si el día está claro y lo permite, las estribaciones de la sierra de Cazorla, Segura y las Villas y Mágina algo más a occidente, e incluso a mitad del campo de visión la localidad de Vilches destacable por la morra de su viejo castillo hoy mudado a ermita.

En las inmediaciones del cortijo de los Ruices, que queda sobre una loma a nuestra izquierda, aparecen zonas de huerta e incluso en el lado opuesto junto al camino un antiguo pozo abrevadero, realizado en ladrillo.

El ganado vacuno ha dejado de ser el protagonista y en estas fincas abunda la oveja de raza segureña. Este tipo de animales pasan el invierno en zonas de Sierra Morena para posteriormente realizar la trasterminancia hasta la sierra de
Segura, sobre todo a los términos de Santiago de la Espada y Pontones.

Nos adentramos en el término municipal de La Carolina y a nuestra derecha aparece imponente la casa de La Cerrada sobre un cerro. El paraje es conocido como “de la Media Legua” indicándonos que estamos precisamente a media hora de camino a pie del municipio carolinense.

Una acusada curva del camino muestra un aspecto más árido y falto de vegetación arbórea ,si bien estos pastizales son los utilizados para su alimentación por el cernícalo primilla, especie que fue objeto de reintroducción en La Carolina y otras especies asociadas a medios esteparios. Al borde izquierdo del mismo y flanqueando la cuneta aparecen estratos de pizarra perfectamente definidos dibujando pliegues que simulan arcos de medio punto.

El cerro de la Cruz se extiende en todo el flanco izquierdo con sus casi 650 metros de altitud. Un enclave muy visitado por senderistas y paseantes que disfrutan de las bellas panorámicas del lugar.

Llegamos a la confluencia con la carretera de El Centenillo que tomaremos a la derecha adentrándonos en la avenida Virgen del Rosario, donde una rotonda nos indica a la izquierda el acceso al municipio por la calle Camino de Baños, donde finaliza nuestra etapa.”

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