Dificultad técnica   Difícil

Tiempo  8 horas 11 minutos

Coordenadas 3376

Fecha de subida 18 de marzo de 2017

Fecha de realización marzo 2017

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1.820 m
1.248 m
0
4,2
8,4
16,75 km

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cerca de Bardazoso, Andalucía (España)

Con ésta ruta por la Sierra de las Cuatro Villas, combinamos una parte de “investigación”, con otras partes harto conocidas por nosotros. La “investigación“ se trata de ascender al collado de la Lacha de la Cigarra, (donde se encuentra un monumental pino laricio), desde Gil Cobo. Según nos contó un serrano hace un tiempo, desde Gil Cobo salía una senda y a través de una “escalera”, (así llaman los serranos a los pasos entre los poyos y escarpes rocosos), se colaba a la superficie cimera de la Lancha de la Cigarra. Y éste fue el día elegido para encontrar esa “escalera” .Y la encontramos, pero muy perdida y rota, vamos, que es ascender por una pedrera pura y dura. El resto de la ruta consistió en ascender al Alto de Pedro Miguel o Blanquillo desde el collado Perenoso (ascenso clásico a ésta mítica cumbre) y desde éste, llegar a la Morra de los Cerezos cresteando la cuerda que más o menos une ambas cumbres.

La ruta la he calificado de difícil por los tramos complicados de campo a través que pisamos, pedregales y agrios lapiaces, donde en ocasiones hay que ayudarse con las manos. Los tramos que discurren por veredas, no senderos propiamente dichos, tampoco son fáciles de andar, debiendo estar atentos para seguir su continuidad.

La ruta comienza en el Área Recreativa de Gil Cobo, entre los kilómetros 28 y 29 de la conocida como carretera transversal de las Villas.

Desde el pequeño aparcamiento que hay junto a la carretera en la zona del Área Recreativa de Gil Cobo, (dentro de dicha área recreativa hay mucho más espacio) y tras cruzar la misma, comenzamos a ascender ligeramente hacia el Norte por lo que parece una senda, que pronto se pierde entre el denso pinar. Seguimos ascendiendo, paralelos a la carretera y complicándonos la vida a cada paso. Pasamos por zonas muy densas de bojes, de las que cuesta salir y pensando que pegándonos a las altas paredes rocosas que tenemos encima colaríamos mejor hasta el barranco o canuto en cuya parte más alta se encuentra el Pino de la Lancha de la Cigarra, hacia allí nos dirigimos. No podíamos estar más equivocados, pues nos enriscamos casi sin solución de continuidad, por lo que tuvimos que perder algo de altura para entrar en el barranco por donde sí iba la antigua “escalera”.Una vez en el barranco, solo queda ascenderlo por una pedrera cuya única dificultad estriba en su acusada pendiente y lo suelto del terreno.

Como el serrano del que hablé anteriormente nos dijo que la “escalera” salía de Gil Cobo, pensamos que sería la supuesta senda que tomamos nada más comenzar la ruta. Pero una vez en el majestuoso pino y con una perspectiva más amplia de la zona, caímos en la cuenta de que el Gil Cobo al que se refería el serrano eran la ruinas de un cortijo, (cuyo dueño al parecer se llamaba Gil Cobo y del cual recibe el nombre todo éste paraje), junto a la carretera pero a más de 1,5 kilómetros del área recreativa hacia el Norte. Desde allí se entra directamente a el barranco, el cual es el único punto débil para atacar la cara Noroccidental de la arisca Lancha de la Cigarra. Al día siguiente Miguel me dijo que mirara la ruta 35 del fabuloso libro “El último Edén. El gran libro de la Sierra de las Cuatro Villas” de José Gómez Muñoz, donde describe perfectamente éste ascenso y que como suponíamos es por ahí. Lástima no haber leído antes el libro, nos hubiéramos ahorrado un tramo bastante malo.

Una vez en la superficie cimera de la Lancha, repleta de pequeñas navas y rodeadas de múltiples crestas ásperas de lapiaz, decidimos dirigirnos a la cumbre más meridional para disfrutar de las panorámicas que nos ofrece. Regresamos por el mismo lugar hasta el grandioso Pino de la Cigarra y dando de lado a la cumbre más elevada de la Lancha (1.623 metros), descendemos hacia el Noroeste hasta el collado Perenoso. Este descenso es campo a través por lapiaz, no excesivamente complicado, pero donde hay que tomárselo con calma.

Desde el Perenoso tomamos la conocida vereda que hacia el Este comienza a ascender al Blanquillo. La vereda al principio es bastante clara, pero conforme nos acercamos a la “Escalera del Blanquillo” se va dividiendo en múltiples sendas de animales. Desde el collado Perenoso numerosos hitos de piedras acompañan nuestro camino, así, que si no los perdemos, éstos nos llevaran sin dilación hasta la escalera. Tras subir la escalera, la vereda acompaña el curso de un arroyo que nos lleva a un bonito pinar algo aclarado de viejos laricios. Ahora nos desentendemos de la cañada por donde desciende el arroyo y hacia Este emprendemos un acusado ascenso, al principio por el pinar y después por una desarbolada ladera tapizada de piornos. Éste ascenso aunque sin vereda clara, también se encuentra jalonada de hitos y nos lleva a la cresta del Blanquillo, muy cerca ya de la cumbre. Para llegar a ésta, seguimos la cresta a la izquierda, hacia el Norte, para en unos 300 metros coronar su vértice geodésico, pasando antes por un portillo desde donde se obtiene la típica fotografía de ésta bonita cumbre con forma de ola y que aparece como portada de una conocida guía de rutas por éste Parque Natural.

Ahora toca ir a por nuestra tercera cumbre del día, también muy conocida por los senderistas que recorren las Villas. Se trata de la Morra de los Cerezos, Morrón del Cerezo o Pedro Miguel según Alpina, aunque al parecer Pedro Miguel o Alto de Pedro Miguel es en realidad el Blanquillo. Para ello recorremos la cresta por la que hemos accedido al Blanquillo, pero ahora caminamos hacia el Sur. Éste tramo no representa grandes dificultades. Descendemos progresivamente por veredas que más o menos van por la parte más elevada de la cresta. De vez en cuando vemos hitos de piedras que nos recuerdan que vamos por buen camino. Cuando llevamos aproximadamente dos kilómetros, descendemos a un profundo y amplio collado. En vez de ascender para seguir cresteando, descendemos un poco hacia el Noroeste para en breves metros llegar a los restos de lo que fue un carril. Lo seguimos hacia el Oeste y el carril pronto se convierte en senda. Pasamos por una fabulosa zona bajo cortados y abrigos, desde donde se obtienen unas bonitas vistas de la cabecera de Gil Cobo. A partir de aquí la senda se pierde y seguimos veredas de ganado, descendiendo hacia el Suroeste hasta la amplia y bonita nava de la Blanquilla Baja.

Ahora emprendemos otro de los tramos “complicados” de esta ruta. Se trata del ascenso a la Morra de los Cerezos desde la Blanquilla Baja, pues hay que atravesar un arisco lapiaz y torcal donde sobre todo en su último tramo hay que ayudarse con las manos. Hay que superar unos 200 metros de desnivel en aproximadamente un kilómetro. Para tomar el mejor “camino” y una vez que ya hemos atravesado la larga nava de la Blanquilla Baja y estamos situados en zona rocosa, tenemos que tomar como referencia un esbelto espolón rocoso a mitad del ascenso y que destaca ostensiblemente desde donde estamos. Tenemos que comenzar ascendiendo buscando ese espolón. Seguimos un “camino” de ganado, bastante notable, ya que las rocas están manchadas de barro y es fácil seguir su rastro. Una vez cerca del espolón, lo sorteamos por la derecha y a partir de aquí el “camino” de ganado se multiplica y el relieve se torna más accidentado. Es mejor seguir los caminos que por la derecha comienzan a ascender a un mogote, ya que hacia la izquierda entramos en una zona de complicadas dolinas. Llegamos a una especie de pequeña nava o llano, preludio del último asalto a la fortaleza de la Morra, cuya caseta vemos ya muy cerca. A partir de ahora no queda más remedio que trepar hacia la caseta ayudándonos con las manos, a no ser que demos un considerable rodeo y ascendamos a la misma por su cara occidental. De todas formas este tramo es corto y tomándolo con calma y la debida precaución no reviste excesivos problemas.

Desde la caseta de la Morra de los Cerezos nos podemos acercar al cercano espolón al Sureste de la cima, desde el que podemos disfrutar de unas grandiosas panorámicas de gran parte de éste Parque Natural y de otras sierras Béticas. Nosotros no tuvimos suerte con las vistas, ya que la visibilidad debido a la calima fue malísima, casi no pudiendo vez con cierta nitidez el Calarejo de los Villares o las Banderillas, que las teníamos justo enfrente y a escasos kilómetros.

Desde la Morra descendemos hacia el Oeste hasta el Collado del Muerto (al menos así creo que se llama, porque en algunos mapas éste topónimo lo sitúan en otro lugar). Para llegar allí y tras pasar una zona llana y desarbolada, hay que buscar un portillo entre rocas y atravesar un estrecho pinar. A partir de aquí lo más fácil para llegar a la pista ,(Camino de la Cañada del Avellano), que es nuestro objetivo, para por ella llegar a Gil Cobo tras atravesar la Cerrada de San Ginés, sería tomar la senda que sale desde este collado y que desciende por el barranco al Noreste hasta llegar a Fuente Colorá. Pero nosotros como queríamos pasar por la Majá Serbal, reconvertida en refugio y área de recreo con barbacoas y columpios (no conocía la zona tras la rehabilitación y tenía curiosidad por ver el resultado), decidimos atravesar la corta pero agria zona de lapiaces y dolinas, (unos 400 metros), que hacia el Noroeste separa el Collado del Muerto del Camino de la Cañada del Avellano.

Una vez en la pista, solo nos resta para concluir la ruta, seguirla a la derecha durante unos 4,5 kilómetros para llegar al área recreativa de Gil Cobo, tras pasar por Majá Serbal, Fuente Colorá, el cruce con el camino de Collado Perenoso y la preciosa Cerrada de San Ginés, por donde se abre camino el arroyo de las Aguascebas de Gil Cobo.

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