Dificultad técnica   Moderado

Tiempo  4 horas 11 minutos

Coordenadas 1590

Fecha de subida 18 de mayo de 2014

Fecha de realización mayo 2014

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984 m
706 m
0
3,7
7,3
14,65 km

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cerca de Patones, Madrid (España)

15 de Mayo de 2014.

Hoy hemos hecho mi hermana y yo una pequeña excursión a las Cárcavas de Alpedrete de la Sierra y alrededores. Hemos dejado el coche en el parking que hay muy cerca del Pontón de la Oliva y hemos empezado el paseo.

Primero hemos subido a la presa, que se construyó en 1851 y que posteriormente se dejó de utilizar porque había filtraciones de agua. A las 9:30 ya empezaban a llegar los escaladores a las paredes de roca que bordean la presa. Algunos estaban ya en plena acción colgados de la pared.

Nos hemos puesto en camino hacia las Cárcavas. Nuestro destino no era el interior, sino el exterior, así que hemos subido hasta el borde y lo hemos rodeado. Las vistas eran muy buenas.

Había torres de roca arenisca y pasillos entre ellas. Era un paisaje totalmente diferente a los que estamos acostumbrados. Rodeando el “hoyo” donde están las cárcavas había montones de jaras en flor y otras flores de las que no me acuerdo del nombre. La subida hasta el borde superior de las Cárcavas se puede hacer sin problemas, aunque es empinado. No es recomendable ir en los meses de verano, porque no hay sombras.


Una vez hechas las fotos de rigor, proseguimos el camino que nos lleva hasta Alpedrete de la Sierra. Un camino ancho y sin dificultad, bastante horizontal, y rodeado de jaras y las otras flores de las que no recuerdo el nombre.

Después de una subida muy corta, aparece ante nosotros un pueblo como los de antes. Lo primero que aparece son unas casas muy viejas y abandonadas, pero según avanzas unos metros aparece el pueblo habitado.

Bajamos directamente al pueblo por un sendero en vez de seguir la carreterita que también lleva a él y nos encontramos con una serie de cuevas abandonadas, dispuestas en fila y cada una con una puerta, muchas de las cuales estaban rotas.

Dentro de algunas de las cuevas todavía había unas tinajas muy grandes vacías. En otras ya se habían encargado algunos indeseables de llenarlas de basura (sillones viejos, colchones rotos, etc…). Exteriormente era una imagen muy pintoresca. Nos encontramos con un lugareño que nos estuvo contando que las cuevas (bodegas) llevan allí desde siempre. Tal vez desde hace 200 o más años. Vistas así, en fila parecen casas de hobbits.


Seguimos nuestro camino por una pista forestal en muy buen estado que pasaba al lado de la iglesia y cementerio del pueblo, y luego se adentraba en el monte.

Al llegar a un punto determinado abandonamos la pista y cogimos una senda por la ladera de la montaña. Por el camino se cruzó un lagarto de medio metro que saltó de un lado al otro del camino y desapareció. También hizo su aparición un sapo que debía de venir del río que había más abajo. Un par de águilas sobrevolaban el valle al fondo. Nosotros seguíamos andando con tranquilidad y de forma relajada, ya que el camino seguía siendo bastante llano.
El tramo final de la senda era más empinado, y llevaba a la pista forestal que unos pocos kilómetros más tarde nos dejaría de nuevo en el Pontón de la Oliva.

Al poco tiempo de tomar esta pista, a la derecha hay dos torres de roca entre las cuales se ve abajo el río. El paisaje es de postal.

Continuamos por la pista hasta llegar a la presa del Pontón de la Oliva. Allí nos remojamos los pies en el agua y luego cogimos el coche de vuelta hacia Madrid.

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