Dificultad técnica   Fácil

Coordenadas 81

Fecha de subida 13 de marzo de 2015

Fecha de realización marzo 2015

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130 m
101 m
0
1,1
2,1
4,21 km

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cerca de Vista Hermosa, Andalucía (España)

Córdoba recibe al viajero por tren con su cara más cosmopolita y entre vestigios a ras de tierra, antesala del asombroso patrimonio que atesora.
A Levante, las lindes de la estación y la glorieta de las Tres Culturas, dan testimonio de otra singularidad cordobesa; los jardines. Mezcolanza de tiempos entre el romanticismo y el tránsito del siglo XXI, son la frontera que marca la avenida de América, hasta el enclave de la Diputación o Palacio de la Merced (1) y sus Jardines. Estancias y vergeles que nutriera, desde las lomas que coronan el paisaje hasta esta llanura, el Acueducto de Valdepuentes (2).
Frente al antiguo convento mercedario los jardines, conocidos como de Colón, asemejan una rosa de los vientos, con un sonido de oleaje en su fuente barroca y una puerta esquinada que señala el Norte. A través de ella se llega hasta la Torre de la Malmuerta (3). La antigua puerta de entrada a la ciudad, da sombra a la moderna Facultad de Ciencias del Trabajo.
A apenas unos metros, la Avenida de las Ollerías desciende por el vacío que dejó la Puerta del Colodro hacia el barrio de Santa Marina. A la derecha, se abre la plaza de La Lagunilla, con el busto de Manolete y las casas de paso de su infancia. El barrio se vertebra aquí en torno a la calle Mayor de Santa Marina en donde desembocan otras añejas, como Marroquíes, o la pequeña y casi recién nacida calleja de Alarcón que ocupó el espacio de una bodega familiar. El final del recorrido se abre a la Plaza de los Condes de Priego con el Monumento a Manolete (4), el templo de Santa Marina (5) de las Aguas Santas y el convento de Santa Isabel de los Ángeles. El cenobio da nombre a la calle que conduce hasta el Palacio de Viana (6). Donde acaban sus tapias comienza las Rejas de Don Gome, tránsito al Barrio de San Agustín.
Antes de llegar al templo de los agustinos, la plaza de las Beatillas y la calle Ocaña buscan las de Arroyo de San Andrés, Buen Suceso y la Plaza del Poeta Juan Bernier que fuera convento de Santa María de Gracia, casi lindero con la Iglesia de San Rafael (7). Más allá del templo del Custodio, la plazuela de Don Arias y la calleja de Roelas llevan por espacios íntimos y populares hasta los muros de la parroquia de San Lorenzo (8).
De vuelta por Santa María de Gracia, se alcanza el Realejo y la iglesia de San Andrés. Frente a ella, apenas iniciada la calle Hermano López Diéguez, la calleja de Pedro Fernández introduce en una mixtura de sencillez y solemnidad. Tiene su límite en el convento de Santa Marta, toda una manzana de altos muros, cal y sombra que hay que recorrer desde la fachada a los tapiales del jardín para llegar a la Fuente de la Fuenseca en la calle Juan Rufo. El camino sube hacia la calle Alfaros y gira a la derecha para alcanzar la Cuesta del Bailío (9). Al fondo amarillea la espadaña tras un ciprés, señalando el pórtico de la Plaza de los Capuchinos, presidida por el Cristo de los Faroles (10). A su espalda, la Plaza de las Doblas deja entrever de nuevo los Jardines de la Merced y la brevísima calleja Burell que se extingue en la Calle Osario (11).

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